jueves, 16 de octubre de 2014

De Chile a Colombia: El viaje es el destino

Cordillera de Cuzco, con sus inmensos glaciares, icnluyendo el Quelccaya. Foto: Jorge Bela
Cordillera de Cuzco, con sus inmensos glaciares, incluyendo el Quelccaya. Foto: Jorge Bela
A menudo la impaciencia por llegar nos impide disfrutar del tiempo que transcurre desde que salimos de nuestra casa hasta que, por fin, nos encontramos en nuestro destino. Los viajes en avión, antaño deseados como parte integral del viaje, ahora se contemplan con desconfianza, incluso con rechazo, pues las aerolíneas en muchos casos se han olvidado de que los clientes somos personas, los aeropuertos parecen centros de procesamiento de ganado, y en los aviones nos apiñan a unos sobre otros sin el menor miramiento. Los vuelos han dejado de ser fábricas de sueños y se han convertido en trámites pesados que no hay mas remedio que hacer.
Cordillera de Santiago vista desde el aeropuerto. Foto: Jorge Bela
Cordillera de Santiago vista desde el aeropuerto. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, el vuelo que realicé desde Santiago a Bogotá el martes pasado me devolvió al perdido mundo mágico de la aviación. Para empezar, LAN ofrece un servicio que es habitualmente superior a la media del sector, siendo especialmente destacable la amabilidad del personal que atiende a bordo. Pero fueron las vistas increíbles que pude observar desde mi ventanilla (asiento 18L) las que hciieron que el vuelo de 6 horas me pareciera corto.
Cordillera de Santiago vista desde el aire Foto: Jorge Bela
Cordillera de Santiago vista desde el aire Foto: Jorge Bela
Ya en Santiago, la cercanísima cordillera -- siempre impresionante-- me despertó del suave letargo en el que me encuentro siempre que vuelo tan temprano. Desde la pista de despegue los picos, aún nevados pero con muchas calvas primaverales se podían observar con total claridad. Parecían advertirme de que era necesario estar atento para no perderme nada del show que me esperaba en las próximas horas. Les hice caso, y luché por no dormirme durante las próximas horas.
Ya con el café sobre mi mesita, el paisaje verde se fue transformando en los característicos desiertos del norte de Chile. Desde el aire se podían apreciar los colores intensos de la tierra, las poblaciones dispersas, las ocasionales minas de sal. La constante alternancia de vistas en mi pantalla individual resultaba exasperante, pero de cuando en cuando aparecía el deseado mapa que me indicaba en qué zona del recorrido me encontraba. El altiplano y sus lagos daban la engañosa impresión de que volábamos bajo.
Zona desértica al norte de Chile. Foto: Jorge Bela
Zona desértica al norte de Chile. Foto: Jorge Bela
Ya en Perú, no pudimos ver Cuzco, pues quedaba a la izquierda del avión, pero a la derecha se erguían de forma absolutamente espectacular los inmensos picos nevados de sus cordilleras. El glaciar Quelccaya era perfectamente apreciable desde mi butaca, aunque no pude dejar de sentir tristeza al recordar que están desapareciendo a gran velocidad, derretidos bajo el cambio climático, al igual que sucede con los glaciares en Colombia.

Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
 Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
De los imponentes picos nevados se pasa rápidamente a la jungla amazónica peruana. Los ríos inmensos se pierden en el horizonte en busca del gran amazonas. Imposible dormir ante tan gran espectáculo. Lamentablemente, cuando ya nos acercábamos a los llanos colombianos, una espesa capa de nubes impidió seguir contemplando el paisaje, pero para mi fueron un motivo de alegría ya que soy consciente de los problemas de sequía que afectan a la zona.
Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
Cordillera de Cuzco desde el aire. Foto: Jorge Bela
Despues de algo mas de seis horas, aterrizamos en El Dorado. Había sido un vuelo espectacular, memorable. En este caso, sin duda alguna, el viaje ya había formado parte integral del destino.


NOTA: en LAN sí permiten la selección de asientos durante el proceso de facturación (check-in) Es absolutamente lamentable que Iberia se empeñe en cobrar una tasa por este mismos servicio, aún con asientos libres, el computador asignará una silla al azar, sin tener en cuenta las preferencias de los clientes. Una práctica rechazable y antipática por parte de Iberia, que demuestra un cierto e incomprensible desprecio hacia sus clientes.


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