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7 destinos en Colombia que quiero conocer este año (y II)



 Aquí está la lista de los destinos dentro de Colombia que espero conocer antes de que termine el año (los cuatro primeros los pueden leer en este enlace).


Ballenas en el Ñuquí. Foto: Colombia Travel

3. Costa Pacífica del Chocó

Prácticamente inaccesible por tierra, la costa del Chocó es uno de los destinos que mayor interés tengo en conocer. Uno de sus mayores reclamos turísticos son las gigantescas ballenas que vienen a dar a luz y a cuidar de sus crías a partir del mes de junio. Debe ser un gran espectáculo acercarse a estos inmensos animales salvajes, que no muestran mayor interés en los humanos. Sin embargo, a mi lo que mas me interesa son los paisajes maravillosos, la cultura y la gastronomía de está región a la que es tan difícil llegar. Allí me puedo imaginar la tranquilidad mas absoluta, y una combinación perfecta de playa y jungla.

Niños del Nuquí bailando en Bogotá. Foto: Jorge Bela

Dicen que llueve mucho, casi a diario, pero que esto no daña la experiencia. Al revés, la intimidad que impone la lluvia invita a permanecer dentro del lugar en el que nos hospedemos, leyenda, charlando, escribiendo, hasta que pase el chaparrón y podamos volver a sumergirnos en el océano. La abundancia de la pesca es también muy atractiva para mi, pues en Bogotá no resulta fácil encontrar buen pescado fresco. Bahía Solano, el Nuquí…son nombres evocativos. Espero poder ir allá este año.


Nevado visto desde Bogotá. Foto: Jorge Bela

2. Parque de los Nevados

Quien siga mi Blog ya sabe que mis lugares favoritos en Colombia, y en el mundo entero, son los nevados. Ya he tenido la suerte de ir en varias ocasiones a El Cocuy. Llegué a dos cumbres, el Toti y el Pan de Azúcar, pero sobre todo tuve la fortuna de alcanzar a dar la vuelta a la sierra por su costado oriental, la mas espectacular caminata que he hecho en mi vida (las autoridades han cerrado, espero que sea de forma temporal, el acceso a esta zona pues al parecer una parte es terreno sagrado de los UWa y será necesario regularlo antes de reabrirlo).


Sin embargo, este año me gustaría conocer el Parque de los Nevados. Ubicado en la Cordillera Central, presidiendo sobre la afamada Zona Cafetera, y puntuando su paisaje en los días despejados. Entre sus nevados destacan el del Ruiz, Tolima, y Santa Isabel. Esta vez no quiero hacer cumbre, sino realizar una travesía de varios días, conociendo sus ríos y sus lagunas.



1. Caño Cristales

Caño cristales se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de Colombia. Toda la zona de la Macarena estuvo cerrada a los visitantes durante largos años, pero la mejora en la seguridad y la valentía de algunos operadores, como Caminantes del Retorno, hicieron accesible este destino hace ya un par de décadas. Hoy en día me dicen que la zona se resiente de un crecimiento demasiado rápido, pero que en nada influye sobre la incomparable belleza del río. Son muchas las personas que afirman que es el mas bonito del mundo. Lo que lo distingue de cualquier otro son unas algas que crecen entre sus aguas absolutamente cristalinas y que le dan un color rojo único en el mundo.

Y con esto concluyo la lista de lugares que deseo visitar en Colombia. Es ambiciosa, sin duda. Pero también es ilustrativa de todo lo que este país ofrece. Llevo ya más de cuatro años viviendo aquí, y, salvo Mompox, no conozco todavía ninguno de ellos. Les invito a que vengan y me acompañen en mis exploraciones futuras.


7 Lugares en Colombia que espero visitar antes de que acabe el año (I)



Mompox desde el Magdalena. Foto: Jorge Bela
A menudo me dicen que ya conozco muy bien Colombia, tras cuatro años de residencia aquí con bastantes viajes por medio. Nada mas lejos de la realidad. A pesar de que sí es mucho lo que conozco, es muchísimo más lo que me falta por conocer. La diversidad del país, sus barreras geográficas y su extensión (en el mapa de Sudamérica Colombia parece pequeña, pero es el doble de grande que el mayor país de Europa, sin contar Rusia). Por eso, pese a los años transcurridos y los viajes realizados, aún hay muchísimos lugares maravillosos, únicos, que conocer sin necesidad de cruzar la frontera.

