Cementerio Central: irremediablemente unidos, al fin

Cementerio Central, Bogotá. Foto: Jorge Bela
Bogotá es una ciudad en la que reina la desigualdad. Las inmensas distancias y la falta de transporte público fomentan una separación espacial rigurosa. Los barrios mas afluentes y los mas carentes viven con una interacción mínima. La separación física solo se rompe con el trasbordo diario a los centros de trabajo, y en ciertos espacios comerciales. La división entre el “norte” “y el sur,” mas o menos ubicada en torno a la Plaza de Bolívar, pareciera tener una fuerza similar a la misteriosa raya que separa los polos en los más poderosos imanes.
Cementerio Central: foto: Jorge Bela
Sin embargo, hay un lugar en el que los otrora firmemente separados, conviven en paz y felicidad total: el Cementerio Central. Los primeros planes para su construcción se hicieron en las postrimerías de la época virreinal. Con un retraso característico, y que todos los habitantes de Bogotá reconocemos inmediatamente, las obras no comenzaron hasta1832, cuando fueron en gran medida impulsadas tras la prohibición, por parte del mismísimo Simón Bolívar, de los enterramientos en las iglesias. Buenaventura Ahumada Gutiérrez fue el primer bogotano enterrado en la flamante sacramental.
Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Curiosamente, en sus inicios el cementerio se concibió como un lugar de reposo para los mas pudientes, que no deseaban ser enterrados en el popular cementerio “La Pepita,” junto a personas de cualquier clase social. Esta extraña ambición no fue una idea propia de la alta sociedad bogotana, sino que reflejaba impulsos que se observaron en muchas ciudades del mundo. Aunque hoy la sola idea de separar a los muertos por clases nos parezca rancia, en su momento tuvo mucha fuerza y nos dejó hermosos cementerios, como del de Highgate en Londres, o el de San Isidro en Madrid, cuya visita debería ser incluida en cualquier circuito.
Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Pronto la imparable fuerza de los avatares históricos se impuso sobre los planes iniciales. Las turbulencias en la historia de Colombia a lo largo del siglo XIX se vieron reflejadas en constantes cambios de los responsables del cementerio: la iniciativa privada, la Iglesia, las autoridades municipales…En el Siglo XX el camposanto fue también testigo de primera mano de los sucesos que conmovieron al país. Allí están enterradas, por ejemplo, muchas de las víctimas del “bogotazo.” Aunque en la actualidad es un remanso de paz, las tumbas y mausoleos nos recuerdan a viva voz la dureza de los conflictos políticos que aún perduran fuera de sus muros: líderes de extrema izquierda descansan bajo símbolos que recuerdan su ideología, muy cerca de los mausoleos que albergan los restos de las personas con las que con tanta fiereza combatieron.
Cementerio Central, mausoleo Primera Guerra Mundial. Foto: Jorge Bela
Vale la pena visitar el Cementerio Central. Para los que estén familiarizados con los recovecos históricos de Colombia, las horas pasarán volando mientras reconocen infinidad de nombres que aparecen en los libros. Al tiempo, todos los que hasta allí se acerquen podrán disfrutar de la belleza de los mausoleos, y de las espectaculares vistas del centro de la ciudad y de los cerros de Montserrate y Guadalupe.
Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Cementerio Central de Bogotá. Foto: Jorge Bela

