El Virrey: un corredor ecológico para Bogotá

Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Mas de 100 especies de árboles son la vivienda perfecta para las aves. Foto: Jorge Bela
“En general, miramos mucho pero observamos poco,” afirmó rotundamente Jorge mas o menos a mitad del paseo por el parque del Virrey. Y tiene razón, yo paso por ese parque casi cada día, incluso corro por él siempre que puedo, y lo disfruto muchísimo. Sin embargo, esta mañana lo he visto de una forma totalmente nueva. Mi amigo Juan Carlos Caicedo había organizado una pequeña caminata enfocada a conocer su diversidad biológica. La invitación dejaba las cosas bien claras: el parque tiene nada menos que 60 especies de aves, y mas de 100 especies de árboles.
Juan Carlos Caicedo
Juan Carlos Caicedo. Foto: Jorge Bela
Llegué al punto de encuentro a las 7 y 5, y la charla ya había comenzado. Juan Carlos nos contó como su interés por el parque se había redoblado desde que vive en una de sus orillas. Muchos aspectos de su dimensión biológica son bastante desconocidos, algo que resulta sorprendente en un espacio urbano tan concurrido. Eso le animó a realizar un trabajo que será publicado la semana entrante, en el que se enumeran no solo los árboles y las aves, sino también los insectos, pequeños vertebrados y muchas especies botánicas observadas a lo largo de meses.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Una mirla se refresca en el caño.
El parque tiene una larga historia como espacio verde, pues anteriormente fue parte de un campo de golf del antiguo Country Club. Con los años fue adquiriendo su fisonomía actual, y es considerado como uno de los corredores ecológicos de ronda de la ciudad. Esto quiere decir que no solo tiene un valor recreativo, sino que se reconoce su alto valor ecológico. A pesar de esto, sufre diversas amenazas, como el desagüe de aguas negras cuando desbordan los colectores de drenaje, o la fumigación indiscriminada que busca acabar con ratas y zancudos, pero que tiene efectos devastadores sobre la ecología de la quebrada y sus alrededores. El hecho de que son muchas las entidades públicas, incluso alguna privada, que tienen competencias en el mantenimiento del parque complica aún mas las cosas.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Aún así, la diversidad biológica es asombrosa. No pudimos ver muchos pájaros en el paseo, pero Juan Carlos nos fue explicando minuciosamente los puntos donde suele ser mas fácil verlos, los árboles en los que encuentran mejor alimento. Nos fijamos en algunos detalles fascinantes, por ejemplo la cobertura vegetal que crece sobre la corteza de los árboles, y que da sustento a numerosas especies de insectos, que a su vez forman parte integral de la dieta de muchos pájaros.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
Riqueza biológica en la corteza de los árboles. Foto: Jorge Bela
Algunos de los problemas ecológicos no son fáciles de resolver, como por ejemplo los vertidos en épocas de mucha lluvia, pero Juan Carlos propone soluciones a pequeña escala para mejorar la salud biológica del parque. Por ejemplo, propone incrementar la diversidad de flores y plantas en los pequeños jardines privados de la zona. Esta solución, económica, no solo ayudaría a que las aves encontraran mejor alimentación en ciertas épocas, sino también fortalecería la vinculación entre los vecinos y su parque, además de su innegable valor pedagógico.
Parque del Virrey, Bogotá, Colombia
El parque conecta con los Cerros Orientales, al fondo en la foto.
La observación de ciertas aves que habitualmente solo viven en los cerros han permitido a Juan Carlos concluir que el parque lineal cumple con su función de corredor, uniendo la ciudad con los cerros. Es todo un lujo que estos animales puedan acercarse hasta el centro de la ciudad. Para poder disfrutarlos no basta con mirar, hay que observar con mayor cuidado. Vale la pena. A partir de hoy recorreré el Virrey, uno de los parques mas hermosos de Bogotá, con una mirada completamente distinta.