Monos zampando tranquilamente en Mompox. Foto: Jorge Bela

Aquí les dejo la lista de los siete que lugares me gustaría conocer antes de que termine el año. No es una lista de mejores destinos, aunque todos los mencionados son extraordinarios. Son simplemente los que yo más deseo visitar. El calendario es terco y brutal, lo acabo de mirar y ahí aparece claramente “23 de junio.” Ya queda atrás más de la mitad del año. ¿A cuántos de estos destinos creen que lograré llegar?


Playa de Palomino. Foto: Hotel Playa de la Roca
7. Palomino

Palomino está ubicado en el término municipal de Dibulla, un punto mágico de Colombia: a la sombra de la Sierra Nevada de Santa Marta, y muy cerca de lugares tan dispares como el Cabo de la Vela, el PNN Tayrona, la Ciudad Perdida…Pero hay algo más que tengo fijado en la memoria: el descenso el tubo por las aguas del río Palomino. Desde que lo leí en el blog de mi amiga Toya, he querido hacerlo. Ojalá no pase de este año. Obviamente, la propia playa de Palomino, como se puede ver en esta foto tomada por el Hotel Playa la Roca, tampoco es precisamente un estorbo…

Águila vigilando todo lo que pasa en el Magdalena cerca de Mompox. Foto: Jorge Bela
6. Mompox

Ya estuve en Mompox hace mas o menos un año, pero desde entonces he querido volver. Por un lado, se están acometiendo obras de reforma en todo el pueblo que prometen acondicionarlo como se merece su renombrado patrimonio artístico. Por otro, quedó pendiente una visita a “La Ciénaga,” que no pudimos completar por condiciones meteorológicas adversas. Finalmente, mis amigos Ruth y Asier han completado la restauración de su maravillosa Casa Verde, pegada al Magdalena, y que estoy deseando conocer.


Pozas en el Río Guaviare. Foto: Juan Diego Santacoloma
5. San José de Guaviare

A penas conozco los Llanos Orientales, y ese destino tiene un atractivo inmenso para mi. Pero de nuevo el trabajo de un compañero bloguero y amigo, Juan Santacoloma, ha fijado en mi cabeza un destino que quiero conocer cuanto antes: San José del Guaviare. A penas a 7 horas en bus desde Bogotá, parece un lugar de otro mundo. Sin duda un paraíso a la espera de ser descubierto por hordas de turistas, a las cuales espero adelantarme y poder disfrutarlo con la soledad que caracteriza a muchos de los rincones mas hermosos de Colombia.

San Basilio de Palenque. Foto: New York Times
4. Palenque

Fuera de sus fronteras es bastante desconocida la vigorosa cultura afrodescendiente que existe en Colombia. Muy cerquita de Cartagena de Indias está San Basilio de Palenque, fundada en el siglo XVI por Benkos (Domingo) Biohó, un esclavo originario de Guinea Bissau y que logró escapar de su cautiverio. Aunque eventualmente fue traicionado y ejecutado en 1619, San Basilio siguió creciendo con esclavos que lograban escapar. Gracias a sus fortificaciones y a su ubicación en las Sierras de María, resistió una y otra vez a los esfuerzos de las tropas reales por recuperar los esclavos, y en 1713 el Rey de España reconoció el hecho dando lugar a la primera ciudad libre de las américas.


La lista continúa en este enlace.

Detección como forma de prevención: fomentando las pruebas en Bogotá

Foto: AIDSVaccine

Se estima que en el mundo por cada persona diagnosticada con HIV hay al menos otra contagiada pero que desconoce su estatus. En Colombia esto es sin duda una realidad.  La falta de diagnóstico es un problema con un alcance muy grande: la detección precoz puede mejorar el tratamiento y el pronóstico, y es un instrumento de gran importancia para frenar el contagio. Para la ONG Liga Colombiana de Lucha Contra el SIDA, la falta de infraestructura, laboratorios y asesores, así como la falta de confianza en el sistema de atención a la salud, y, muy especialmente, el temor a la no confidencialidad de los resultados, constituyen los dos factores decisivos a la hora de frenar el acceso a las pruebas de diagnóstico. A estos factores hay que sumar la falta de información sobre la enfermedad, y en especial el desconocimiento de que los síntomas pueden tardar años en manifestarse.