Palacio Astoreca, Valparaíso: un lugar para soñar

Piano Bar Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Piano Bar Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
No fueron buenos los primeros años del palacio. Fue construido en los años 20 del siglo pasado por el magnate de la sal Francisco Petrinovic, con el objetivo de aplacar las nostalgias de su esposa británica que no lograba acostumbrase a Chile. El Palacio nunca fue ocupado, la esposa no pudo superar sus saudades y regresó a Inglaterra, y Francisco decidió instalarse mas cerca de sus valiosas minas. El edificio fue finalmente vendido a otra familia de magnates, los Astoreca, una familia de origen vasco que también había hecho una gran fortuna con la sal. Lamentablemente, el palacio no llegó a ser ocupado tampoco por tan ilustres potentados, y languideció con el transcurso del tiempo y tras pasar por las manos de diversos propietarios.
Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Hace unos años compraron el palacio el matrimonio compuesto por el suizo Vincent Jullierat y la chilena Francisca Joannon, con la intención de reconvertirlo en un pequeño hotel, con “las mejores vistas de Valparaíso.” En 2012 abrió por fin las puertas, tras una profunda remodelación acometida por el arquitecto Mathias Klotz. El antiguo edificio, por fin, ha encontrado su encaje perfecto en Valparaíso, y cumple impecablemente con la función para la que a fin de cuentas fue diseñado: la de despejar las nostalgias de aquellos que atraviesen sus puertas de entrada.
Escalera. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
La restauración ha sido impecable, y se ha logrado lo mas difícil: cuidar hasta el último detalle. Los muebles, las alfombras, las obras de arte que cuelgan de las paredes, todo ha sido escogido con el máximo cuidado. En el edificio nuevo, perfectamente integrado en el original, se ha ubicado un spa, con una relajante piscina y un baño caliente, en cuyo centro se ubica una estufa de leña que mantiene el agua a una temperatura que casi escalda. Tan a gusto se está en el hotel, que pese a que llevaba años queriendo conocer Valparaíso, tuve que realizar verdaderos esfuerzos para salir de la biblioteca, lugar en el que apetece estar charlando, trabajando, leyendo hasta que se acaben las horas del día. Afortunadamente, en el día de la salida nos permitieron quedarnos hasta bien entrada la tarde, horas que utilicé para disfrutar, en total soledad, la hermosa biblioteca.
Uno de los salones. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela

En un antiguo salón ahora hay un piano bar, en el que durante las primeras horas de la tarde se agolpa muchos huéspedes que compiten por acompañar al pianista en sus melodías. Por la noche el silencio es total y el descanso perfecto. Un epílogo perfecto para la cena en el restaurante del hotel, innovador, delicioso e impecable, quizá el mejor de los que he visitado este año.
Habitación. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Habitación. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
No se por qué hay tantos palacios que nunca fueron ocupados por quienes los construyeron. En Madrid hay algunos muy conocidos que fueron incluso demolidos sin que ni una sola persona llegara a dormir en ellos. Quizá el impulso emocional que los puso en marcha, los sueños en los que se anclaron los planes iniciales tuvieran mas fuerza que la propia realidad de la obra terminada. Ni los Petrinovic ni los Astoreca llegaron a disfrutar de su hermoso palacio en Valparaíso. Ahora, está a disposición de los viajeros que deseen refugiarse en un remanso de paz, en un lugar en el que su imaginación encuentre la cámara de eco perfecta para rebotar infinitamente de pared en pared, de rincón en rincón, de objeto en objeto.
Spa. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Spa. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Nota: Los precios del hotel son elevados, de acuerdo con la categoría del mismo. Sin embargo, en la página web del mismo se pueden conseguir ofertas muy razonables, aunque por lo general reservadas a los días entre semana, cuando la ocupación del hotel suele ser menor que los fines de semana.

Salón. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela

Suite. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela
Suite. Palacio Astoreca Valparaiso. Foto: Jorge Bela

