Hotel al Alba, un jardín en Choachí

Plaza de Choachí al atardecer. Foto: Jorge Bela
Nadie ha sabido hacer mejor los jardines que los árabes, y en España hubo un tiempo que supimos aprender la lección. El juego del agua, el perfecto equilibrio entre la luz y la sombra vegetal, la tranquilidad absoluta. Por el camino de la historia mucho de lo aprendido se perdió, y por eso me sorprende y me encanta ver renacida esa tradición en los lugares más inesperados. Eso es precisamente lo que me sucedió este fin de semana en el pequeño Hotel Al Alba, en Choachí.

Un descanso en el salón abierto del hotel. Foto: Jorge Bela
No es fácil llegar la primera vez, por eso recomiendo consultar el mapa que tienen en su página de Facebook. En la puerta nos recibió Adriana, su propietaria, con la mayor y más hospitalaria de las sonrisas. Tras de nosotros cerró las puertas recubiertas con chamizo, y nos acompañó a dejar las maletas en la habitación (una de las a penas cuatro que tiene el hotel). Frente a nuestra puerta, una fuente con surtidor: “era el punto en el que llegaba el agua del acueducto a la casa original,” nos explicó. La reforma mantuvo la estructura original casi intacta, aunque en la parte posterior se añadieron los baños, con un techo translúcido que da una luminosidad extraordinaria.

Estanque en el jardín. Foto: Jorge Bela
Tras dejar las maletas, Adriana nos dio la “vueltica” por la finca, un auténtico laberinto vegetal, con agua brotando por todos los lugares, pequeños surtidores, estanques, y hasta algunos reservorios, escondidos bajo los arrayanes, plátanos, mandarinos, cafetos, orquídeas…. "La primera casita la compramos hace ya 20 años, y la segunda – donde están las habitaciones – la compramos a su anciana propietaria algunos años después. Decidimos mantener sus cultivos, café y mandarinos principalmente, y cada año le llevábamos a la señora, que se había trasladado al pueblo con su hija, su cosecha de mandarinas. Pepitas, las llamaba ella.” En torno de los cultivos, aún productivos, fue surgiendo el jardín exuberante.

Comedor. Foto: Jorge Bela
Adriana maneja sabiamente los tiempos, y consiguió que a penas coincidiéramos con el resto de los huéspedes del hotel. Casi no los vimos, y cenamos, almorzamos y desayunamos solos en el extraordinario comedor. Para aquéllos que precisen de un aislamiento total, una de las habitaciones, la “pizzería,” está ubicada en una pequeña casita al fondo de la finca. El desayuno, incluido en el precio, es abundante y delicioso, y la cocina para el almuerzo y la cena es cuidada y muy fresca. “Aquí somos muy lentos,” nos advirtió la propietaria nada mas llegar. “Prisa” es una palabra en lengua incomprensible en un hotel en el que lo que se respira es tranquilidad. Mauricio, esposo de Adriana, nos dio la más cordial y hospitalaria bienvenida, algo que tanto se disfruta en Colombia, a la hora del almuerzo.

Adriana. Foto: Jorge Bela
No es fácil para los turistas conocer una parte esencial de la vida colombiana como son las fincas de fin de semana. El Hotel del Alba es un lugar perfecto para lograrlo. Por la noche incluso se cierran los surtidores para que el descanso sea absoluto. Y lo es…

Pollo estofado. Foto: Jorge Bela

Ascensión al páramo mas hermoso de Colombia



Entré en el restaurante con el sonido de las campanas de la iglesia de San Juanito, Meta, que anunciaban la misa de las 6:30AM. Aún así, fui el último en llegar. No había tiempo que perder, y el desayuno fue abundante y delicioso, pero rápido. Nos esperaba una larga caminata con un desnivel brutal: 1800 metros (que, en efecto, tendríamos que subir para luego descender). Salimos a buen paso, pero nos detuvimos brevemente a visitar el antiguo noviciado, origen del pueblo en su momento, y hoy abandonado. En la huerta del edificio comenzamos un ascenso que solo terminaría cuatro horas después, ya en el páramo de Chingaza.