Para conocer mejor la situación en Bogotá, la ciudad de Colombia con una mayor incidencia, les recomiendo que lean mi artículo en URB.IM (http://urb.im/ca131202bts), uno de los portales de urbanismo más influyentes del mundo.

Seis consideraciones a tener en cuenta antes de viajar a Colombia (Parte 1)



Unos amigos madrileños me han pedido consejo sobre su inminente viaje a Colombia. A raíz de las conversaciones que he tenido con ellos surgió la idea de escribir este post. Se trata de consideraciones generales que espero sean de interés para todo aquel que esté considerando visitar este hermoso país.


1. Oportunidad

Colombia está en un momento singular de su historia: la prosperidad económica y la expectativa de la finalización del larguísimo conflicto ha puesto bajo el foco internacional los ingentes atractivos turísticos que habían permanecido mayoritariamente ocultos hasta fechas muy recientes. Aunque el número de visitantes extranjeros está creciendo de forma exponencial, el volumen total sigue siendo aún relativamente pequeño. Salvo en lugares como Cartagena de Indias, con una larga tradición turística, y algunos otros puntos igualmente concurridos, aún es posible disfrutar de auténticas maravillas naturales casi en completa soledad. Esto va a cambiar, sin duda, a medio plazo, por lo que conviene aprovechar esta oportunidad sin demora.





2. Seguridad

El conflicto armado ha quedado circunscrito a ciertas regiones geográficas, pero en ocasiones éstas son las sumamente hermosas e interesantes para los visitantes.  A medida que aumenta la seguridad en el país, mayor es el interés que estas zonas, antes completamente inaccesibles, ofrecen a los turistas. La mejor prevención es la información: antes de adentrarnos en zonas que pueden presentar problemas de seguridad, lo mejor es informarse muy cuidadosamente sobre la situación en ese momento. En caso de la menor duda, la única opción razonable es evitar la zona y visitar cualquier otra: no olvidemos que la mayor parte del país ya no presenta problemas de este tipo. Los incidentes de turistas con grupos armados han sido muy escasos en los últimos años.

Por otro lado conviene no olvidar las precauciones habituales para evitar los delitos comunes. De nuevo, la mejor defensa es la buena información, y sobre todo no “dar papaya,” expresión colombiana equivalente a la española: “no dar pié.” En este caso se traduce en no hacer exhibiciones de objetos de alto valor, no adentrarse por barrios inseguros, desconocidos o solitarios, evitar en lo posible tomar taxis en la calle, etc…




3. Prudencia

La imponente geografía colombiana es una de las razones que convierten a este país en uno de los más hermosos del mundo. Recorriendo distancias relativamente pequeñas se puede pasar de un glaciar con nieves perpetuas a una jungla de temperaturas tropicales. Esta orografía, junto con la ubicación ecuatorial, exige adoptar ciertas precauciones, sobre todo cuando nos alejamos de los núcleos urbanos. Lluvias torrenciales, crecidas súbitas de los ríos, desprendimientos rocosos, el mal de altura, por poner tan solo algunos ejemplos, pueden jugar una mala pasada a turistas desprevenidos. Conviene ser especialmente cuidadoso en la alta montaña, donde es fácil perderse o sufrir un percance,  por lo que resulta obligatorio ir acompañado, y en ciertas rutas contratar a guías expertos. También en las zonas calientes hay insectos y serpientes sumamente venenosos.

Colombia se aproxima a los 50 millones de habitantes, pero la población está concentrada en la región andina y en los núcleos urbanos. Fuera de ellos hay vastas regiones casi totalmente despobladas. De nuevo, el mejor consejo es informarse muy detalladamente de las rutas que se van a seguir, y llevar los medios adecuados para superar cualquier pérdida o incidente (mapas, GPS, botiquín de primeros auxilios).