De Chile a Colombia: El viaje es el destino

Cordillera de Cuzco, con sus inmensos glaciares, icnluyendo el Quelccaya. Foto: Jorge Bela
Cordillera de Cuzco, con sus inmensos glaciares, incluyendo el Quelccaya. Foto: Jorge Bela
A menudo la impaciencia por llegar nos impide disfrutar del tiempo que transcurre desde que salimos de nuestra casa hasta que, por fin, nos encontramos en nuestro destino. Los viajes en avión, antaño deseados como parte integral del viaje, ahora se contemplan con desconfianza, incluso con rechazo, pues las aerolíneas en muchos casos se han olvidado de que los clientes somos personas, los aeropuertos parecen centros de procesamiento de ganado, y en los aviones nos apiñan a unos sobre otros sin el menor miramiento. Los vuelos han dejado de ser fábricas de sueños y se han convertido en trámites pesados que no hay mas remedio que hacer.
Cordillera de Santiago vista desde el aeropuerto. Foto: Jorge Bela
Cordillera de Santiago vista desde el aeropuerto. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, el vuelo que realicé desde Santiago a Bogotá el martes pasado me devolvió al perdido mundo mágico de la aviación. Para empezar, LAN ofrece un servicio que es habitualmente superior a la media del sector, siendo especialmente destacable la amabilidad del personal que atiende a bordo. Pero fueron las vistas increíbles que pude observar desde mi ventanilla (asiento 18L) las que hciieron que el vuelo de 6 horas me pareciera corto.
Cordillera de Santiago vista desde el aire Foto: Jorge Bela
Cordillera de Santiago vista desde el aire Foto: Jorge Bela
Ya en Santiago, la cercanísima cordillera -- siempre impresionante-- me despertó del suave letargo en el que me encuentro siempre que vuelo tan temprano. Desde la pista de despegue los picos, aún nevados pero con muchas calvas primaverales se podían observar con total claridad. Parecían advertirme de que era necesario estar atento para no perderme nada del show que me esperaba en las próximas horas. Les hice caso, y luché por no dormirme durante las próximas horas.
Ya con el café sobre mi mesita, el paisaje verde se fue transformando en los característicos desiertos del norte de Chile. Desde el aire se podían apreciar los colores intensos de la tierra, las poblaciones dispersas, las ocasionales minas de sal. La constante alternancia de vistas en mi pantalla individual resultaba exasperante, pero de cuando en cuando aparecía el deseado mapa que me indicaba en qué zona del recorrido me encontraba. El altiplano y sus lagos daban la engañosa impresión de que volábamos bajo.
Zona desértica al norte de Chile. Foto: Jorge Bela
Zona desértica al norte de Chile. Foto: Jorge Bela
Ya en Perú, no pudimos ver Cuzco, pues quedaba a la izquierda del avión, pero a la derecha se erguían de forma absolutamente espectacular los inmensos picos nevados de sus cordilleras. El glaciar Quelccaya era perfectamente apreciable desde mi butaca, aunque no pude dejar de sentir tristeza al recordar que están desapareciendo a gran velocidad, derretidos bajo el cambio climático, al igual que sucede con los glaciares en Colombia.

Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
 Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
De los imponentes picos nevados se pasa rápidamente a la jungla amazónica peruana. Los ríos inmensos se pierden en el horizonte en busca del gran amazonas. Imposible dormir ante tan gran espectáculo. Lamentablemente, cuando ya nos acercábamos a los llanos colombianos, una espesa capa de nubes impidió seguir contemplando el paisaje, pero para mi fueron un motivo de alegría ya que soy consciente de los problemas de sequía que afectan a la zona.
Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
Despues de algo mas de seis horas, aterrizamos en El Dorado. Había sido un vuelo espectacular, memorable. En este caso, sin duda alguna, el viaje ya había formado parte integral del destino.


NOTA: en LAN sí permiten la selección de asientos durante el proceso de facturación (check-in) Es absolutamente lamentable que Iberia se empeñe en cobrar una tasa por este mismos servicio, aún con asientos libres, el computador asignará una silla al azar, sin tener en cuenta las preferencias de los clientes. Una práctica rechazable y antipática por parte de Iberia, que demuestra un cierto e incomprensible desprecio hacia sus clientes.


Metro de Bogotá: ¿llegará por fin esta vez?

Metro de Bogotá: 50 años esperando su llegada. Foto: Oficial Metro Bogotá
Metro de Bogotá: 50 años esperando su llegada. Foto: Oficial Metro Bogotá
Read english version here. 

¿Cuánto creen que es demasiado tiempo para esperar la llegada del metro? Los bogotanos han batido todos los records: nada menos que 50 años, y es que a pesar de incontables debates y costosos estudios, los trenes no llegan porque la construcción de la infraestructura aún no ha comenzado. Sin duda, es excesiva la espera, y aún más lo es para una ciudad que probablemente ya ha sobrepasado los 8 millones de habitantes ¿se imaginan a Manhattan sin metro?

El desarrollo del sistema de buses rápidos (BRT), bautizado como Transmilenio, permitió vislumbrar una posible solución para los ya gravísimos problemas de transporte. Sin embargo, la falta de inversión suficiente y algunos sonados casos de corrupción han contribuido a un retraso inaceptable en la expansión del sistema, que ya opera a capacidad. Las líneas alimentadoras tampoco se han desarrollado en su plenitud, y comparten la vía pública con las busetas, inseguras, contaminantes y siempre compitiendo por los viajeros en un ballet que pone los nervios de punta al resto de los conductores.

