IDESC: el sistema de información geográfico de la Alcaldía de Cali

Foto: Alacaldía de Cali: IDESC
Los sistemas de información geográfica están suponiendo una auténtica revolución en el mundo del urbanismo y de la gestión de las ciudades. Su uso, que en un principio se reservaba al ámbito académico, se ha extendido ya por las administraciones e incluso los ciudadanos empiezan a contar con estos recursos en sus relaciones con la administración y con otros particulares. En la mayoría de los casos, los ciudadanos acceden a estos servicios utilizando Internet. Los catastros, los planes urbanísticos, apoyados o en proyecto, y datos de tipo demográfico ya son accesibles libremente por Internet en muchas ciudades del mundo. Estos sistemas mejoran la seguridad jurídica, previenen problemas como las invasiones, ayudan a combatir las invasiones ya existentes, y juegan un papel crucial a la hora de elaborar nuevos planes urbanos. También facilitan que los ciudadanos se involucren en los procesos de toma de decisión urbanos. Tareas que con métodos tradicionales llevaban horas de trabajo a los especialistas, ahora pueden ser realizadas en a penas minutos y por personas sin una formación técnica específica.

En Cali, desde la Alcaldía se está desarrollando uno de estos sistemas, la Infraestructura de Datos Espaciales de Santiago de Cali (IDESC), que en poco tiempo estará abierto al público para su consulta. Les invito a leer el artículo que he escrito sobre este tema en URB.IM, uno de los portales de urbanismo más influyentes del mundo.

La salsa: una fuente de orgullo para los jóvenes en Cali

Kevin Gallego y Diego Gallego Academia Sondeluz Cali
Academia Sondeluz, Cali. Foto: Jorge Bela
Las elevadas tasas de desempleo y de empleo precario, problemas especialmente graves entre los jóvenes de Cali, conducen en muchas ocasiones a la desesperanza y a la baja autoestima. Cuando esta situación se prolonga en el tiempo, la amenaza de la pobreza y de la exclusión social acaba por concretarse de forma paulatina. Sin embargo, gran parte de la fuerza y vitalidad de la increíble cultura caleña nace precisamente en este segmento de la sociedad. Son los jóvenes quienes han logrado, a lo largo de sucesivas generaciones, dar un carácter propio y singular a la salsa de Cali, tanto en su expresión musical como en la forma en que se baila. Es imposible no asombrarse ante la velocidad de los pasos, el ritmo frenético. Esta fuerza cultural, anclada en la diversidad de los barrios de la capital del Cauca, puede ser uno de los pilares en los que se sustente la autoestima y la sensación de empoderamiento de los jóvenes. En este sentido, la salsa ha dejado de ser una expresión cultural reservada a los barrios, para convertirse en todo un fenómeno, en una industria que da trabajo a miles de jóvenes, con reconocimiento incluso fuera de las fronteras de Colombia, hasta el punto de que ahora es una de las señas de identidad de la ciudad. Y la vitalidad de la cultura urbana en Cali no solo se expresa en la salsa, sino en infinidad de movimientos musicales, en constante y acelerada evolución. 



Les invito a leer el artículo que sobre el tema he escrito en URB.IM, uno de los portales de urbanismo más influyentes del mundo.

Escuela Taller: empoderamiento y liderazgo para los jóvenes en Bogotá


Restauración de la Estación de la Sabana, nueva sede de la Escuela Taller. Foto: Jorge Bela
Ya son varias las veces que he escrito en este blog sobre la Escuela Taller de Bogotá, y su magnífico restaurante La Escuela. Desde que llegué a Bogotá hace casi cinco años y conocí a su director, Alberto Escovar, he seguido de cerca su crecimiento y como ha ido poco a poco incrementando sus actividades. Por eso cuando me propusieron desde URB.IM, uno de los portales de urbanismo más influyentes del mundo,  que escribiera un artículo sobre las formas de empoderamiento de los jóvenes en riesgo de exclusión social en Bogotá, no lo dudé. La Escuela Taller ha demostrado una y otra vez que la educación constituye la mejor respuesta a los problemas que azotan a muchos jóvenes capitalinos: el desempleo (la tasa del desempleo en este sector supera el 16%) y la falta de oportunidades. Cada año unos 400 jóvenes pasan por las aulas de la Escuela Taller de Bogotá, y salen de allí armados con nuevos conocimientos y sobre todo con una nueva esperanza. Mis felicitaciones a todos los que han trabajado por lograr que

