Confieso que me resistí a ir a Cartagena. Por un lado estaba
encantado descubriendo todo lo que ofrecen las cordilleras andinas, y por otro Cartagena
me parecía un destino demasiado conocido, demasiado turístico, y además
inevitable tarde o temprano. Finalmente tuve una ocasión de oro para ir, encima
invitado, y afortunadamente no la desperdicié: Cartagena me encantó.
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| Vendedor de raspaos (granizados) en Cartagena |
Ya empecé a disfrutar en el avión -- el viaje por tierra
lleva unas 18 horas -- pues estuvimos largo rato sobrevolando el imponente río Magdalena. El
Magdalena, principal ruta de acceso desde la costa a Bogotá hasta entrado el
siglo XX, transcurre entre las cordilleras Oriental (donde se ubica Bogotá) y Central,
desembocando en Barranquilla, a 1.500 kilómetros de su nacimiento. En su
inmensa cuenca vive cerca del 80% de la población Colombiana. El segundo río en importancia para el país es el
Cauca, que discurre entre las cordilleras central y Occidental, y que es además
el principal afluente del Magdalena. Pero ya tendremos ocasión de hablar de los
grandes ríos más adelante, hoy nos ocupamos de la que en Colombia llaman Perla
del Caribe.
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| Río Magdalena |
Para empezar, lo ya conocido: Cartagena es una ciudad muy,
muy bonita. Los muros que antaño sirvieron como defensa contra piratas y
potencias extranjeras, parece que han servido para frenar el ataque más atroz
de todos: el de la especulación inmobiliaria. Dicen que el letargo económico en
que cayó la ciudad tras los prolongados conflictos del siglo XIX y la pérdida
de importancia relativa de su puerto, también ayudó a conservar su abundante
patrimonio histórico. A mediados del siglo XX la ciudad empezó a despertar, y
los viejos caserones y conventos
abandonados volvieron a la vida convertidos en hoteles, algunos espectaculares.
El puerto, profundo y naturalmente a salvo de las tormentas, volvió a ocupar su
lugar entre los tres más importantes del país.
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| Plaza de Santa Clara |
Pero Cartagena es también una ciudad llena de vida. Su
título de patrimonio de la Humanidad hace temer
que sea una ciudad museo, como tantas ciudades en Europa cuyos
habitantes han sido desplazados de sus cascos históricos, ya convertidos en
meros cascarones de actividad comercial turística. En La Heroica (otro nombre que recibe Cartagena, ùes nunca fue conquistada), se ven pelaos por todas partes, hay universidades,
centros culturales, mercados y mercadillos de y para locales. La vinculación
entre el casco histórico y el resto de la ciudad sigue siendo intensa, y
locales y turistas conviven y disfrutan simultáneamente de sus espacios. Y con
tanto pealo, ¡no sorprende la cantidad de vendedores de raspao que hay por
todos lados!
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| Chiva rumbera |
Tras el cambio de siglo, la creciente demanda turística ha
hecho que la zona con hoteles y restaurantes se amplíe al barrio popular de
Getsemaní, fuera de las murallas. Los amantes de los grandes hoteles con vistas
al mar pueden dirigirse a Bocagrande, donde a los ya existentes habrá que sumar
los que están en construcción. La prosperidad sin duda se puede observar en
Cartagena, y sea bienvenida si sirve para resolver los muchísimos problemas que
esta hermosa ciudad sigue arrastrando.
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| Cartagena desde mi hotel. Al fondo: Bocagrande. |