El TransMilenio opera a plena capacidad, y los trancones son interminables
El TransMilenio opera a plena capacidad, y los trancones son interminables
La prosperidad colombiana, la reducción de los aranceles, y la abundancia de crédito mas fácil de obtener que nunca han disparado la compra de automóviles, lo que complica aún mas el movimiento de un punto de la ciudad a otro. Los grandes proyectos de circunvalares que desvíen el tráfico pesado del centro de la ciudad no se han acometido, y solo existe una vía férrea urbana de tráfico de pasajeros, y sus servicios son exclusivamente turísticos. La movilidad en Bogotá se ha convertido en una pesadilla.
En Bogotá no hay trenes de pasajeros. Solo una línea, de uso turístico. Foto: Jorge Bela
En Bogotá no hay trenes de pasajeros. Solo una línea, de uso turístico. Foto: Jorge Bela
De nuevo se está avanzando en el plan del metro. Se ha decidido, tras interminables discusiones, por donde discurrirá la primera línea, y están muy avanzados los estudios de ingeniería, acaban de ser presentados por la Alcaldía. Quizá lo mas importante es que por primera vez se ha avanzado con detalle para establecer los costos con cierta presición. Aunque aún hay incertidumbre en cuando a de donde saldrám los recursos económicos, Un 70% corren a cargo del estado central. Todo parece indicar que esta vez si se va a empezar a construir el tan anhelado metro de Bogotá.

Aún quedan muchos aspectos que dilucidar antes de poder lanzar la licitación. Tanto el modelo de construcción como el de explotación de la infraestructura deberán ser definidos. Los mas habituales en la región son la construcción directa y la concesión de la operación. En el mejor de los casos en este proceso y la licitación ser empleará entre un año o dos. Lo mas probable es que la construcción no de comienzo hasta el año 2016.
 Estudios geológicos para el Metro de Bogotá. Foto: Jorge Bela
¿Ahora sí? Estudios geológicos para el Metro de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Esto es una muy buena noticia para una ciudad que sufre a diario trancones, incomodidades, masificación y desplazamientos exageradamente demorados. Sin embargo, también hay malas noticias. Por las características geológicas del subsuelo de Bogotá, no será posible la utilización de tuneladoras, y los túneles deberán ser excavados a cielo abierto. Aunque se han desarrollado técnicas que hacen que este procedimiento sea mucho mas eficiente que hace unos años, las incomodidades y los cortes de tráfico, en algunas de las vías mas concurridas, están garantizados. Los bogotanos deberán armarse de paciencia durante un periodo que puede extenderse mas de tres años (algunos pronósticos optimistas hablan de dos, pero resulta poco probable dado el historial de retrasos observados sistemáticamente en la construcción de grandes infraestructuras en la capital de Colombia).

Les invito a leer el artículo que escribí sobre el tema en URB.IM, uno de los portales de urbanismo mas influyentes dle mundo.