Les invito a leer el artículo que he escrito al respecto en URB.IM

Trancones en los Cerros

Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Los Cerros Orientales son el gran tesoro ecológico de Bogotá. Su extensión y su belleza los convierte en uno de los parques urbanos más hermosos del mundo. La fragilidad del ecosistema y la necesidad de hacer un uso responsable deberían ser los únicos frenos a su disfrute por parte de los millones de bogotanos que carecen de espacios verdes. Sin embargo, han estado cerrados a la ciudadanía: la delincuencia, los especuladores inmobiliarios, incluso la Empresa del Acueducto, se empeñaron en que los bogotanos percibieran a los Cerros como un lugar a evitar.

Han sido grupos de ciudadanos, especialmente los integrados en la asociación Amigos de la Montaña, quienes han conseguido, tras varios años de trabajo y algún que otro revés, la apertura de dos caminos: La Quebrada de la Vieja y la de las Delicias.
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
La tarea no ha sido fácil: fue necesario convencer a la Empresa del Acueducto para que diera los permisos necesarios, y a las autoridades locales para que se asignara la imprescindible protección policial. Fuera de estas dos vías, la situación de seguridad sigue siendo muy delicada, y los asaltos, algunos violentos, son relativamente frecuentes.

Ahora la apertura de estos caminos parece un hecho consolidado: gracias a la iniciativa ciudadana se ha logrado dar el primer paso en la recuperación de los Cerros para sus legítimos propietarios: los bogotanos y sus invitados del todo el mundo.

Sin embargo, la situación dista mucho de ser la deseable. Los caminos están abiertos solo de lunes a sábado, y a penas durante unas horas, de 5 a 10 de la mañana. Fuera de estos tiempos, los Cerros siguen siendo igual de inaccesibles y peligrosos que antes.



Uno pensaría que el éxito logrado por los Amigos de la Montaña y personas afines haría que se ilumine algún bombillo en la cabeza de las autoridades, pero no ha sido así. Nadie se ha molestado en abrir nuevos caminos, en mejorar la seguridad, en ampliar los horarios. Lo que es peor, desde hace unos meses la cantidad de personas que suben por la Quebrada de la Vieja los sábados es tal, que se organizan auténticos trancones humanos, y perrunos. Tales aglomeraciones no solo hacen que las caminatas no sean agradables, sino que son dañinas para el entorno. También es fácil ver como algunos propietarios de mascotas no sienten ningún respeto por los demás, y no limpian los restos que van dejando sus animales.
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Ha quedado meridianamente claro que los bogotanos  deseamos disfrutar de los Cerros, pero el cumplimiento del sueño de los Amigos de la Montaña debe seguir avanzando. Para ello es necesario abrir nuevos caminos, y ampliar los horarios en los existentes. Uno lee en la prensa que hay grandes planes en este sentido, pero una vez mas la impresión que queda es que los únicos que siguen haciendo algo al respecto son las asociaciones de ciudadanos. Debemos apoyarlos en esta gran tarea, y presionar a las autoridades para que encuentren los recursos necesarios para que esa maravilla que son los Cerros Orientales puedan ser disfrutados con seguridad y con respeto al medio ambiente.

