Una ñapa de nostalgia en medio de la prosperidad (II)

Las temibles escavadoras Hitachi acabando con un edificio en Bogotá. Foto: Jorge Bela
Hace poco más de un año escribí sobre una pintura que apareció en un edificio a medio demoler muy cerca de mi casa. Hoy en día ese pequeño y melancólico predio ha sido sustituido por una elegante mole de ocho pisos de altura. La velocidad de la construcción y el hecho de que todos los departamentos estén ya vendidos, según me informó una persona conocedora del asunto, son la prueba irrefutable del vigor que el mercado inmobiliario tiene en estos momentos en Bogotá.

Este era el dibujo que inspiró mi post inicial. Foto: Jorge Bela
Bienvenido sea el progreso. No cabe duda de que una densidad mayor, acompañada de las necesarias infraestructuras y servicios, puede redundar en una ciudad mejor y mas amigable para sus habitantes. Bienvenidos sean también, por tanto, mis nuevos vecinos, a quienes espero poder saludar por la calle antes de que termine el año. Sin embargo, conviene también hacer una pausa, y pensar en la Bogotá que poco a poco está desapareciendo.

Edificio que han levantado en menos de un año. Foto: Jorge Bela
Para la construcción de las nuevas moles se han destruido cafés, comercios, cigarrerías…lugares que eran el escenario cotidiano de muchos vecinos o personas que pasaban por el barrio. Lugares antes soleados, ahora tendrán sombras perpetuas, inescapables. Una forma de vivir está desapareciendo para siempre por mi barrio.
Otro gran edificio sustituye a otro mucho menor.
El dibujo del apóstol Santiago acabando con un feroz enemigo simbolizaba los sueños perdidos. Ojalá el nuevo edificio que tan velozmente lo ha sustituido tenga alguna obra de arte a la vista de los transeúntes. De ser así, se convertiría en el símbolo de los nuevos sueños que la prosperidad está generando en Colombia. Celebrémoslos al tiempo que recordamos las ñapas de nostalgia que el eterno proceso de destrucción/reconstrucción de las ciudades inevitablemente nos entrega.

El post original se puede leer aquí.





Buceo en Colombia: Un paraíso apenas explorado


Buceando cerca de San Andrés. Foto: Off2 Colombia

NOTA: Con este artículo esrito por mis amigos de Off2 Colombia comenzamos una serie que esperamos tenga muchas más entradas: blogueros invitados. Espero que disfruten y se animen a bucear en Colombia!

Para algunos, sumergirse en el agua durante períodos de tiempo que exceden las capacidades humanas es parecido a una pesadilla. Para otros, es un viaje hacia un mundo completamente nuevo; uno lleno de colores brillantes, poderosos predadores y maravillas naturales. Si usted está dentro del segundo tipo de personas (o si está simplemente intrigado con la idea de bucear), entonces viajar por Colombia le ofrece una mundo de oportunidades que, y esto es lo mejor de todo, apenas se están conociendo en el grupo de viajeros de las profundidades.

Hay varios destinos de gran importancia para bucear en Colombia, así que en esta nota le daremos un vistazo a algunos de los mejores.

Pez León. Foto: Off2 Colombia

Buceo en Taganga

Mientras las oportunidades de buceo en Cartagena son consideradas por muchos como sobreestimadas, sus vecinos, Santa Marta y Taganga, están ganando rápidamente una buena reputación por ser increíbles lugares para practicar este deporte. Allí encontrará cursos excelentes cursos para principiantes a muy buenos precio y quedará maravillado con el ecosistema. En el área se pueden ver tortugas, calamares, peces murciélago y otras especies de la fauna tropical. Estas ciudades son el destino perfecto para quienes quieren iniciarse en el buceo ya que, si durante la práctica descubre que esto no es lo suyo, la inversión es baja y no perderá mucho dinero. Mejor aún, sumergirse en este aguas es relativamente fácil y definitivamente se sentirá recompensado.

Buceando cerca de San Andrés. Foto: Off2 Colombia

San Andrés & Providencia

Esto, queridos viajeros, es el Caribe. Su gente es tranquila, el ron está disponible en abundancia, las playas son idílicas y, claro está, las oportunidades de buceo son fascinantes.
San Andrés y Providencia gozan de un mar con placenteras temperaturas durante todo el año, además de una gran visibilidad y abundante vida marítima. Es importante recalcar, que en esta área se encuentran las paredes, arrecifes, cuevas y chatarra marítima que delimita el suelo marino, aunque varios peces tropicales también la rondan.