Las cosas bien hechas: la Fundación Baltasar Garzón

Baltasar Garzón. Foto: Jorge Bela
En mis tiempos de estudiante viví en primera persona los procesos de transición a la democracia en América Latina. Estuve en el parlamento en Brasilia durante muchas de las votaciones de la constitución del 88. En ese mismo año escuché en directo a través de una radio de onda corta, con una larguísima antena de alambre, los resultados del plebiscito en Chile. Unos años mas tarde, me quedé pegado ante el televisor cuando unos lores con peluca anunciaban, en un idioma ininteligible, que el Reino Unido concedía la extradición de Pinochet a España. En todas esas cosas pensaba durante los breves minutos que esperé en su despacho de Bogotá a Baltasar Garzón.

A su llegada me saludó afablemente, y de inmediato me pidió que le tuteara, pese a mi tendencia inicial, acentuada por la costumbre habitual en Colombia, de tratarle de usted. La primera impresión fue la de un hombre muy duro, con una mirada de acero que no se apartaba ni un segundo de la mía. Sin embargo, en ningún momento sentí esa dureza proyectada hacia mi, por el contrario, el trato fue cordial desde el inicio, incluso amistoso. Cuando comencé a explicarle que la entrevista iba a centrarse en las actividades de su fundación, ya me sentía completamente cómodo.

Entramos en materia casi sin preámbulo. Aunque se creó en diciembre de 2011, la Fundación Internacional Baltasar Garzón comenzó a operar en 2012, pues las dificultades burocráticas en España ralentizaron el proceso. La vinculación profesional de Garzón con Colombia se remonta a los años 90, lo que explica que este país fuera uno de los primeros en los que la FIBGAR comenzó a trabajar. Las actuaciones se han centrado en tres ámbitos: la cooperación técnica, la formación  y la divulgación.  Dentro del primero, se enmarca el apoyo a la fiscalía en técnicas de investigación de la gran criminalidad, la capacitación de abogados que defienden la restitución de tierras, y el apoyo en temas de derechos sindicales en la región de Cali.



En el apartado de formación, y como resultado de la prolongada relación de Garzón con Manuel Ramiro Muñoz, quien forma parte del patronato de la FIBGAR, se han creado becas universitarias para estudiantes indígenas, de las cuales se han otorgado ya ocho, dos de las cuales son de posgrado. Los estudiantes se comprometen a reintegrarse a sus comunidades durante algún tiempo tras la culminación de los estudios. Con la Universidad del Externado están trabajando para crear un programa de master en derechos humanos. Finalmente, en el ámbito de la divulgación, destaca el programa de Capital TV sobre derechos humanos, y se está preparando un programa de radio.

Es muy difícil mantener el foco cuando se entrevista a Garzón. Por ejemplo, cuando le pregunto sobre los casos que está llevando pro-bono desde su bufete, empieza por enumerar el caso de Julian Assange. Toca hacer un esfuerzo de voluntad inmenso para no saltar de inmediato a ese tema. Así ,de forma constante van surgiendo asuntos que por si solos serían merecedores de una larga entrevista. Pero ha transcurrido más de una hora e intuyo que va llegando el momento de ir terminando.

Garzón enumera los proyectos que tiene en México, Argentina, Ecuador, El Salvador,  y algunos de alcance hemisférico. También tiene proyectos en España, como uno de apoyo en la Cañada Real de Madrid, en el que colabora con sacerdotes, o un documental sobre la  pobreza, o un libro sobre xenofobia y antisemitismo… También está trabajando en una biblioteca virtual de derechos humanos, de acceso libre y universal.

En los último minutos hablamos informalmente sobre Colombia. Garzón es optimista. De nuevo le brillan los ojos cuando habla del inmenso potencial de este país. Como ejemplo cita la cercanía geográfica de Bogotá a los llanos, ahora separados más que por la distancia por una infraestructura insuficiente. Una vez que se venzan esas barreras, el potencial para el crecimiento y la prosperidad es inmenso, afirma convencido. Finalmente me acompaña hasta el ascensor para despedirme. El tiempo ha volado, y yo regreso a mi casa dando vueltas a todas las cosas sobre las cuales no he tenido oportunidad de conversar con él. Ojalá pueda hacerlo en un futuro cercano.