Anandá y su restaurante Carmen

Aljibe del Anandá. Foto: Jorge Bela
La que fue casa del constructor de las murallas de Cartagena, esconde hoy uno de los mejores hoteles de Cartagena: Anandá. La casa fue totalmente remodelada en 2008, y los decoradores decidieron combinar toques orientales con la arquitectura colonial española. Hacía tiempo que quería conocer el hotel, pero en mi último viaje a la heroica no pudo ser: no quedaba ni una habitación disponible (solo tiene 25, la mayoría suites). El Festival Hay, al que yo asistía, y los coletazos de la temporada alta hicieron imposible cumplir el sueño esta vez.
Jaime Galindo, el chef en su cocina abierta. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, no me quedé con las ganas de conocer al menos una parte de Anandá, pues estuve cenando en su restaurante: Carmen, que abrió sus puertas el año pasado, siguiendo la estela de éxito que obtuvo el restaurante homónimo de Medellín. Sus mesas ocupan el patio central, incluso en una tarima de madera construida sobre el antiguo aljibe, y un salón interior. También es posible reservar algunas mesas en la terraza del edificio, pero yo no alcancé a verlas.
Increíble terraza para cenar. Foto: Anandá.
En cartagena las fachadas de las casas no dan una idea exacta ni del tamaño ni del atractivo de los interiores. Esto es probablemente la consecuencia de una tradición que viene ya desde la arquitectura romana, y que dictamina que las casas estén volcadas hacia dentro. Los balcones del segundo piso del Anandá son muy bonitos, y las ventanas del primero están protegidas con las características rejas de madera, pero al atravesar el zaguán uno tiene la sensación de entrar en un mundo inesperado, en el que sorprende la escala de las perspectivas y la altura de los techos. Aunque la calle del Cuartel no es de las mas ruidosas de Cartagena, la tranquilidad en el interior es absoluta.
Zaguán del Hotel Anandá. Foto: Jorge bela
Nosotros cenamos en el patio central, junto a la tarima del aljibe. Fuimos rápidamente atendidos, y casi antes de que llegaran las bebidas nos  llegó un delicioso aperitivo cortesía del chef. La carta es sumamente interesante, con preparaciones que combinan la influencia de varias cocinas, incluyendo la colombiana. Decidimos compartir una entrada, y de plato principal yo escogí el “pargo platero,” que en la carta se describe como “sellado con una costra de piña fermentada & cachaça, salsa de curry amarillo, ñame costeño, banano en tempura negra, chimichurri de lychee, cilantro.” No se si ya les apetece…pero les aseguro que si llegan a probarlo no les decepcionará. A mi me pareció uno de los mejores platos que he probado en mi vida, y entre los 3 mejores de Colombia. De postre pedí el helado de chocolate, descrito como “tierra de chocolate, salsa de chocolate blanco, miel de cardamomo, y monedas de maracuyá.” Absolutamente soberbio.

Pargo platero: la foto no hace justicia, simplemente extraordinario.
El ambiente es tranquilo y relajado: se ve que los comensales no tienen prisa por cenar y marcharse. A ello ayuda el que en la carta de vinos hay algunas referencias interesantes a muy buen precio (también las hay considerablemente más caras). Cuando finalmente salimos, aún  quedaban muchas personas charlando animadamente, disfrutando de las brisas que ya se levantaban por el patio. Antes de salir tuve la oportunidad de conversar con el chef de cuisine Jaime Galindo (su hermano Jonatan es el sous chef), que nos atendió con extraordinaria amabilidad. Sin duda, Carmen será un lugar de parada obligatoria en un futuro regreso a Cartagena. Con un poco de suerte, en esa ocasión Anandá será también mi hotel.
Helado de postre: insuperable. Foto: Jorge Bela
NOTA: Quiero agradecer a Hoteles Cosmos la invitación a esta velada absolutamente extraordinaria. Para el futuro, ¡cuenten conmigo como cliente!