Versión Original, de Paco Roncero: tapas y estrellas en Bogotá

Nicolás López. Foto: Jorge Bela
Nicolás López, chef de Versión Original. Foto: Jorge Bela
Cuando Paco Roncero, uno de los chefs mas famosos de España, decidió abrir su restaurante en Bogotá—el primero en América Latina – quiso responder fundamentalmente a una pregunta: ¿qué es lo que más echan de menos los españoles que viven en Colombia? La respuesta para este cocinero que acumula dos estrellas Michelin en su restaurante de Madrid no podía ser otra: la comida. De ahí surgió el motor conceptual de su establecimiento, y para remarcarlo decidió ponerle un nombre que no deja lugar a dudas: Versión Original. Tras cuatro meses de apertura, la mayor parte de la clientela es lógicamente colombiana, que acude atraída por el nombre del fundador, sus estrellas y, durante los fines de semana, una atmósfera desenfadada, casi rumbera, que es la que consigue que los buenos restaurantes en Bogotá se llenen hasta arriba las noches de los viernes y sábados.
Tostas de jamón: no las hay mejores en Bogotá. Foto: Jorge Bela
Tostas de jamón: no las hay mejores en Bogotá. Foto: Jorge Bela
Paco obviamente no puede permanecer indefinidamente en Colombia, pero deja Versión Original en manos del jovencísimo cocinero madrileño Nicolás López. A sus 22 años ya tiene experiencia en restaurantes de fama mundial como el Fat Duck de Londres, con tres estrellas, o Zalacaín, un auténtico templo en Madrid. Por supuesto, estuvo algunos años en La Terraza del Casino y en el Taller, ambos de Roncero. Nicolás se siente mas que a gusto en Bogotá, y saluda a los comensales con afabilidad, aunque también los escucha con una atención poco común en un chef con tanta responsabilidad: sin duda su mente esta abierta a cualquier sugerencia, a cualquier comentario.
Leo Espinosa y Toya Viudes disfrutando en Versión Original. Foto: Jorge Bela
Leo Espinosa y Toya Viudes disfrutando en Versión Original. Foto: Jorge Bela
La semana pasada decidí, junto con mi amiga Toya, ir a conocerlo: una especie de homenaje particular para compensar los cotidianos reveses que sufrimos los blogueros en Colombia. Tomamos unas tapas en la terraza, que estuvieron deliciosas, pero lo mejor fue que tuvimos la ocasión de conocer casualmente a Nicolás. Ya era casi el final del turno de almuerzo, y se acabó sentando con nosotros a charlar durante un buen rato: ¡todo un lujo! Nos convenció de que volviéramos el viernes, y así lo hicimos (yo he vuelto otra vez desde entonces, con eso ya lo digo casi todo).
Tortilla de patata deconstruída en Versión Original. Foto: Jorge Bela
Tortilla de patata deconstruída en Versión Original. Foto: Jorge Bela
Cuando llegamos el viernes, la zona de tapas estaba abarrotada. Había un grupo celebrando un cumpleaños, caras conocidas y mucha gente queriendo pasarlo bien. Un dúo español amenizaba el ambiente con voz y guitarra. La atmósfera era muy relajada y cálida, y un enorme cartel de neón en el que se lee A Tapear presidía toda la escena. Para los que prefieran un ambiente mas tranquilo y un menú mas de restaurante, el segundo piso cumple esos requisitos. Nicolás nos mostró un espacio, ya en el tercer piso, en el que se va a abrir un taller gastronómico multisensorial, al estilo del que Paco Roncero abrió el pasado verano en Ibiza.
Nicolás da el último toque a un plato. Foto: Jorge Bela
Nicolás da el último toque a un plato. Foto: Jorge Bela
No probamos el menú del restaurante gastronómico, que tiene una mayor influencia del estilo innovador de La Terraza del Casino en Madrid,  pero las tapas estaban simplemente deliciosas. La atención a la materia prima marca las diferencias de un plato aparentemente tan sencillo como unas croquetas de jamón ibérico, que en V.O. están absolutamente soberbias. Probamos un plato innovador, los “filipinos,” que bajo una capa de chocolate blanco helado, esconden un foi a temperatura ambiente que al mezclarse se convierten en una combinación única de dulce y salado. El resto de las tapas son mas convencionales, pero la ejecución es perfecta, la técnica impecable y sobre todo las materias primas están supremamente seleccionadas. El restaurante no es barato, pero si se escogen las tapas y el vino con cuidado (hay una inmensa carta de vinos, con botellas que rozan los 2 millones de pesos, mientras otras se acercan mas a los 80.000), se puede disfrutar plenamente de la experiencia sin arruinarse.
Amparo Grisales en Versión Original. Foto: Jorge Bela
Amparo Grisales en Versión Original. Foto: Jorge Bela
En la web del restaurante se puede ver gran parte de la carta, y no voy a dar  mayores detalles sobre la misma. Pero si quiero mencionar que las horas pasaron volando, aupadas entre la buena música y la buena comida, y estuvimos entre los últimos clientes en abandonar el local. Sin duda alguna, la próxima vez que un contratiempo de esos que abundan en la vida de los blogueros me arrastre a las “saudades,” me autorecetaré la poderosa medicina de ir a cenar unas deliciosas tapas a Versión Original. ¡Allí les espero!
Músicos españoles. Foto: Jorge Bela