Aguas turbulentas


Para los aficionados al cine, Bogotá no es una buena ciudad. Las películas llegan tarde, o nunca, salvo las grandes producciones norteamericanas. Algunos cines especializados (Cine Colombia de Avenida Chile, Cinemanía en la 93 o Cinema Paraíso –mi favorito—en Usaquén) hacen lo que pueden, pero aún así no hay muchas razones para estar contento. Sin embargo, de cuando en cuando hay alguna sorpresa, como sucedió el viernes pasado con el estreno de Aguas turbulentas (DeUsynlige), una película noruega de la que no había oído hablar. Su director es Erik Poppe (tampoco sabía nada de él) y se filmó en 2008, aunque creo que a España aún no ha llegado. Por qué de repente se estrenan películas como esta, es una pregunta cuya respuesta no conozco, pero que intentaré averiguar en los próximos meses.


Entre tanto, Aguas turbulentas me pareció una película excelente. Relata la historia del retorno a un pequeño pueblo noruego de un ex-presidiario liberado tras cumplir condena por el homicidio de un niño. Consigue trabajo como organista de una iglesia, pero el reencuentro con la madre del niño asesinado es inevitable. Poppe va desgranando los temas de una forma magistral: la culpabilidad, la justicia, el perdón, la verdad, el odio, la religión. Parece imposible sacar adelante una película tan ambiciosa como esta, pero en DeUsynlige, que dista de ser una película perfecta, Poppe lo logra, conmovedoramente.

Pudiera parecer que un argumento tan dramático es exagerado, imposible. Sin embargo, tanto en Colombia como en España constituye una realidad cotidiana y dolorosa. Con el fin de los conflictos armados, llega el dilema de cómo cerrar las profundas heridas que inevitablemente dejan. En España son célebres casos como el de un etarra que tras ser liberado al cumplir su condena, abrió un comercio en el mismo edificio donde vivía la madre de una de las personas que asesinó.  En Colombia, donde el conflicto ha tenido una gravedad mucho mayor, y aún sigue vivo, se acaba de aprobar una ley de rango constitucional conocida como el  Marco Jurídico para la Paz. Esta ley concede amplios poderes al presidente a la hora de hacer posibles concesiones en un futuro proceso de paz, incluyendo la excarcelación de convictos.

En ambos países hay quienes consideran que la aplicación estricta de las más duras leyes penales es la única solución justa al conflicto, la única que salvaguarda los derechos de las víctimas.  También hay quienes consideran que la única forma de cerrar el ciclo interminable de violencia es negociar una salida que permita la reinserción ciudadana de los antiguos combatientes. Esta negociación incluiría la admisión de la verdad, la restitución de los bienes arrebatados, etc... La traducción de estos grandes principios a una realidad cotidiana es justo el tema de DeUsynlige.

En Colombia las cosas nunca son lo que parecen, quizá el estreno de esta película justo en la semana que se aprueba el nuevo marco jurídico no sea una simple casualidad. En todo caso recomiendo sin reservas esta película, donde no se encontrarán moralinas ni respuestas, tan solo cuestiones durísimas que quedan abiertas para que cada espectador saque sus propias conclusiones.

Hotel del Salto: del sueño al olvido

En 1928 abrió sus puertas el Hotel el Salto. Pequeño, coqueto y de arquitectura armoniosa, no podía estar mejor ubicado: justo en frente del Salto del Tequendama, una de las más hermosas cascadas que he visto en mi vida. Durante décadas, el sueño de los hoteleros que lo construyeron se multiplicó en las estancias de familias, recién casados, amantes furtivos, incluso desolados que pasaron la noche allí dudando si unirse a la larga lista de suicidas que decidieron poner fin a sus penas tirándose cascada abajo.
Salto del Tequendama. Foto de Zeafra/Oxigénate
Salto del Tequendama
La Sabana de Bogotá tiene un solo punto de desagüe, y es este salto creado por la deidad Bochica, según la tradición muisca. El río Bogotá y sus afluentes, como el Salitre, el Tunjuelo o el Fucha, fluyen lentamente por las praderas, formando meandros donde no han sido aún canalizados, pero al aproximarse al Tequendama la velocidad empieza a incrementarse, y el río tranquilo se vuelve apresurado y amenazante, hasta precipitarse más de 150 metros en el salto. De ahí hasta su desembocadura transcurre entre cañadas y precipicios, bajando más de 2.000 metros en una corta distancia, hasta el abrazo final del Magdalena. Al contrario de lo que sucede con la mayoría de los ríos, el Bogotá nace sereno y reposado, volviéndose impetuoso y violento con el transcurso del tiempo.