Blas de Lezo regresa a Cartagena


En realidad, Blas nuca se fue. Su cuerpo yace en alguna tumba desconocida dentro del perímetro de la ciudad, olvidada en el tiempo, aunque algunos historiadores la andan intentando localizar. Murió el 7 de septiembre de 1741 como consecuencia de las heridas recibidas en la brutal batalla por la defensa de Cartagena, que se extendió por dos meses, entre mayo y marzo de ese año. Probablemente esa fue la “más alta ocasión que vieron los siglos” del antiguo imperio español, con perdón de don Miguel y de Lepanto, pues de haberse perdido la ciudad amurallada, es casi seguro que hoy en Sudamérica se hablara inglés, y no español.

El nombre de Blas de Lezo está inextricablemente unido a la batalla. Nacido en Pasajes en 1687, desde los 12 años estuvo embarcado, en una carrera que le convirtió en uno de los marinos más importantes de la historia de España, y de Colombia. Para cuando llegó a Cartagena, en 1737, ya estaba tuerto, manco y cojo, pero aun así el rey decidió ponerle al frente de la fortificación más estratégica de todo el imperio: la ciudad amurallada y el fuerte de San Felipe. En 1741 se tuvo que enfrentar a la mayor escuadra que se había visto hasta el momento: 180 barcos con 27000 combatientes, liderados por el almirante inglés  Edward Vernon, y con comandantes tan destacados como el hermano de George Washington, Lawrence.

De sobra son conocidas las arrogancias inglesas, que daban por derrotado a de Lezo, y mandaron imprimir monedas en las que el de Pasajes aparecía arrodillado frente a Vernon, entregando las llaves de la ciudad. Las monedas fueron cuidadosamente destruidas una vez que llegaron las noticias reales: la inmensa escuadra inglesa había sido totalmente derrotada por 3.000 hombres, incluyendo 600 indígenas kalamarí, que apenas disponían de chalupas de pescadores, unos pocos cañones, y el liderazgo de su almirante mutilado. En este artículo se puede leer un buen resumen de la batalla y de la biografía de su héroe. (Quien quiera saber más, se han publicado varios libros al respecto).

La memoria de estos hechos, cruciales en la historia de Colombia, se ha visto recientemente empañada por un extraño suceso: hace un par de meses se inauguró un pequeño monumento a los ingleses fallecidos en la batalla. La placa, extremadamente controvertida, fue finalmente destruida por un ciudadano que consideraba, como muchos otros, que era una afrenta a la ciudad homenajear a sus atacantes. Tomó un gran martillo de una obra cercana, y no dejó ni rastro de la porcelana. Bien hecho: la memoria de Blas de Lezo y del resto de los valientes que murieron defendiendo Cartagena quedó de esta forma honrada.

De todo esto me he acordado porque ayer estuve en la inauguración, precisamente en Cartagena, de una exposición sobre el ilustre almirante. Si se acercan por aquí, no duden en pasar a verla. Vale la pena. Está instalada en el Museo Naval del Caribe, que por sí mismo bien vale una visita.

Salsa: locura y arte en Cali

Kevin Gallego, 
“La salsa en Cali es una locura,” nos espetó Luz Aydé Moncayo, directora y fundadora de la Academia de Baile Sondeluz. “Estamos trabajando en nuevos pasos, otras formas de bailar más lentas, más cercanas a los incontables extranjeros que nos visitan, pero que se sienten intimidados por el ritmo brutal que tiene la salsa caleña.” Sin duda, un acto de piedad: no hablemos de bailar,  yo ni siquiera me sentía capaz de seguir con la mirada los movimientos supersónicos de los pies de los bailarines que practicaban incansablemente en la academia durante nuestra visita.
Luz Ayde Moncayo, fundadora de Sondeluz
Entre ellos estaba Kevin Gallego, campeón del mundo solista junior en 2014. Tuvimos la suerte de verle bailar, y que nadie se lleve a engaño: aunque sonríe mientras baila,  se trata de un ejercicio físico agotador, algo que solo su respiración entrecortada revela al término de cada número. Mientras Kevin se movía a 78rpm, en una sala contigua Luz enseñaba los pasos básicos a un nutrido grupo de extranjeros, la mayoría jóvenes, que sin duda alguna lo estaban pasando fenomenal. La velocidad en este caso no llegaba a las 33rpm…