Croquetas de jamón ibérico. Foto: Jorge Bela


Sady González: fotógrafo de Bogotá

Foto: Sady González
Cuando veo las extraordinarias fotografías que Sady González tomó en Bogotá en abril de 1948, experimento algo muy parecido a lo que siento al ver la película de los últimos minutos de Kennedy en Dallas. Aunque sé que la inmensa tragedia es inminente e inevitable, al igual que un copiloto a veces usa piernas y brazos como si pudiera controlar el coche en peligro, en mi cabeza nace la esperanza de que esta vez las cosas serán diferentes, de que Kennedy llegará feliz a su destino, de que en Bogotá Eliécer Gaitán concluirá su fiero discurso en paz, y los bogotanos se dispersarán entre las calles y los cafés del centro capitalino, rumbo a sus casas. Obviamente, nada de esto sucede, y la obra de Sady González permanece como el documento imprescindible en el que se registra el comienzo de un terremoto de violencia y destrucción que aún hoy, 6 décadas mas tarde, sigue reverberando en Colombia.
Bogotazo. Foto: Sady González
Sady puso cara y dimensión humana al Bogotazo, uno de los episodios mas importantes de la historia del siglo XX. Sin sus fotografías, no sería posible entender esos eventos de la forma en la que los entendemos ahora. Su visión pausada es imprescindible para todo aquel que tenga un mínimo interés por este país.  Y no hay mejor oportunidad para hacerlo que visitar la excelente exposición que ha organizado el Banco de la República, y que se podrá visitar en la Biblioteca Luis Ángel Arango hasta l 15 de enero: nadie debería perdérsela.
Bogotazo. Foto: Sady González
Además de las impresionantes fotografías del Bogotazo, Sady retrató múltiples aspectos de la vida capitalina, desde los años 30 hasta su muerte en los años 70. (En la exposición se muestran fotos de los años 30, 40, y 50). Damas de la alta sociedad, disfrutando de un agradable y sofisticado día festivo en el hipódromo, comparten paredes con campesinos y trabajadores que posan orgullosamente ante las cámaras. En otras imágenes vemos patrullas de civiles armados, en búsqueda de delincuentes a los que arrestar. En ocasiones la ciudad es perfectamente reconocible, en otras a penas lo es, y no podemos sino mirar con nostalgia ciertas zonas que hoy han perdido su elegancia y su belleza. En  una de mis favoritas, vemos una calle perfectamente reconocible, con una inundación perfectamente reconocible, pero con un automóvil estrafalario circulando por ella, recordándonos de forma estridente el tiempo transcurrido. En muchas de las fotos aparecen los Cerros Orientales, el punto de referencia clave de la ciudad, cuya presencia hoy en día se ha difuminado con la profusión de edificios desproporcionados,
Bogotá años 50. Foto: Sady González
Pero lo que mas me gusta de Sady son sus retratos colectivos. Han cambiado las vestimentas, y la expresión de dureza ha desaparecido de muchos de los rostros hoy en día cotidianos en Bogotá. Aún así, las personas retratadas son perfectamente reconocibles, nos cruzamos con ellas cada jornada en nuestro deambular urbano. En las fotografías, desde el pasado nos miran con fijeza, y parecen advertirnos de un peligro inminente del que no somos plenamente conscientes. Debemos devolverles la mirada, intentar comprender el mensaje que nos envían, reconocer que la capital de Colombia les pertenece a ellos por igual que a nosotros.
Estudiantes bogotanos en la exposición. Foto: Jorge Bela
En el vestíbulo de entrada a la exposición se ha instalado una de estas fotografías grupales, muy ampliada, y en la que se ha recortado el rostro de un hombre y una mujer. Cuando llegué vi como algunos jóvenes estudiantes se divertían tomando instantáneas,  con sus rostros fundiéndose entre el blanco y negro de la instalación. El contraste entre la mirada fija y dura de los modelos originales de Sady, y el descuido sonriente de los jóvenes bogotanos jugando con la foto, hizo que me diera cuenta de que a fin de cuentas sí podemos hacer algo para cambiar la historia:  todavía estamos a tiempo de conseguir que los bogotazos jamás vuelvan a suceder, que la violencia política desaparezca definitivamente del horizonte de Colombia. De nosotros depende.
Primera imagen del fotógrafo que se conserva.