Río Bogotá al norte de la Sabana
El río Bogotá fluye tranquilo al norte de la saba,
Pero el tiempo no ha sido generoso con el río Bogotá ni con el Tequendama. La construcción de una centra hidroeléctrica justo antes del salto supone que éste se quede casi sin caudal durante largos periodos (especialmente en las estaciones secas). El crecimiento brutal de la ciudad ha tenido como consecuencia la contaminación más despiadada: en los tramos anteriores al salto el río tiene un 0% de oxígeno, y la vida es totalmente imposible en su cauce. Es muy triste pensar que las aguas del Tunjuelo, que nacen en la pureza absoluta del paramo de Sumapaz, están totalmente muertas a penas unos kilómetros más abajo. El hotel está ahora abandonado, incapaz de hacer frente a estos problemas. Sigue, sin embargo, generando sueños, pues se ha convertido en fértil fuente de historias y leyendas de fantasmas, que de cuando en cuando encuentran un hueco en los periódicos de la capital.
Hotel El Salto. Foto: Arturo Aparicio
Hotel El salto
El futuro debe ser mejor que el presente, pues está en marcha un ambicioso proyecto de limpieza y descontaminación del Río Bogotá. Como todas las grandes obras en Colombia, avanza a paso de tortuga y siempre quedan dudas sobre su terminación, pero en este caso no se trata de un lujo: la supervivencia de Bogotá depende de la recuperación del complejo sistema hidrográfico de la Sabana. También las comunidades que sufren su mala condición desde el Tequendama hasta el Magdalena aguardan esperanzados la conclusión de los trabajos.

Me rasco porque me rasca: la Ciudad Perdida de los Tayrona

Mariposa 89 (Diaethria clymena) Foto de Fernando Conchello
Mariposa 89 (Diaethria clymena)) Foto: Fernando Conchello
Las ciudades perdidas, largamente sepultadas bajo junglas remotas, son iguales a los sueños. Uno imagina primero su construcción, a lo largo de siglos. Después, su apogeo, con miles de habitantes manteniéndola, defediéndola de todo enemigo, ampliando y embelleciendo sus edificios. Finalmente la decadencia, lenta, casi impercetible para sus habitantes, que siempre esperan la llegada de tiempos mejores. El retorno de la jungla,  que pacientemente había esperado a la desaparición del último humano, es el silencioso epílogo de una historia que supera cualquier imaginación.

La Ciudad Perdida de los Tayrona fue abandonada a lo largo del siglo XVI, tras casi siete siglos de existencia, probablemente debido a una epidemia traída por los conquistadores europeos. Fueron los saqueadores de restos arqueológicos quienes la descubrieron en 1973, y camparon a sus anchas hasta  1976, cuando el Instituto Colombiano de Arqueología puso fin al expolio. Hoy está fuertemente protegida y constituye una de las joyas del patrimonio histórico colombiano.

Llegar no es fácil: hay que recorrer unos 30 kilómetros, en unas tres jornadas. La caminata se contrata con guía, cocinero y mula de carga para subir la comida (también es posible contratar mulas para subir los equipajes individuales). El camino es una suave ascensión, siempre junto al río Buritaco, aunque hay que atravesarlo en cuatro ocasiones. Cuando you fui, el río estaba bajo y era fácil cruzarlo, pero no siempre es así, y en todo caso es imprescindible llevar sandalias de agua. Los caminos embarrados hacen imprescindible el uso de buenas botas.

El paisaje es alucinante, da la impresión de estar en un jardín botánico interminable. Los árboles descomunales hubieran sembrado el terror en los planetas pequeños de El Principito. Pájaros de canto inaudito, mariposas enigmáticas, incluso serpientes letales mantienen en tensión a los caminantes. El calor es considerable, y las lluvias muy frecuentes. Es imposible aburrirse. El cocinero se adelantó y nos dejaba frutas peladas en los puntos de descanso, algo profundamente agradecido por todos. Todo el camino nos sentimos protegidos por las nieves perpetuas del Pico Bolívar, el más alto de Colombia, que se alza directamente sobre el mar y proyecta su sombra sobre toda la Sierra.