Cali, al igual que la salsa, puede intimidar a los turistas. Los años difíciles de los conflictos, y un urbanismo brutalista en el que el automóvil era la única prioridad, convirtieron a la otrora deliciosa capital del Valle del Cauca en una ciudad cercana a lo hostil para los visitantes. La recuperación de la Avenida Cali, con la construcción del agradable Bulevar del Río ha marcado un punto de inflexión: los planes de crecimiento urbano están devolviendo el protagonismo a los peatones, y se busca el renacimiento de espacios públicos de calidad, como el río. También se están diseñando rutas y planes turísticos, que abran las puertas y faciliten el acceso de los visitantes a tantas cosas singulares y atractivas que Cali ofrece. Y entre ellas, sin duda ninguna, está la salsa. Por eso, Bania Guerrero, coordinadora de la Oficina de Turismo de Cali, se muestra genuinamente orgullosa de la apertura de las rutas de la salsa, en las que los operadores muestran de forma accesible estos bailes de origen neoyorquino y caribeño, pero que en Cali han adquirido velocidad endiablada y características únicas. La fórmula funciona a la perfección, y la combinación del frenesí de los campeones, con la engañosa calma de las salas donde se imparten las clases, hizo despertar en mi un irrefrenable e insólito deseo de aventurarme y dar algunos pasos. Tengo que volver a Cali en breve….

Toya Viudes, autora de Colombiadeuna.com, con los campeones de Sondeluz.

Pero no son solo las clases, las academias y las rutas por los lugares clave los que han convertido a la salsa en la principal atracción turística de Cali. También los grandes espectáculos, entre los que destaca el mensual Delirio, sirven como imanes de los visitantes, tanto extranjeros como de todos los rincones de Colombia, que no pueden dar crédito al nivel de perfección al que se ha llegado en el baile en esta ciudad de clima ideal. Tiene razón Luz: la salsa en Cali es una auténtica locura. Afortunadamente, los visitantes estamos invitados a participar en ella.

¿20 torres de vivienda en pleno Central Park? Solo en Bogotá....


Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
¿Se imaginan que una empresa privada estuviera metiendo maquinaría para construir 20 torres en pleno Central Park? Pues eso es exactamente lo que está sucediendo en Bogotá ahora mismo. Una inmobiliaria pretende iniciar estos días la construcción de una mega urbanización, con un total de 20 torres de viviendas de súper lujo (16 torres según otras fuentes) en plenos Cerros Orientales, el mayor tesoro ecológico de Bogotá. El proyecto tiene el nombre de Cerro Verde, demostrando un sentido del humor realmente macabro por parte de sus impulsores.

¿Y como es posible semejante barbarie? Al igual que hemos visto tantas veces, tras un bizantino laberinto legal han aparecido unas supuestas licencias, otorgadas hace décadas. Probablemente haga falta un batallón de expertos legales para dilucidar el valor de las licencias después del tiempo transcurrido, la legislación aprobada desde entonces, y los distintos pronunciamientos judiciales al respecto. En todo caso, eso no es lo importante. Lo importante que la construcción de 20 torres de viviendas en medio de nuestro Central Park no puede seguir adelante. Supondría un daño irreparable a la capital de Colombia, y un bochorno internacional para una ciudad que justo en estos momentos está alcanzando notoriedad y buena reputación a nivel mundial.
Arco iris sobre los Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Lamentablemente, ni la Alcaldía, ni la Presidencia de la República parecen dispuestos a mover un dedo por defender uno de los patrimonios mas valiosos de Bogotá. Ha tenido que ser un colectivo de amantes de los cerros, los Amigos de la Montaña, quien diera la voz de alarma, y quienes están llevando la bandera de la lucha. Para vergüenza de las autoridades, han sido dos vecinas del lugar las únicas que se han molestado en pedir a los operarios de la maquinaría pesada, que ya se adentraba en el bosque, las licencias correspondientes. No las tenían. Estas vecinas consiguieron, con su insistencia, que las máquinas detuvieran su avance. Me quito el sombrero ante estos ciudadanos particulares, y a la lección de civilidad y amor por Bogotá que han dado a los todopoderosos gobernantes.