Antiguo noviciado de San Juanito. Foto: Jorge Bela

Tras salir del pueblo atravesamos zonas cultivadas y potreros con ganado. Sin embargo, los cultivos terminan donde comienza el bosque de niebla: se trata de zona ya protegida y el contraste es inmediato. Los potreros desaparecen y se ven sustituidos por una vegetación espesa. Nuestro grupo incluía dos expertos conocedores de botánica, que identificaban con precisión las incontables variedades de orquídeas que encontrábamos en las márgenes del camino. A ratos las cuestas eran muy empinadas, a ratos no tanto, pero el ascenso era implacable. El calor que encontramos en San Juanito se fue tornando más fresco, y finalmente llegamos a la cota de las nubes, que nos impedían ver el paisaje y nos refrescaba con una intermitente llovizna.

Cruces en el camino. Foto: Jorge Bela

A poco más de 3000msnm llegamos al páramo, tal y como había anunciado nuestro guía Miller. Allí encontramos unas cruces de madera que los lugareños tienen como tradición hacer cuando llegan a ese punto. Aunque estábamos muy cansados, aún nos quedaban más de 400 metros de ascenso. Yo prefiero subir caminando despacio, y hacer el menor número de descansos posibles, y aunque en los grupos suele suceder que no hay ritmos uniformes, curiosamente casi siempre se encuentra un ritmo de avance y pausa agradable para todos. Finalmente llegamos a nuestro destino, una pequeña casa forestal construida por el Acueducto, en cuyo porche frontal, a cubierto de la llovizna constantes, almorzamos. Tuvimos la suerte de que dos caminantes subieron verdaderas exquisiteces: dos botellas de buen vino tinto, mejillones en escabeche, aceitunas de aperitivo….¿quien puede pedir más? Miller se rascaba la cabeza con curiosidad dudando si probar los mejillones, alimento que por primera vez veía.

El camino ascendente. Foto: Jorge Bela

El vino hizo su mágico efecto, y la comida transcurrió entre bromas y charlas. Finalmente, tuvimos que emprender el descenso. Al llegar al bosque de niebla, ésta desapareció casi completamente, y pudimos ver los imponentes barrancos del cañón del Guaitiquía. Los jirones de nubes daban una perspectiva única a los farallones de Medina. Durante el descenso el grupo se fue estirando, y yo me quedé solo, disfrutando del silencio absoluto y de los incontables pájaros que se cruzaron en mi camino. Entre éstos una pava enorme, que parecía no sentir estrés alguno ante mi presencia.

Miller con las montañas que ascendimos al fondo. Foto: Jorge Bela

En San Juanito todavía no hay mucho turismo. La presencia de policía de élite fuertemente armada y de soldados del ejército de tierra nos recuerdan que el pueblo, ahora totalmente tranquilo y hospitalario, no hace mucho fue escenario del conflicto. Por estas razones considero imprescindible ir siempre acompañados de guías locales. Nuestro viaje lo organizaron mis amigos de Caminantes del Retorno Laura y Carlos, como siempre de forma perfecta. De nuevo mi agradecimiento por abrir estos caminos tan maravillosos.

Farallones de Medina. Foto: Jorge Bela

El MIlagrito, hierbas aromáticas y vistas en un albergue campestre



En su búsqueda de nuevas experiencias para compartir con turistas tanto locales como extranjeros, 5 Bogotá nos llevó hasta el Milagrito, en una vereda de la Calera, muy cerquita de Bogotá. Lo primero que llama la atención son las espléndidas vistas campestres, algo que no deja de sorprender en un lugar tan cercano a la megaurbe Bogotá, y que solo se explica por la protección férrea que le confieren los Cerros orientales. Aún así, algunas mansiones se elevan en el horizonte, lo que hace pensar que mas allá de las barreras naturales, será necesaria protección adicional para evitar el deterioro de tan hermosos paisajes.