Ferrocarril Bogotá - Puerto Salgar: un escenario perfecto para pasear

ferrocarril Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Puente abandonado en el ferrocarril Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
El pequeño autobús no pudo dejarnos en un lugar menos auspicioso: una enorme gasolinera, cerca de Sasaima, en la que aparcaban enormes camiones. Algunos parecían llevar allí varios meses mientras les realizaban todo tipo de reparaciones. “El desayuno aquí es rico,” nos aclaró Carlos al percatarse de las miradas entre confusas y asustadas que intercambiábamos. Antes de llegar a la puerta del restaurante nos abordaron dos pelaos con pinta de andar completamente pelaos, y nos pidieron dinero para poder llegar hasta Medellín. Adelantamos el paso y tomamos nuestro lugar en las mesitas, y ordenamos las arepas, los caldos de costilla y los huevos de mil maneras: nadie se iba a quedar con hambre.
Vías aéreas en el ferrocarril Bogota-Honda
Vías aéreas en el ferrocarril Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
En muy poquito tiempo ya estábamos preparados para la marcha. Bastó cruzar la carretera por un túnel subterráneo, y de forma casi instantánea estábamos en mitad del campo. Al ver las vías oxidadas y retorcidas me di cuenta de que ese debió ser el túnel por el que los trenes un día pasaron bajo la carretera. Carlos nos reunió en un claro y nos dio la directrices del día: la caminata es suave y siempre cuesta abajo, y a pesar de la facilidad que supone ir siguiendo las antiguas vías del tren, nos recordó que era mejor no separarnos mucho.
Espectacular paisaje en el antiguo tren Bogota-Honda.
Espectacular paisaje en el ferrocarril Bogota-Honda.
Las vías del antiguo ferrocarril Bogotá  Honda son muy estrechas. Me hicieron recordar el pasaje del Amor en los Tiempos de Cólera en el que García Marquez describe al tren como un juguete del que descendían personas ataviadas con ropas de invierno en pleno calor tropical del Magdalena. En algunos tramos están casi intactas, mientras que en otros desaparecen por completo entre la maleza, en otros se alzan como fantasmas por el aire, sin que se sepa muy bien que ha pasado con el suelo sobre el que en mejores tiempos descansaban.
El balasto es aún apreciable en este túnel del tren Bogotá-Honda. Foto: Jorge Bela
El balasto es aún apreciable en este túnel del tren Bogotá-Honda. Foto: Jorge Bela
Aunque la caminata es siempre en suave descenso, al final resulta cansada, pues no es siempre fácil andar por las antiguas vías del tren. En muchos lugares hay aún piedras, restos del balasto que se coloca siempre en este tipo de vías para dar estabilidad a los rieles. Aunque en muchos tramos se pueden evitar usando caminos laterales, en otros se hace imprescindible caminar sobre las piedras, y eso fatiga mucho los pies.

Los antiguos puentes del tren se pueden vadear fácilmente. Foto: Jorge Bela
Los antiguos puentes del tren se pueden vadear fácilmente. Foto: Jorge Bela
Quizá los obstáculos más difíciles de salvar son los antiguos puentes en ruinas. Algunos son muy altos, y aunque es seguro cruzarlos con cuidado, es un trance complicado para personas con vértigo (como es mi caso). En todas las ocasiones es posible vadearlos sin mayores dificultades, y también son hermosos vistos desde abajo.
Animales y paisaje amenizan el paseo hacia Honda. Foto: Jorge Bela
Animales y paisaje amenizan el paseo hacia Honda. Foto: Jorge Bela
El camino discurre entre fincas, pequeñas casas, estaciones abandonadas. Uno no tiene tiempo de aburrirse contemplando los hermosos paisajes, y los animales domésticos que nos miran con cierto asombro. También es posible observar aves multicolores, un espectáculo habitual en tantos lugares de Colombia. Una vez llegados a nuestro destino, no nos queda mas que agradecer a Carlos y a Caminantes de Retorno por seguir abriendo a colombianos y extranjeros por igual caminos tan hermosos y que no figuran en ningún mapa o guía turística conocida.

Espectacular paisaje en el antiguo tren Bogota-Honda.
Espectacular paisaje en el antiguo tren Bogota-Honda.

Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Instrucciones. Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Instrucciones previas. Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela


Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela
Antiguo tren Bogota-Honda. Foto: Jorge Bela