Desde aquí no pido que se incumpla la legalidad. Si al final del tortuoso proceso jurídico se demuestra que la licencia es válida, tendrán que ser compensados de alguna manera, quizá con licencias en otros puntos de la ciudad en los que sus lujosas torres no causen un daño irreparable a la capital de Colombia. Lo que es impensable es que se lleve a cabo la construcción de esas moles en los Cerros Orientales.

Ojalá las autoridades dejen la comodidad de sus respectivos palacios y se involucren en este proceso, cuando menos ayudando en la búsqueda de una solución legal, legítima y respetuosa con los Cerros. Pero si no lo hacen, espero que estemos ante un nuevo caso de David frente a Goliat. Que el pequeño grupo de ciudadanos organizado en torno a Amigos de la Montaña, y de los vecinos de la zona logren detener este acto de barbarie ecológica y urbana. Demostremos que realmente amamos a Bogotá y a Colombia, y apoyémosles de la mejor manera que podamos en su lucha. Si no lo hacemos, veremos como se alzan sobre Central Park 20 horribles torres. ¿Es eso lo que queremos?

Expoartesanías: una cita obligada cada diciembre en Bogotá

Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
La extraordinaria diversidad geográfica y cultural de Colombia se refleja también en sus artesanías. A diferencia de lo que sucede en muchos otros países, la producción artesana sigue plenamente viva, y en los pequeños pueblos y ciudades su uso es cotidiano. Esto se nota perfectamente en la variedad y en el cariño con el que se producen. Sin embargo, no siempre es fácil encontrarlas en Bogotá: resulta casi imprescindible hacer largos viajes a sus pueblos de origen, donde los precios siguen siendo absolutamente razonables.

Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Por eso Expoartesanías se convierte en una cita anual que nadie debería perderse. En una exposición inmensa se puede ver, y comprar, el trabajo de los artesanos colombianos. Ropa, objetos decorativos, dulces, jabones, todo lo que uno pueda soñar encontrar en unos grandes almacenes, pero hecho a mano y vendido por sus productores. Los precios pueden variar mucho, pero la relación calidad precio es en la inmensa mayoría de los casos extraordinaria. Un sistema centralizado permite que hasta los mas pequeños comerciantes puedan realizar sus compras mediante tarjeta de crédito.
mamo en Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Muchos de los objetos de uso cotidiano se vuelven auténticas piezas artísticas cuando se muestran de forma aislada. Su valor puede pasar desapercibido a fuerza de verlos día tras día. Pero la calidad del trabajo y de los diseños en seguida nos ponen en alerta, y nos reclaman una mayor atención. Resulta un desafío imposible abandonar Expoartesanías sin haber hecho ninguna compra.
Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
También hay oferta gastronómica regional, incluso se imparten clases—públicas y gratuitas—en las que se explican las técnicas culinarias empleadas en algunas regiones. Algunas son extraordinariamente complejas, otras sorprendentes. En muchas de ellas se pueden ver claramente sus orígenes prehispánicos, que se han mantenido a través de los siglos y de las vicisitudes históricas.
Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Finalmente, algunas entidades patrocinadoras han creado espacios donde los distintos grupos étnicos de Colombia tienen la ocasión de conversar con los visitantes. De esta forma no se comparte tan solo el fruto material de su trabajo, sino también la cultura inmaterial, las ideas que siguen vivas con una fuerza increíble en sus comunidades.
Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Bolsa Wayuu. Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Expoartesanías permanecerá abierta hasta el 18 de diciembre. Es una actividad apta para toda la familia.
Pescado cocinado al estilo llanero. Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Pescado cocinado al estilo llanero. Expoartesanías, Bogotá. Foto: Jorge Bela