Los sitios más importantes para bucear en San Andrés son la gran Pared Azul, ubicada en la costa este de la isla; Las Pirámides, que se encuentran en el norte y es ideal para principiantes que buscan ver colorida fauna, y Nirvana, un inmenso arrecife donde los buzos más avanzados disfrutarán mucho sumergirse.

En providencia, asegúrese de visitar Turtle Rock (la principal atracción de la isla), una roca de 35 pies de ancho que se divisa a partir de los 75 pies; Spiral, con frecuencia considerado el mejor lugar para encontrar peces en Providencia, y Nick’s Place, donde encontrará peces loro, mero negro, anguilas y otros peces tropicales. Lo mejor de estas islas es que, después de bucear, puede explorar las islas que son un verdadero paraíso tropical.

Ballena en la isla Gorgona. Foto: Off2 Colombia



Costa Pacífico e Isla Gorgona

La Costa Pacífico de Colombia es una de las regiones menos exploradas del país, aunque alberga una cantidad impresionante de biodiversidad y oportunidades de buceo en un área increíblemente rica. De hecho, 70% de las especies marinas del Trópico Oriental del Océano Pacífico, se encuentran en estas aguas.

Uno de los espectáculos más hermosos en Colombia es ver a las ballenas jorobadas emergiendo de las aguas del Pacífico cerca de la Isla de Gorgona (entre julio y octubre cada año). Aunque esto se puede ver desde una lancha en la superficie, el viaje a la Isla que alguna vez fue una prisión, ofrece muy buena oportunidades de buceo.
En la zona también se encuentran leones marinos, tiburones, pez martillo (ocasionalmente) y mucho más, además de playas salvajes y deslumbrantes donde seguramente no pensará en buceo.
Otros lugares recomendados en la Costa Pacífica de Colombia son Bahía Solano y El Valle, donde podrá ver gigantes manta rayas, pargos y mucho más.

Tiburones martillo en Malpelo

Malpelo (En la Costa Pacífica)

Malpelo es una especie de gran peñasco rocoso que se encuentra en el extremo oeste de Colombia. Está ubicada en el Océano Pacífico y rodeado de 11 pequeños peñascos, a casi 500km de Buenaventura. Su altura es intimidante, pero nada comparado a lo que se puede ver bajo la superficie.
Cardúmenes de más de 300 tiburones martillo rodean las rocas, junto con grupos gigantes de peces tropicales y los extremadamente raros tiburones dientes de perro (o monstruo de Malpelo). Otras especies propias de las profundidades del océano también habitan la zona y de seguro lo dejarán boquiabierto.
Visitar Malpelo es una de las mejores oportunidades en el mundo para acercarse a los tiburones en su hábitat natural y para bucear con aficionados de todo el mundo. Este destino ofrece una de las experiencias de buceo más singulares y asombrosas en el mundo así que, aquellos que se dedican a la exploración bajo el agua, no se lo pueden perder.

El único aspecto negativo de visitar Malpelo, es la dificultad de llegar allá. El alto costo del viaje puede desilusionar a muchos, con precios que pueden llegar a los $3000USD por una excursión de 8 días. A la Isla solo se puede llegar por mar desde la Costa Pacífica de Colombia, Panamá o Costa Rica.


Caminando por los caminos historicos de Colombia

Posada en el Camino Real de Honda. Foto: Santiago R. Leuro

Este mes en Colombia.Travel, la pagina oficial de Proexport, he escrito sobre  los caminos históricos de Colombia. Ya he recorrido algunos de ellos, como el de Choachi, el Camino Real de Honda, o el acceso a la Ciudad Perdida, y recomiendo a todos los turistas que vengan a Colombia, y que dispongan del tiempo suficiente, que recorran alguno de los múltiples caminos, algunos en excelente estado de conservaci'on, que desde hace siglos, mucho antes de la llegada de los europeos, cruzan el país de un lado a otro.

Aquí pueden leer mi post





Camino de Choachi. Foto: Jorge Bela
Ciudad Perdida. Foto: Jorge Bela




Maravillas de Colombia: una serie que vale la pena ver


Castillo de San Felipe. Foto: Discovery
Ayer estuve en la presentación del programa “Maravillas de Colombia” de Discovery Channel. Se trata de una iniciativa apoyada por Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MINTIC) y que busca divulgar aspectos poco conocidos de los edificios mas representativos del país. En una primera entrega la serie cubre la Catedral de la Sal, el Castillo de San Felipe, el santuario de Las Lajas y la Biblioteca España de Medellín.