Bogotá, un paraíso para los amantes de la cerveza artesanal

Sirviendo cerveza con tomate de árbol. Foto: Jorge Bela
Ya lo he dicho en muchas ocasiones: una de las cosas que mas me gusta de Colombia es el espíritu emprendedor de sus ciudadanos. Los colombianos nunca están contentos con lo que tienen a su alcance, y exigen más, pero no esperan que otros resuelvan el problema, sino que se ponen manos a la obra, y si encima pueden ganar algo de dinero con su empeño, mejor que mejor. Y uno de los ámbitos en los que a priori uno menos se puede esperar la iniciativa individual, es la fabricación de cerveza, pues se trata de un mercado dominado por gigantes de tal tamaño y calidad que pareciera que nada pueda crecer a su sombra.
Nicolás Cavanzo nos da la bienvenida al evento. Foto: Jorge Bela
Todo esto no fue obstáculo para Nicolás Cavanzo. Armado con estudios, una fórmula secreta y muchas ganas de innovar, abrió una micro fábrica y sacó al mercado, para deleite de los muy cerveceros, sus excelentes cervezas “Rolitas.” Con sus tres variedades, las “Rolitas” acompañaron a muchos bogotanos en sus momentos felices.
Cerveza con nombre de mujer fuerte: Raquel. Foto: Jorge Bela
Pero esto no fue suficiente para Nicolás. El sábado pasado organizó, conjuntamente con Juan Camilo Riveros y Camilo Rivera, el primer concurso de cerveceros artesanales y caseros de Colombia. Asistí al evento sin saber muy bien qué me iba a encontrar, esperando un pequeño grupo de fanáticos de la cerveza encerrados en un mundo opaco de fórmulas, lúpulos y temperaturas de fermentación. Cual no sería mi sorpresa cuando en un enorme salón había docenas de cerveceros mostrando, entre un buen ambiente generalizado, sus mejores productos. A la entrada me entregaron una tiquetera que incluía la cata de hasta 16 cervezas a concurso, y otras tantas de marcas ya establecidas, como Apóstol, BBC, 3 Cordilleras, y Colón, que no quisieron perderse el evento (su participación simultánea tiene ya por si sola alcance histórico en los anales cerveceros de Colombia). En ese momento maldije la decisión de haberme puesto a dieta estricta, por supuesto sin cerveza alguna, tras mi regreso de las vacaciones.
La cata de cervezas fue amistosa, jovial y sin afanes. Foto: Jorge Bela
Aunque no pude disfrutar de la maravilla que es beber vasos y vaso enteros, si pude probar la practica totalidad de las cervezas concursantes. Al pedir a penas un fondo de vaso, los asistentes me tomaron como un gran experto, y me explicaban con redoblado cuidado los detalles del proceso de elaboración, y los distintos sabores y aromas que se podrían apreciar en la cata. No les saqué del error, y lo cierto es que aprendí muchísimo de un mundo que a penas conocía.
El enorme salón estaba abarrotado de amantes de la cerveza. Foto: Jorge Bela
Entre las cervezas había algunas con ingredientes sorprendentes, como el tomate de árbol o el jengibre. Otras tenían un enigmático sabor tostado, que recordaba al café. Una ha sido específicamente diseñada para que se tomen siete vasos antes de poder saborearla en plenitud. La más aguerrida se elabora en un garaje, y así consta en las botellas. Entre mis preferidas estaba una con nombre de mujer: Raquel, un nombre con fuerza, según me aclararon los propietarios de Chelarte, la micro-cervecera que la elabora.
Los proveedores de insumos no quisieron perderse la fiesta. Foto: Jortge Bela
Quizá la lección mas relevante sea el que muchas de estas cervezas se sirven a domicilio en Bogotá, en barriles de 10, 20 o mas litros, listas para su degustación en cualquier evento. Yo lo tengo claro, en mi casa la próxima celebración incluirá un pequeño barril de una de estas cervezas artesanales.
El garaje produce una cerveza con alma rebelde, que finalmente ganó el concurso. Foto: Jorge Bela
La cerveza ganadora del concurso fue "Soul Rebel," elaborada en su garaje por Edwin Orozco, quedando en segundo lugar la cerveza con nombre de mujer fuerte: Raquel, del microcervecero Chelarte, y en tercer lugar la deliciosa 3 Carites APA, elaborada por 3 Carites.

Raquel obtuvo el segundo puesto en el concurso. Foto: Jorge Bela

Fomentando el uso de la bicicleta en Cali

Ciclovía de Bogotá
El crecimiento caótico y la falta de inversión en infraestructuras ha traído como resultado la generación de graves problemas de movilidad en todas las grandes ciudades de Colombia. En Bogotá, por ejemplo, la situación es cercana al colapso, y llegar al trabajo cada día supone una auténtica odisea para millones de Bogotanos. Durante las administraciones de Peñalosa y Mockus se lanzaron iniciativas innovadoras para fomentar el uso de la bicicleta. Algunas de ellas, como la ciclovía dominical, se han implementado con posterioridad en numerosas ciudades del mundo.