NH Bogotá 93: el arte como forma de descanso

Marisa Martín en la azotea del NH Bogota 93. Foto: Jorge Bela
Marisa Martín en la azotea del NH Bogota 93. Foto: Jorge Bela
ARTBo, la feria de arte de Bogotá, ya es considerada por muchos la mas importante de América Latina, todo un indicador de la agitación que vive el mundo del arte en Colombia. Y no es solo el arte, todo parece que está a  punto de ebullición en la capital de Colombia, donde el crecimiento económico sostenido está trayendo una profunda transformación.  Basta repasar las cifras de viajeros que llegan al aeropuerto desde el extranjero para comprender que las cosas no son ni parecidas a cómo eran hace a penas seis o siete años. Las crecientes posibilidades de negocio y la apertura de nuevos destinos turísticos han provocado una auténtica avalancha de visitantes, que llenan los flamantes hoteles capitalinos, construidos especialmente para acogerlos.

En todo esto pensaba Marisa Martín, una arquitecta española afincada en Bogotá desde hace un par de años, cuando la conexión se hizo en su mente: ¿por qué no utilizar los amplios espacios de los establecimientos hoteleros para exponer arte? En una ocasión en la que estaba visitando la azotea del hotel NH 93 en relación a otro proyecto, le propuso a su gerente, David Lucas, la idea. Buen amante del arte, y con un estilo gestor creativo e innovador, David aceptó de inmediato. Unos meses mas tarde, con el patrocinio de NH, BBVA y La Séptima K, nació Planta y Media, ahora en pleno funcionamiento.
Arte en el hotel NH Bogota 93
Arte en el hotel NH Bogota 93. Foto: Jorge Bela

“La idea no es tan sorprendente,” me dijo Marisa en una prolongada entrevista. “A fin de cuentas, el arte es descanso. Muchos de los viajeros de negocios no tienen tiempo de desplazarse a los museos o galerías, y disfrutan de poder contemplar el arte sin tener que moverse del hotel.”  Para NH la idea es interesante también, pues permite ofrecer algo más a sus clientes, un valor adicional a su estancia, al tiempo que se estrechan lazos con la comunidad artística local. Para los artistas, la motivación es la exhibición de sus obras en un entorno diferente. Como la clientela del NH son principalmente personas de negocios, también existe una buena posibilidad de que compren una obra que les pueda interesar.

La primera exhibición fue del pintor español Javier Echenike, pero en el futuro los artistas serán colombianos. “Como la clientela es internacional, estamos buscando artistas cuya proyección ya se extienda mas allá de las fronteras de Colombia,” aclara Marisa. Pero los artistas deben estar interesados en exposiciones fuera de lo habitual, pues los espacios del hotel en nada se parecen a los de una galería, lo que supone un reto a la hora de montar las exposiciones – Marisa se encarga personalmente de la curadoría—pero también ofrece oportunidades. Ya hay seis artistas programados para el año 2015.

Marisa ya trabajó en su nativa España en iniciativas que buscan las sinergias entre la iniciativa privada y el mundo del arte: “lo mas difícil es romper los recelos iniciales,” me dijo.  NH solo pone una restricción: las obras expuestas no deben interferir en el correcto funcionamiento de las instalaciones. Fuera de eso, las posibilidades son realmente extraordinarias, aunque cada montaje es un reto técnico y creativo.

La exposición que se podrá ver en diciembre y enero es “Conversaciones de Jardín,” de la artista visual Diana Salcedo, en colaboración con Martha Hincapié Charry en la coreografía, Ana María Romano en la música y Natalia Esguerra en el diseño del vestuario. Consiste en fotografías y videos de un proyecto de Salcedo que, una vez concluido, tendrá la forma de largometraje y se titulará “Cartografías de un Amor.”

Desde aquí saludo la audacia y el trabajo en colaboración de Marisa, de los Hoteles NH y de los artistas participantes en el proyecto. Sin duda esta iniciativa dará que hablar en Bogotá, una ciudad abierta a todo lo innovador.