Triángulo de Fenicia, el planeamiento como herramienta de resolución de problemas urbanos

Centro de Bogotá. Foto: Jorge Bela
El planeamiento debería anteceder al crecimiento urbano, pero no siempre es así. La velocidad con la que han crecido las ciudades en América Latina ha impuesto un crecimiento caótico, y el planeamiento se ha tenido que conformar con un papel reactivo, impotente ante el tsunami humano. Pero no por esto dejar de tener una importancia crucial, y de tener una capacidad formidable para dar solución a los inevitables problemas que un crecimiento desordenado genera. Este es el tema del artículo que he escrito esta semana para URB.IM, uno de los portales de urbanismo mas influyentes del mundo. El articulo se centra en el controvertido proyecto para el triángulo de Fenicia, en el centro de Bogotá.

El crecimiento de esta zona fue inicialmente informal, aunque ahora se encuentra con un grado de consolidación bastante elevado. Muchas de las familias que habitan en este lugar lo hacen desde hace varias generaciones. Su proximidad a varios centros universitarios, especialmente la Universidad de los Andes, implica que tiene una gran actividad durante el día, pero que se transforma en tranquilidad, e inseguridad, durante las noches y en los periodos no lectivos. Para combatir estos problemas, incrementando la densidad de la zona y construyendo cientos de viviendas, se ha creado un proyecto liderado por la Universidad de los Andes, con la a probación y participación de la Alcaldía de Bogotá.

 Como todos los proyectos de este tipo, genera controversia por varias razones, como el riesgo de que la “gentrificación” expulse a los residentes tradicionales de la zona. Les invito a leer el artículo completo en URB.IM, y a que contribuyan con sus opiniones al debate que sobre el mismo se está generando.

Sobre el periodismo, Internet y la expectativa del "todo gratis"

Todo trabajo debe ser remunerado. Foto: Jorge Bela
Internet ha cambiado al mundo. Aunque en un principio las promesas eran exageradas y parecía que la cosa no avanzaba al ritmo esperado, lo cierto es que ahora es justo lo contrario: los avances tecnológicos están afectando nuestro quehacer cotidiano a una velocidad que es casi imposible de asimilar. Véase por ejemplo el concepto de privacidad, algo crucial para los seres humanos, que se ha transformado de forma radical en a penas tres o cuatro años.

Y no todo lo que ha traído esta revolución ha sido bueno, también han surgido ciertos problemas donde antes no los había. Y uno de los ámbitos donde la amenaza puede tener un elevado coste para toda la sociedad es el periodismo, mi profesión. La realidad es que los lectores que antes compraban sus diarios en los kioscos, ahora se han acostumbrado a leerlos gratuitamente en sus dispositivos. Las empresas editoras siguen luchando, con éxito relativo, por conseguir rentabilizar sus ediciones digitales, pero la inmensa mayoría de ellas sufren graves problemas económicos.