Ciclovía de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, la falta de mantenimiento, la ausencia de inversiones en ampliación, y algunos problemas conceptuales han frenado el uso de este tipo de transporte, sin duda el mas respetuoso con el medio ambiente. Aún así, casi medio millón de capitalinos lo utilizan a diario, una cifra inmensa. La administración actual ha intentado relanzar el uso de la bicicleta como medio de transporte, retomando las obras de ampliación y mantenimiento, y adoptando medidas que lo fomentan, como una ley que obliga a los parqueaderos públicos a admitir bicicletas a un precio casi simbólico.

Ciclovía de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Pero es en Cali donde se dan las circunstancias ideales para el uso cotidiano de la bicicleta: un clima ideal y una geografía mayoritariamente plana. Cientos de miles la usan a diario, lo que la convierte en la ciudad colombiana donde mas se usa en proporción a su población. Sin embargo, un desarrollo basado en la preeminencia del transporte motorizado ha hecho que montar en bicicleta en Cali sea una iniciativa incómoda y peligrosa. Muchos de los usuarios optan por este tipo de transporte porque no se pueden permitir otro.

Al igual que sucede en Bogotá, la administración actual busca devolver el protagonismo perdido al peatón, y crear los espacios y las infraestructuras necesarios para que el uso de la bicicleta sea cómodo y seguro. Les invito a leer el artículo que he escrito sobre el asunto en URB.IM, uno de los portales de urbanismo mas influyentes del mundo.


Protegiendo los Cerros Orientales de Bogotá

Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Los Cerros Orientales de Bogotá son probablemente el mayor tesoro ecológico de una ciudad (aunque no el único). Sin embargo, como el resto de los parajes naturales está gravemente amenazado por un crecimiento urbano imparable. Demasiadas veces los intereses económicos cortoplacistas se imponen a la defensa del patrimonio, esta vez natural, e incluso son un atentado a la razón. Ocupaciones ilegales, en ocasiones por viviendas de lujo, canteras, explotación forestal desmedida, son algunas de las plagas que han puesto a este increíble espacio contra las cuerdas (la situación es similar en otros muchos lugares de Colombia).
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Las talas descontroladas llegaron al punto de la deforestación total de los Cerros Orientales de Bogotá, como se puede ver en las fotografías antiguas de la ciudad. A mediados del siglo pasado se comenzó la repoblación, con especies no autóctonas. Algunas de estas especies son muy criticadas, como el eucalipto. Sin embargo, es indudable que estas repoblaciones supusieron un primer paso, aún muy mejorable, en la recuperación. Para los caminantes es fácil observar como debajo de los eucaliptos crecen arbustos y plantas autóctonas, que suponen el sustrato de la recuperación de la fauna. La pinocha que sueltan los pinos, sin embargo, no permite que crezca nada bajo sus copas. Queda mucho por hacer, pero reconozcamos que es mejor un bosque de eucaliptos que una ladera pelada.
Tan rolo como cualquiera: lagarto en los Cerros. Foto: Jorge Bela
La cantería también desfiguró por completo algunas zonas de las montañas. Ahora ya no se puede hacer legalmente, aunque siguen existiendo algunas ilegales. La recuperación del daño causado será lenta y costosa, pero es posible. Mas complicado es el tema de las ocupaciones ilegales. En algunos casos, éstas han llegado a conformar barrios enteros, que no dejan otra opción que la legalización. En otros casos se han realizado en zonas inestables o susceptibles de deslaves, lo que no deja otra opción que la reubicación de sus habitantes. Mas indignantes son algunas de las licencias otorgadas para la construcción de viviendas de lujo. Confiemos en que se demuestre la ilegalidad de estas licencias y así se evite la destrucción de ciertos sectores de los Cerros Orientales.
Camino de la Quebrada de la Vieja. Foto: Jorge Bela
Por último, la inseguridad ciudadana hace inaccesibles a la ciudadanía a la mayor parte de los Cerros. Atracos frecuentes, algunos muy violentos, desaconsejan adentrarse por la zona, salvo por caminos muy concretos. Gracias a la acción del colectivo Amigos de la Montaña se han conseguido abrir ciertos caminos, que no son sino un aperitivo en todo lo que las montañas de Bogotá podrían ser para la capital de Colombia.
Frailejones en Bogotá. Foto: Jorge Bela
Distintas decisiones judiciales y varias iniciativas ciudadanas, como las de los Amigos de la Montaña, invitan a albergar esperanzas de que la suerte de los Cerros orientales ha cambiado. Sin duda, no hay que bajar la guardia, sino incrementarla, pues los mismos peligros de siempre siguen acechando.