Evocación d ela batalla. Foto: Discovery
Durante la presentación nos mostraron dos episodios resumidos. El primero es el correspondiente al Castillo de San Felipe, en Cartagena. Pocas personas conocen que este monumental edifico protegió a la ciudad caribeña del ataque de la mayor escuadra jamás formada hasta el momento. Los Ingleses llevaban en sus 186 barcos, 60 más que los de la famosa escuadra invencible,  cerca de 20.000 soldados. Tan seguros estaban de su victoria que incluso acuñaron anticipadamente monedas conmemorativas, que luego tuvieron que esconder.  Las fuerzas españolas, capitaneadas por el vasco manco, cojo y tuerto, Blas de Lezo, lograron derrotarlos pese a contar con menos de 3.000 soldados . A parte de la audacia de Blas de Lezo, el factor decisivo fue precisamente el Fuerte de San Felipe, en cuyas piedras dejaron graffitis los canteros que las trabajaron

Graffiti español. Foto: Discovery
Me supo a poco el episodio resumido que nos mostraron, y estoy deseando ver el resto, y conocer más detalles sobre la construcción de este magnífico fuerte que aún hoy se puede ver en Cartagena. También me gustó el resumen del episodio en el que se narra la construcción de la Catedral de la Sal, y que será el primero en emitirse este domingo 7 de julio a las 21.00 en Discovery y a las 21.30 en Señal Colombia.

Biblioteca España. Foto: Discovery
Discovery Channel ha creado un concurso en el que los usuarios podrán proponer otras maravillas arquitectónicas para capítulos futuros vía Twitter. Las imágenes se deben mandar con el hasta #maravillas de Colombia e incluir @tudiscovery en el trino.

La serie se retransmitirá por Discovery Channel en Colombia a las 21.00 los domingos, empezando este domingo día 7, y por Señal Colombia a las 21.30 horas también los domingos a partir del 13 de julio.

Aquí pueden encontrar más información sobre el programa así como horarios de emisión.

Las cosas bien hechas: campeones estelares

Carolina y Edgar, con el observatorio al fondo. Foto: Jorge Bela
El fin de semana pasado estuve en la VII Star Party (fiesta de las estrellas), organizada por el Observatorio Astronómico de la Tatacoa. Cerca de 300 personas se congregaron en lo que probablemente constituye la mayor fiesta divulgativa de la astronomía en Colombia (en otro post daré más detalles del evento). Entre ellos estaban los dos jóvenes que representarán al país en las 7as Olimpiadas Internacionales de Astronomía y Astrofísica que se celebrarán en Grecia a partir de la última semana de julio. Antes ya han obtenido medallas de oro en las competiciones nacionales y latinoamericanas, y se han convertido en activos participantes de la Red de Astronomía de Colombia (RAC), sabiamente regentada por Cristian Góez.

Carolina Castaño Uribe. Foto: Jorge Bela
Para Carolina Castaño Uribe el interés por la astronomía nació hace dos años, tras una visita al entonces recientemente reabierto Planetario de Medellín. Allí entró en contacto con el Club Orión y quedó atrapada en su fascinación por el universo. Una vez que termine el curso en el Colegio Teresiano de Envigado, ha decidido estudiar ingeniería geológica, bien en la Escuela de Ingeniería de Antioquia o en la Universidad Nacional. Me llamó la atención que escogiera una materia que a mi me parecía la opuesta a la astronomía. Para nada, me respondió, la tierra es a fin de cuentas un planeta, y existe toda una rama de investigación de astronomía geológica: no hay contradicción alguna, al contrario, son ciencias muy relacionadas. Su lógica contundente me hizo dar un respingo. Los exámenes de las olimpiadas de astronomía no son nada fáciles, me explicó. Como ejemplo, me citó la posibilidad de que le pidieran identificar una galaxia en base a su espectro electrométrico. Segundo respingo. Este tipo de preguntas no son un problema para Carolina, que obtuvo el primer lugar en las últimas olimpiadas latinoamericanas.

Edgar Montoya. Foto: Jorge Bela
Nacido en Cali, pero criado desde los 4 años en Barranquilla, Edgar Montoya tiene una curiosidad sin fin. En su colegio, el Instituto Humboldt, son muy aficionados a todo tipo de olimpiadas, y el participó en varias de ellas, incluyendo en física, matemáticas y química. Al principio no tenía mucho interés por la astronomía, pero hace dos años le empezó a gustar. Las observaciones son una fuente de conocimiento, me dijo, uno se da cuenta del tamaño del mundo cuando mira al universo, remató. A pesar de sus medallas de oro y de su amor por la astronomía, va a estudiar filosofía en la Universidad Nacional. Su principal motivación es el conocimiento, y piensa que la filosofía le dará la base necesaria para luego escoger un área concreta de especialización. Entre tanto, sin duda encontrará tiempo suficiente para seguir escudriñando el cielo. A fin de cuentas, pensé para mis adentros, también hay bastante afinidad entre la astronomía y la filosofía.