Esta transformación económica no es exclusiva de la prensa escrita. Basta pensar en las agencias de viajes, o en fabricantes de material fotográfico. Algunas empresas que en su momento fueron gigantes-- incluso aspirantes a monopolio --como Kodak,  se vieron arrastradas a una inimaginable quiebra. Otras, como Fujifilm, supieron navegar los rápidos con mayor habilidad, y se han transformado de forma exitosa. Pero el periodismo es un sector completamente distinto. La información contrastada y crítica juega un papel insustituible en la sociedad. Sin los recursos económicos suficientes, los medios de comunicación no tienen la gasolina necesaria para desempeñar su papel. Se dice a menudo que el periodismo no desaparecerá, sino que aparecerán nuevos modelos de negocio que lo harán viable. Esperemos que así sea, entre tanto los medios que actualmente le dan sustento a la profesión no tienen en muchos casos la fortaleza empresarial suficiente para garantizar la independencia.
Gráfico: Rafael Salazar Alonso-Revuelta
Y el problema del “gratis total” se sigue extendiendo de forma que roza lo increíble. Ya no es que sólo los lectores consideren que los contenidos periodísticos deban de ser gratuitos, si no que las empresas que contratan a periodistas también han “comprado” la idea y les empiezan a pedir que trabajemos de forma gratuita. Como lo oyen, es cada vez mas frecuente recibir invitaciones de todo tipo para que escribamos sobre éste o aquel tema, y lo publiquemos en nuestros medios, pero sin ninguna remuneración por ello.

Entre los instrumentos mas extraordinarios que han nacido con Internet están los medios de auto publicación, como blogs y micro blogs. Muchos periodistas decepcionados o excluidos de los medios tradicionales han abierto sus propios canales. Algunos han conseguido un éxito extraordinario, con miles, incluso millones de lectores. Sin embargo, estos medios no logran escapar de la plaga del “gratis total.” Véase el artículo recientemente publicado por Toya Viudes, la bloguera mas leída de Colombia, en el que nos alerta de que constantemente recibe propuestas de trabajo, muchísimas de ellas sin remuneración económica alguna. Lo curioso es que las personas que hacen estas propuestas “gratis total” sí cobran por su trabajo. Realmente conviene reflexionar sobre el argumento central de este artículo: la tecnología, por arte de birlibirloque, ha generado la expectativa de que los periodistas trabajemos gratis. Extraordinario, ¿no?

En el caso de los blogs de turismo, sin duda hay muchos periodistas que están encantados de escribir de forma gratuita a cambio de billetes, alojamiento, etc. O simplemente porque les gusta hacerlo. Sin embargo hay muchos otros, y suelen ser los que ya tienen un número considerable de lectores y una reconocida reputación, que exigen remuneración económica  a cambio de su trabajo. Hay quién argumenta que cuando cobran, los periodistas de alguna forma venden su integridad. Eso es no entender el periodismo. ¿Alguien piensa que Vargas Llosa vende su integridad cuando publica en El País o en el new York Times cobrando? Obvio que no, es al contrario, son las empresas las que adquieren integridad al remunerar a los periodistas, demostrando que valoran su trabajo.

Si empezamos por el final, la cosa está muy clara: no se puede esperar que nadie trabaje de forma gratuita. El que el trabajo sea remunerado es un concepto central de nuestra sociedad, de nuestra economía. Si la tecnología ha generado la expectativa contraria, entonces nos corresponde a los seres humanos volver a dejar las cosas claras. La cuantía de la remuneración depende de cada circunstancia, de cada negociación, y por eso es extremadamente variable. Pero la expectativa de trabajo gratuito es una aberración contra la que debemos luchar todos con todas nuestras fuerzas. Por el interés común, y no solo de una profesión concreta.

