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Primer Cumpleaños

Chocoramo como tarta de cumpleaños. Foto: Jorge Bela
Chocoramo como tarta de cumpleaños. Foto: Jorge Bela

Hoy hace exactamente un año que comencé a escribir Que Pena con Usted, un blog de Colombia. Mi hermana Tere llevaba tiempo animándome a que me pusiera a escribir, “lo que fuera,” y Toya se sumó sugiriendo que escribiera un blog sobre mis vivencias y mis viajes en Colombia, y dándome buenos consejos sobre cómo hacerlo. Fue justo el 8 de mayo de 2012 cuando pedí por primera vez a los lectores que me regalaran un minuto. Desde entonces, he escrito 91 posts, he recibido  83.791 visitas y tengo 2.705 en mi comunidad de Facebook. En las primeras semanas, en las que muy poca gente me leía, fue definitivo el apoyo que me dieron mis hermanos, primos, amigos y por supuesto Jesús. Ahora es fundamental la interacción que tengo con mi comunidad en Facebook, a quienes ya incluyo dentro de mi círculo de amistades.

Estoy celebrando el cumpleaños en un lugar incomparable: la Casa Amarilla en Mompox, quizá la ciudad mas hermosa de Colombia. A lo largo de estos meses uno de los temas centrales del blog ha sido los contrastes de la alucinante geografía de este país, como uno aún estando en picos permanentemente nevados, a 10 grados bajo cero, sabe que está cerca de los valles tropicales que se alternan entre las cordilleras. Ayer mismo comentando con Carmen, encargada de la Casa Amarilla, que en Bogotá estaba diluviando, nos dijo que ya lo sabía: le bastaba con ver como el caudal del gran Magdalena estaba subiendo rápidamente para saber que en las cordilleras estaba diluviando. Por eso no hay mejor lugar para celebrar el aniversario, y para celebrar Colombia, que la orilla de este inmenso río. Ayer estuve horas mirando sus aguas fluir, con paso acelerado hacia el Caribe. recordando el baño que tomé en las lagunas heladas de El Cocuy. Ya escribí hace unos meses que las cordilleras son la columna vertebral de Colombia, y los ríos sus venas.

No quiero aburrirles más con autobombo y celebraciones. Les dejo con sus quehaceres cotidianos. Yo me voy a zampar el Chocoramo, y a disfrutar de mi último día completo en Mompox. Espero que me sigan regalando de cuando en cuando un minuto, a cambio yo les seguiré ofreciendo Qué Pena con Usted. Aquí les espero.









Tesoros ocultos de Bogotá: el Camino de Choachí


Flores silvestres en el Camino de Choachí. Foto: Jorge Bela
Durante los tiempos de la colonia se construyeron muchos caminos empedrados para facilitar las comunicaciones entre Santa Fé (hoy Bogotá), y las ciudades más importantes. Muchos de estos caminos utilizaron como base rutas prehispánicas: aunque parezca sorprendente, el comercio entre la región andina y las costas era ya intenso antes de la llegada de los españoles. En una entrada anterior de mi blog de Colombia ya hable del Camino Real de Honda, el mas importante e imponente, como las mejores calzadas romanas. Hacía tiempo que quería conocer el que une Bogotá con Choachí, también en Cundinamarca, pero ya rumbo a los llanos orientales.

El camino empedrado está en buen estado. Foto: Jorge Bela
Aunque la seguridad de la carretera que une Bogotá con Choachí hace tiempo que es muy elevada, la ruta a pié sigue presentando retos de seguridad en el tramo de los cerros urbanos. Además, algunos propietarios han tomado medidas para impedir el paso de los caminantes, apropiándose de una vía que no les pertenece (este problema es universal, en España también sucedió cuando se re-abrió el Camino de Santiago, pese a ser patrimonio de la humanidad). En consecuencia, mis amigos de Caminantes del Retorno decidieron comenzar la caminata  en el páramo, a la altura del kilómetro 21 de la carretera a Choachí.

Espectacular cascada en el Camino de Choachí. Foto: Jorge Bela
Al bajar de la buseta llovía, lo que confería al páramo su ambiente mágico en indescriptible. Tras una caminata de media hora llegamos al camino empedrado. Carlos Avellaneda nos dio una pequeña charla introductoria, y nos advirtió del peligro que suponen las piedras mojadas: son grandes y lisas, y cubiertas de verdín, por lo que los resbalones son una amenaza muy seria. Dicho lo cual, comenzó a descender, y a los tres pasos: patapúm: ¡el primer resbalón del día fue el suyo! El grupo, de unas 20 personas, avanzaba cauteloso. Laura, esposa de Carlos, cerraba la comitiva. Los resbalones se sucedían sin interrupción. A media caminata un excursionista afirmó haberse caído ya ocho veces. Mi amigo Javier se cayó cuatro…No es por presumir, pero yo no llegué a caerme, aunque en algunos resbalones hice auténticas piruetas circenses.

Arepas y calorcito en el camino. Foto: Jorge Bela
El camino descendía empinado. A las cuatro horas llegamos a la carretera, donde Carlos nos llevó hasta un desayunadero. El calor de la estufa, y las deliciosas arepas nos devolvieron el ánimo. También vendían tinto y chorizos, pero yo no me animé. Los propietarios nos contaron que solo abren los fines de semana, pero que en un buen domingo pueden llegar a vender 800 arepas. Yo me zampé dos y quedé como nuevo.

Choachí al fondo. Foto: Jorge Bela
Retomamos el camino y a las tres horas ya pudimos divisar Choachí en la distancia. Las recientes lluvias, llegadas tras un prolongado verano, habían estimulado las plantas y pudimos ver incontable variedad de flores. Uno de los caminantes las fue identificando una a una, y yo maldije no haber llevado el cuaderno para apuntar los nombres. Tras casi ocho horas de caminata llegamos a Choachí: la plaza estaba llena de gente, disfrutando de la tarde de domingo. La lluvia ya había escampado. Nosotros nos sentamos a descansar, a tomar una cervecita, y a prepararnos para el regreso a Bogotá. Una vez más quedé pensando sobre lo improbable y lo maravilloso que haya caminos como estos, paisajes naturales tan hermosos, tan increíblemente cerca de la inmensa urbe que es Bogotá.
Flores en el Camino de Choachí. Foto: Jorge Bela

Flores en el Camino de Choachí. Foto: Jorge Bela

Flores en el Camino de Choachí. Foto: Jorge Bela

Flores en el Camino de Choachí. Foto: Jorge Bela



Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...