El Virrey: un corredor ecológico para Bogotá

Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Mas de 100 especies de árboles son la vivienda perfecta para las aves. Foto: Jorge Bela
“En general, miramos mucho pero observamos poco,” afirmó rotundamente Jorge mas o menos a mitad del paseo por el parque del Virrey. Y tiene razón, yo paso por ese parque casi cada día, incluso corro por él siempre que puedo, y lo disfruto muchísimo. Sin embargo, esta mañana lo he visto de una forma totalmente nueva. Mi amigo Juan Carlos Caicedo había organizado una pequeña caminata enfocada a conocer su diversidad biológica. La invitación dejaba las cosas bien claras: el parque tiene nada menos que 60 especies de aves, y mas de 100 especies de árboles.
Juan Carlos Caicedo
Juan Carlos Caicedo. Foto: Jorge Bela
Llegué al punto de encuentro a las 7 y 5, y la charla ya había comenzado. Juan Carlos nos contó como su interés por el parque se había redoblado desde que vive en una de sus orillas. Muchos aspectos de su dimensión biológica son bastante desconocidos, algo que resulta sorprendente en un espacio urbano tan concurrido. Eso le animó a realizar un trabajo que será publicado la semana entrante, en el que se enumeran no solo los árboles y las aves, sino también los insectos, pequeños vertebrados y muchas especies botánicas observadas a lo largo de meses.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Una mirla se refresca en el caño.
El parque tiene una larga historia como espacio verde, pues anteriormente fue parte de un campo de golf del antiguo Country Club. Con los años fue adquiriendo su fisonomía actual, y es considerado como uno de los corredores ecológicos de ronda de la ciudad. Esto quiere decir que no solo tiene un valor recreativo, sino que se reconoce su alto valor ecológico. A pesar de esto, sufre diversas amenazas, como el desagüe de aguas negras cuando desbordan los colectores de drenaje, o la fumigación indiscriminada que busca acabar con ratas y zancudos, pero que tiene efectos devastadores sobre la ecología de la quebrada y sus alrededores. El hecho de que son muchas las entidades públicas, incluso alguna privada, que tienen competencias en el mantenimiento del parque complica aún mas las cosas.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Aún así, la diversidad biológica es asombrosa. No pudimos ver muchos pájaros en el paseo, pero Juan Carlos nos fue explicando minuciosamente los puntos donde suele ser mas fácil verlos, los árboles en los que encuentran mejor alimento. Nos fijamos en algunos detalles fascinantes, por ejemplo la cobertura vegetal que crece sobre la corteza de los árboles, y que da sustento a numerosas especies de insectos, que a su vez forman parte integral de la dieta de muchos pájaros.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Riqueza biológica en la corteza de los árboles. Foto: Jorge Bela
Algunos de los problemas ecológicos no son fáciles de resolver, como por ejemplo los vertidos en épocas de mucha lluvia, pero Juan Carlos propone soluciones a pequeña escala para mejorar la salud biológica del parque. Por ejemplo, propone incrementar la diversidad de flores y plantas en los pequeños jardines privados de la zona. Esta solución, económica, no solo ayudaría a que las aves encontraran mejor alimentación en ciertas épocas, sino también fortalecería la vinculación entre los vecinos y su parque, además de su innegable valor pedagógico.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
El parque conecta con los Cerros Orientales, al fondo en la foto.
La observación de ciertas aves que habitualmente solo viven en los cerros han permitido a Juan Carlos concluir que el parque lineal cumple con su función de corredor, uniendo la ciudad con los cerros. Es todo un lujo que estos animales puedan acercarse hasta el centro de la ciudad. Para poder disfrutarlos no basta con mirar, hay que observar con mayor cuidado. Vale la pena. A partir de hoy recorreré el Virrey, uno de los parques mas hermosos de Bogotá, con una mirada completamente distinta.

Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...