Les invito a leer el artículo que sobre el tema he escrito en URB.IM, uno de los portales de urbanismo mas influyentes del mundo.





Inseguridad frente a sensación de inseguridad en Bogotá




Artículo originalmente publicado en URB.IM, uno de los portales de urbanismo mas influyentes del mundo.

Aunque las autoridades afirman que las tasas de delincuencia han disminuido de forma significativa en Bogotá, la percepción pública de inseguridad no ha disminuido. La Policía metropolitana, por ejemplo, afirma que en el 2013 la tasa de homicidios disminuyó un 16 por ciento con respecto al año anterior. Los delitos de alto impacto, como el robo de celulares, disminuyeron un 11 por ciento en el mismo periodo. Sin embargo, en un sondeo se recoge que la sensación de inseguridad entre los encuestados aumentó considerablemente en 2012 (pasando del 38 por ciento en el 2011 al 46 por ciento). En 2013 se redujo al 42 por ciento.

Estos datos, aparentemente contradictorios, se deben a dos problemas interconectados: la existencia de los delitos de alto impacto y la enorme dificultad de obtener estadísticas fiables sobre los delitos en Bogotá. Los robos callejeros son, según el sondeo antes mencionado, los delitos que con diferencia más contribuyen a la sensación de inseguridad. El tráfico de drogas y las bandas callejeras se alternan en segundo lugar según los años. El 77 por ciento de los encuestados manifiestan haber sufrido un robo. Esta tasa se mantuvo constante en los años 2011, 2013 y 2013. El 70 por ciento de estos robos lo eran de teléfonos celulares. Estos delitos, que en ocasiones pueden ser muy violentos, son una de las principales razones por las que la sensación de inseguridad es tan elevada en Bogotá. Solo una de cada cuatro víctimas de robos lo denuncia ante la policía.

Otro factor que dificulta la comprensión del fenómeno de la delincuencia en Bogotá es la divergencia entre los datos que presentan las distintas autoridades. Por ejemplo, según la Policía Metropolitana—que es una rama del cuerpo nacional de policía—la tasa de homicidios en 2013 fue de 16,1 por cien mil habitantes. Este dato supone una mejora considerable frente a años anteriores, es de hecho la más baja en tres décadas. Aun así, es significativamente mayor que la publicada por la alcaldía, que es de 13 asesinatos por cada cien mil habitantes. El Instituto de Medicina Legal también publica sus propios datos, a menudo divergentes.

De este modo, el hecho de que no se denuncian y los problemas de fiabilidad de los datos oficiales explican la contradicción entre las tasas de delincuencia decrecientes y el aumento en la percepción de inseguridad. El presentar los datos de la delincuencia en mapas facilita la comprensión de la situación real. Los medios tradicionales pueden jugar un papel decisivo en este proceso. El Tiempo, el periódico más leído de Colombia, a menudo publica mapas en los que se presenta información geo referenciada sobre los delitos. En el 2012 lanzaron una iniciativa colaborativa, ahora desactivada, en la que los lectores podían reportar los delitos de los que fueran víctimas. Sin embargo, las iniciativas sociales y colaborativas pueden jugar un papel aún mayor. Una de esas iniciativas, el Ecocitizen World Map Project, suministran los mapas y carga los datos oficiales, aunque también permite a los usuarios registrados el cargar sus propias series de datos. Incluso se abre la posibilidad de que los ciudadanos utilicen el sistema para reportar delitos de los que son víctimas. Estas soluciones colaborativas están a penas en su infancia. Por ejemplo, aún no hay mapa disponible para Bogotá, aunque si lo hay para Medellín. La posibilidad de combinar datos oficiales con datos de investigadores y de ciudadanos supone una herramienta muy poderosa para conocer mejor los problemas urbanos y así facilitar la posibilidad de encontrar soluciones para ellos

Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...