Escalera hacia la Ciudad Perdida (Foto Jorge Bela)
Escaleras hacia la Ciudad Perdida (Foto Jorge Bela)
Nuestro excelente guía se aseguraba de que fuéramos los primeros en salir, y por eso éramos también los primeros en llegar a los campamentos, y podíamos escoger los mejores sitios. También teníamos tiempo para darnos un baño en el Buritaco. Dormir en hamacas en medio de la selva, con un coro infatigable de ranas y sapos croando cual orquesta sinfónica,  es una experiencia memorable. Las cenas deliciosas.

El cuarto día, temprano, nos dirigimos a la ya cercana Ciudad Perdida. Tras cruzar el río una vez más, encontramos, en mitad de la jungla, unas escaleras que ascienden interminablemente por la ladera. Son miles de escalones, que se pierden entre la vegetación. Subirlas es como caer poco a poco en un sueño hermoso. No sin fatigas, se alcanza la primera plataforma, y desde allí se salta de plataforma en plataforma hasta alcanzar el centro de la ciudad, la plaza ceremonial. Arriba del todo, hay un retén de soldados, sonrientes y divertidos con los turistas, pero que recuerdan un pasado turbulento aún reciente.

Plataformas ceremoniales (Foto Jorge Bela)
Plataformas ceremoniales (Foto Jorge Bela)
Al medio día regresamos al campamento, e inmediatamente iniciamos el regreso hacia el punto de partida, un pueblo con nombre sugerente: Machetepelao (también conocido como El Mamey). Serán dos días de descenso, dos días más de disfrutar de la selva. Muchos caminantes llevan los galones de la batalla: atroces picaduras de mosquitos (yo me libré gracias a una mezcla de Menticol con Nopiquex, un secreto que me fue compartido en Taganga). Aquí en Colombia no se dice “me pica,” sino “me rasca.” Con tanto mosquito por medio, no era extraño escuchar “me rasco porque me rasca.” Tras una ultima comilona en Machetepelao nos dirigimos al Parque Tayrona. Pero esa es ya otra historia, otro sueño.
Track de la excursión

¿Me regalan un minuto?


Colombia es un país que está en boca del mundo entero. Y ya  no son las malas noticias que antes se escuchaban casi en exclusividad. Ahora en este país se vive un optimismo contagioso, una sensación de que los problemas que durante demasiado tiempo lo condenaron a cerrarse sobre si mismo, están en vías de solución. Aeropuertos completamente desbordados son el mejor indicador de una situación nueva: los extranjeros han perdido el miedo y se acercan a un país que aún no ha sufrido los estragos del turismo masivo. Los índices de crecimiento económico, los flujos de inversión extranjera, y los precios e los hoteles de negocios dan idea también de que la prosperidad local ya no es un secreto. Los retos son sin duda descomunales, pero las circunstancias sumamente favorables. Si además sumamos la decidida voluntad de salir adelante y el inmenso potencial material y humano de Colombia, creemos que el optimismo actual está plenamente justificado.



Yo he caído por casualidad en medio de todo esto. Llevo ya algún tiempo viviendo en Bogotá, y viajando por todo el país. Son incontables las anécdotas que surgen cuando se vive en un país extranjero: no existe la rutina. Por ejemplo, no pasa un día sin que alguien utilice una expresión que me llame la atención, o sin que a algún interlocutor le llame la atención algo que yo diga. Por eso he decidido utilizar una expresión muy colombiana para titular el blog: “que pena con usted” (ya tendré tiempo de ir contando los significados que tiene, pero adelanto que rara vez antecede a nada bueno...). Y es por eso que la primera entrada tiene por título otra: “¿me regalan un minuto?.”

En este blog iré recogiendo esas anécdotas cotidianas, con la esperanza de que su suma llegue a dar una impresión de lo que es vivir la prosperidad colombiana como un extranjero. Pero un minuto es todo lo que he pedido, y hoy no quiero alargar el blog. Mañana más.

Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...