Chingaza - San Juanito: una travesía para soñar


Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Laguna de Chingaza. Foto: Jorge Bela
No tiene mucho sentido, por mas entusiasmo que nos haya despertado, decir que ésta o aquélla caminata son las mas hermosas de las recorridas hasta el momento. Pero una cosa sí puedo decir sin titubear: no conozco caminata mas hermosa que la travesía de la Laguna de Chingaza, en pleno páramo cundinamarqués, hacia San Juanito, a medio camino en el descenso a los Llanos Orientales. Llevaba varios años deseando hacerla. No en vano Chingaza fue el primer páramo que conocí, al poco tiempo de llegar a Colombia, y ya entonces se clavó en mi imaginación poder rebasarlo y descender hacia el Meta. A principios de éste año puede recorrer el camino desde San Juanito hasta el páramo, pero me faltaba el tramo que une la laguna con el pueblo. Se trata de un camino cuyo acceso está estrictamente prohibido por Parques Nacionales Naturales: en juego está la extremada fragilidad de su ecosistema.
Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Ascendiendo hacia la Leguna del Medio. Foto: Jorge Bela
Finalmente, la semana pasada lo pude conseguir. Carlos Avellaneda me pidió que formara parte del equipo de apoyo de una expedición que iba a recorrer justo este camino. Contaba con todos los permisos de PNN, pues están en proceso de estudio de la posibilidad de abrir, de forma controlada y restringida, el camino a pequeños grupos. No lo dudé ni un solo minuto. Ésta no es la mejor época para recorrer los páramos, pues es la mas lluviosa del año, pero la oportunidad no se podía dejar escapar.
Laguna del medio. Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Laguna del Medio. Foto: Jorge Bela
Partimos de la Laguna de Chingaza, tomando el camino que se adentra en el páramo, a la izquierda de la laguna, y que ya había recorrido en mi primera caminata sobre la zona. El grupo, a parte del equipo de Caminantes del Retorno, estaba formado por periodistas alemanes y por integrantes de Paramo, una empresa inglesa de ropa impermeable que tiene sus fábricas en Colombia, donde desempeña también una importante actividad de responsabilidad social. También nos acompañaban representantes de PNN. Miller, el guía de San Juanito a quien ya tuve ocasión de conocer en la caminata anterior por la zona, saltaba de roca en roca pendiente de todos.
Lagunillas en el Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
La fuerte ascensión se volvió mas suave poco antes de alcanzar la primera laguna, conocida como Laguna de en Medio. Desde allí se observaba perfectamente el antiguo circo glaciar, cuyo hielo ha dejado paso a incontables lagunas. Pero no podíamos detenernos demasiado, la travesía es larga y no convenía llegar de noche a nuestro lugar de destino: un refugio mantenido por los agentes del Acueducto (recordemos que en esta zona se capta la gran mayoría del agua que bebemos en Bogotá).
Vistas del Cañon del Guaitiquía desde el Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Vistas del Cañon del Guaitiquía desde el Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Una vez rebasada la línea de las montañas, que en muchos tramos coincide con la frontera entre Cundinamarca y el Meta, comenzó el suave descenso. El espectáculo no había hecho nada mas que empezar, y las lagunas y cascadas se sucedían. En algunos tramos la belleza del paisaje paramuno es tan intensa que llega a emocionar. El clima nos acompañó, aunque súbitos chaparrones ilustraban perfectamente la genialidad de llamar Páramo a una línea de ropa impermeable, que yo observaba con envidia. Al atardecer el descenso se hizo mas pronunciado, y las nubes se agolparon en los valles: nos sentíamos como pilotos buscando un lugar de aterrizaje. Llegamos al refugio de noche cerrada.
Refugio del Acueducto. l Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Refugio del Acueducto. l Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
La segunda jornada continuamos el descenso hacia San Juanito. Son horas y horas de bajada por un camino sumamente empinado, y con piedras resbaladizas. Las caídas eran frecuentes. El barro y los charcos, cuidadosamente evitados al principio, eran ya por entonces olímpicamente ignorados: las botas y los calcetines llegaron negruzcos y empapados. Finalmente llegamos a nuestro destino, donde nos esperaba una opípara cena y un par de polas entre amigos.

No es fácil cumplir sueños largamente acariciados, y esta caminata, por tanto tiempo anhelada, no solo no me decepcionó, sino que me resultó mas hermosa aún de lo que esperaba. Ojalá en PNNs consigan encontrar la fórmula para abrirla a un público mas amplio
Con Miller en San Juanito
Con Miller en San Juanito. Foto: Yamila Fakhour

NOTA: Este camino está cerrado, por el momento, a los visitantes. Es imprescindible obtener permiso previo de Parques Nacionales de Colombia. La caminata fue organizada por Caminantes del Retorno, en coordinación con Paramo. En las caminatas por la zona de San Juanito es imprescindible contar con el apoyo de un guía local, como Miller.

Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela

Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela

Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela
Páramo de Chingaza. Foto: Jorge Bela

Yamila rumbo al Meta. Foto: Jorge Bela

Camino prohbidio. Foto: Jorge Bela









Un descanso en el camino, con Carlos, Miller y Fernando



Con Yamila, escurriendo el agua de los calcetines, para poder ponérnoslos otra vez.


Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...