En Colombia el tiempo es cosa de niños (y de niñas), pero estos
sustantivos no esconden ningún juego: son los nombres de dos fenómenos
meteorológicos que tienen un impacto potencialmente devastador sobre el país.
“La Niña” consiste en un enfriamiento inusual de las aguas del Pacífico, y su
resultado es el aumento considerable de las lluvias. “El Niño” es el fenómeno
contrario: un calentamiento de las aguas del Pacífico y una fuerte sequía en todo el país.
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| Arco iris sobre los Cerros Orientales de Bogotá |
Aún en condiciones normales, la predicción del tiempo es
sumamente difícil en Colombia. Mientras que en Europa y Estados Unidos es
normal que las previsiones tengan un espacio destacado en los informativos,
aquí a penas se mencionan. La brutal diversidad geográfica (tres descomunales
cordilleras atraviesan el país de norte a sur), y su ubicación en plena zona de
convergencia intertropical ( la franja en la que se encuentran los chorros de
aire frío y cálido que circulan de oeste a este en la zona ecuatorial) son la
causa. Para complicar más las cosas, la convergencia intertropical no está
siempre en el mismo lugar, sino que se desplaza de norte a sur de forma
cíclica, dando lugar a cuatro estaciones más o menos regulares: dos
lluviosas (abril-junio y septiembre-noviembre) y dos “secas” (diciembre-marzo y
julio-septiembre).
Desde 2010 se ha producido una “niña” fortísima, con
resultados desastrosos en toda la región: inundaciones, deslaves,
desplazamientos: más de un millón de damnificados solo en Colombia. Ahora los
expertos dan por concluido el ciclo, y las cosas están volviendo a la normalidad. Desde enero, la mayor parte de los días he podido salir a hacer footing, pues ha amanecido más o menos
soleado.
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| Atardecer en Bogotá |
Sin embargo, uno no puede confiarse. En Bogotá los rolos
presumen de que en un mismo día tienen las cuatro estaciones. No se sabe si esto es bueno o malo, pero no les falta
razón: haga el tiempo que haga, es prudente salir de casa siempre con jersey,
paraguas y gafas de sol. El sol ecuatorial es tan fuerte, sobre todo a 2.600
metros de altura, que muchas personas abren también el paraguas cuando está
despejado. Uno puede entrar en el supermercado con cielo totalmente azul,
y salir para encontrase con una tromba de agua.
Con tanta confusión climática, no sorprende que las palabras
tengan aquí un significado distinto. Por ejemplo, “invierno” no se refiere a
una estación, sino a una situación meteorológica. Aquí no se “está” en invierno
(algo que no tiene sentido en los países ecuatoriales), sino que “hace
invierno.” Y si llueve mucho, y hace mucho frío, entonces “hace mucho
invierno.” Pero que nadie se alarme, ya estamos en tiempos mejores y en
Colombia hace mucho, pero que mucho, verano.
El tiempo da mucho de qué hablar, y más en estas latitudes. Ya tendremos ocasión de hacerlo en entradas posteriores.
El tiempo da mucho de qué hablar, y más en estas latitudes. Ya tendremos ocasión de hacerlo en entradas posteriores.