Allí nos recibió Ana, que nos mostró las habitaciones del albergue rural, que cuentan con una decoración moderna, luminosa y agradable. Tras unas breves presentaciones, pasamos directamente al opíparo desayuno que nos habían preparado:  arepas de La Calera, sabiamente adoptadas de su Boyacá original, queso campesino y doble crema, agua panela recién hecha, tinto y frutas variadas. Los compañeros del programa Travesía sacaron sus bártulos y se pusieron a filmar: estaban recogiendo varias experiencias organizadas por 5 Bogotá para el programa que se emitirá este fin de semana.


El Milagrito trabaja con ONGs locales para obtener las materias primas necesarias para sus experiencias. En esta ocasión se trataba de la elaboración de un aromatizador orgánico y totalmente natural. En la huerta pudimos recortar las hierbas aromáticas que nos parecieran mas interesantes, con la ayuda experta de Ana, que nos aconsejaba. Dentro de la casa había especias como canela o clavo, y cítricos que ya habían sido cortados anteriormente. La técnica es sencilla, basta dejar hervir las hierbas recién cortadas y las especies durante unos minutos. La mezcla tiene un olor delicioso. Entre tanto, en unos pequeños tarros se colocan hierbas y especias adicionales, “las que se hierven pierden su color,” nos explicó Ana. Al terminar la cocción se cuela el elixir y se introduce en los tarritos. Una vez fríos, se pone la tapa y están listos para llevarlos a casa. Tras la preparación nos quedamos sentados en el frente de la casa charlando y disfrutando del paisaje tranquilamente.


5 Bogotá está haciendo una labor encomiable al descubrir y poner al alcance de los visitantes y de los locales una serie de experiencias que complementan los planes turísticos mas conocidos de Bogotá. Para los extranjeros supone una posibilidad de realizar una inmersión mucho mayor en la cultura colombiana, y para los locales abre un abanico de planes singulares y para todas las edades.


En una hora estábamos de regreso en Bogotá. Había sido una mañana de campo deliciosa, y en mi mochila llevaba el recuerdo del tarrito aromático que yo mismo había preparado.



Las cosas bien hechas: Elly Burckhardt y el Bulevar del Río de Cali

Elly Burckhardt y en el Bulevar del Río. Foto: Jorge Bela
Quedamos en vernos a la puerta del Hotel Intercontinental. Con gran puntualidad bajó de una enorme camioneta con su hijo Juan Manuel, y, tras una breve presentación, nos pusimos en marcha, dando comienzo el paseo por el Bulevar del Río. A pocos metros del Hotel nos encontramos con un obstáculo: antes de llegar al Bulevar, es necesario cruzar la Avenida Colombia por una zona sin semáforos. Elly Burckhardt, a pesar de su edad y con sus recientes problemas de salud ya felizmente superados, se lanzó sin miedo, del brazo de Juan Manuel, cruzando entre los coches de una forma que sólo son capaces de acometer los colombianos. Yo les seguí como pude. “Es una pena que el proyecto no se pudo llevar a cabo en su totalidad, por razones de presupuesto,” me dijo justo en el momento que todos logramos superar el peligro.

Bulevar del Río, Cali. Foto: Jorge Bela

Las primeras horas de la noche habían ahuyentado el calor, y una suave y fresca brisa descendía de las montañas, tal y como me habían dicho que sucedería. Por el Bulevar había gente paseando, caminando de regreso hacia sus casas, trotando con auriculares, es decir, la escena habitual que uno espera encontrar en un bulevar en cualquier ciudad contemporánea.  “Las cosas eran muy diferentes hace un par de años,” explicó Lilly, “la Avenida Colombia, que había sido una arteria principal en el centro de Cali, se había convertido en una autopista saturada de tráfico y polución, intransitable para los peatones, e insegura.” Me mostró un edificio de viviendas que fue el primero que diseño en su carrera. Aunque el hermoso diseño es aún visible, también lo es el deterioro que ha sufrido, paralelo al de la avenida sobre la que se levanta. “Los departamentos se vendían por nada, nadie quería vivir sobre una calle atascada, ruidosa y llena de humo.” La suerte la tuvieron los últimos que compraron: ahora es uno de los lugares mas deseables de la ciudad.

Bulevar del Río, Cali. Foto: Jorge Bela
Retirar el tráfico y la polución y devolver la Avenida a los peatones supuso una inversión cuantiosa: la construcción del túnel urbano mas largo de Colombia, que se inicia cerca del Hotel Intercontinental y termina 980 metros después. El bulevar que se ha construido sobre él tiene, por tanto, casi un kilómetro. El diseño decorativo ha sido cuidadoso, marcado por las características técnicas del túnel: no puede acoger árboles de mucho porte, y se han de tener en cuenta elementos como las torres de ventilación. Elly revisa los elementos uno por uno, tocando barandillas, incluso haciendo comentarios sobre la evolución de ciertas plantas. La proximidad inmediata al río, que al no estar canalizado tiene un aspecto casi campestre, y sus enormes árboles, hacen que el paseo sea todavía mas agradable.
Río Cali. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, el deterioro de algunos edificios nos recuerda que ésta es una obra reciente. Aún queda mucho por hacer para recuperar totalmente la zona. Un pequeño autobús, parte del sistema de transporte público de la ciudad, circula muy despacito por el Bulevar. No se pudo suprimir de todo el tráfico, pero si se buscó una solución que permita una convivencia entre peatones y transporte público. Agentes de seguridad vigilan discretamente la zona.

Elly y Juan Manuel. Foto. Jorge Bela
Como todas las obras públicas en Colombia, ésta estuvo marcada por la controversia y la oposición en sus inicios. A Elly se le encienden los ojos cuando ella misma saca el tema, y debate punto por punto las críticas. El tiempo ha dado la razón a los que apoyaron el proyecto: el Bulevar del Río se ha convertido en una iniciativa de vanguardia en la recuperación de la ciudad para los ciudadanos, tras años de políticas que primaban el transporte motorizado. El alcalde actual, que no es el que encargó el proyecto, acaba de otorgar a Elly la máxima condecoración al mérito público. Ahora proyectos aún mas ambiciosos en Cali, como el corredor verde, tienen un precedente en el que mirarse, del que aprender.

Una vez terminado el paseo, Elly y Juan Manuel me invitaron a comer unas empanaditas caleñas en una animada terraza junto al río. Nos zampamos nada menos que 30. Yo había pasado una excelente tarde en Cali.

El urbanismo y la transformación de Medellín

Medellín. Foto: Jorge Bela
Medellín ha experimentado una profunda transformación: en a penas dos décadas ha pasado de ser una ciudad castigada por la violencia, la escasez de servicios sociales y la desigualdad, a convertirse en un modelo para toda América Latina de cómo combatir éstos graves problemas.

El urbanismo, aunque no ha sido el único factor, ha desempeñado un papel crucial en este proceso. En Medellín el urbanismo ha demostrado tener un carácter social y una ambición cívico-pedagógica. Los proyectos acometidos han mejorado la equidad territorial, integrando en la ciudad los asentamientos informales, antes completamente aislados. El ejemplo mas conocido son los metrocables. Pero quizá lo mas significativo ha sido que las intervenciones urbanas se han planificado y acometido mediante procesos participativos. Los beneficiarios de las intervenciones, en gran medida comunidades informales, fueron consultados en el proceso de diseño y la toma de decisiones, proceso a través del cual mejoraron su capacidad de autogestión y de participación política. 
Les invito a que lean el artículo que escribí al respecto en URB.IM

Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...