Con el Director del Observatorio de la Tatacoa,  Javier F. Rúa. Foto: Jorge Bela
Carolina y Edgar tienen unas personalidades muy diferentes. Carolina es reservada y reflexiva, Edgar es mucho mas extrovertido e impulsivo. Pero ambos tienen algo en común: una tranquilizadora seguridad en si mismos. Da gusto hablar con ellos, de cualquier tema. No tienen ni un ápice de pedantes, siendo por el contrario divertidos y todoterreno. Les deseo a ambos la mejor suerte en Grecia, y desde este blog contaré como les fue en la competición. ¡Ojalá la ganen!

Carolina y Edgar con Nicolás Cortés, de la RAC. Foto Jorge Bela


Un paseo en tren por la sabana de Bogotá

Máquina a vapor del Tren Turístico de la Sabana. Foto: Jorge Bela
El tren habitual, con más de 500 plazas, estaba completamente lleno, y por eso pusieron en circulación una segunda unidad. Sin embargo, ésta también se había llenado y no quedaba ni un solo billete a la venta en la estación de Usaquén, según nos informó una amable señorita parapetada tras la tradicional ventanilla. Elisa y yo nos mirábamos con sorpresa,  no se nos había ni siquiera ocurrido esta posibilidad. Afortunadamente aparecieron pasajeros que no podían viajar y pudimos comprar sus pasajes. Eso sí, mucha gente se quedó en tierra en esa soleada mañana de domingo, disfrutando de la pequeña estación que la empresa encargada mantiene como una tacita de plata.

Estación de Usaquén. Foto: Jorge Bela
El Tren Turistico de la Sabana llegó puntual, soltando una tremenda humareda y con los ruidos y silbidos que uno puede esperar de la última máquina de vapor en funcionamiento en Colombia. El encargado de la estación intentaba apartar a las familias de las estrechas vías, pero no daba abasto. Vi a madres apartar a sus niños y colocarse ellas en la mejor posición para sacar una foto a la renqueante máquina. El ambiente era completamente festivo, y el encargado nos llegó a dar una buena noticia: por los vagones pasarían empleados con bolsas para recoger la basura, por lo cual “ya no es necesario que se arroje por las ventanas,” dijo con fino humor cachaco.

A bordo no puede faltar la música. Foto: Jorge Bela
Las familias y grupos se dirigieron apresuradamente hacia sus vagones, mientras del tren descendió una banda papayera que amenizó toda la operación de embarque (ya quisieran las mejores aerolíneas del mundo ofrecer un servicio parecido). Una vez a bordo pudimos comprobar que los vagones estaban muy limpios, impecablemente mantenidos. Un fuerte silbido, un brusco acelerón, y ya estábamos en marcha. Para mi era la primera vez que montaba en un tren a vapor, y compartía el entusiasmo y la excitación del resto del pasaje. Pronto empezaron a pasar vendedores de todo tipo de comidas, que encontraron mucha demanda, y las deliciosas bandas musicales cuyos sones hicieron que el trayecto se hiciera muy muy corto.

Merengues de La Cibeles, "la eskinda dulce de Cajicá. Foto: Jorge Bela
Durante el paseo los viajeros pueden comprar tours a la Catedral de la Sal, las minas de Nemocón o visita a Zipaquirá, todo muy bien organizado. Hay tiempo de sobra para hacer una de estas visitas y luego comer tranquilamente en Cajicá. Para los golosos recomiendo la pastelería La Cibeles (la esquina dulce de Cajicá), donde se pueden encontrar los mejores postres caseros de la sabana. Pero hay que estar atentos, el tren no espera. La humareda y los furiosos silbidos nos apremian. En el regreso, a una velocidad que permite disfrutar del paisaje sin afanes, muchos niños dormitaban. Los mas mayores recuerdaban viejas historias de cuando el tren hacía servicio regular hasta Chiquinquirá. Al llegar a Bogotá pensamos que había sido un día verdaderamente delicioso.

Postres caseros sabaneros en La Cibeles. Foto: Jorge Bela



























Seis consideraciones a tener en cuenta antes de viajar a Colombia (Parte 2)


Moto en la carretera Honda-Barranquilla. Foto: Jorge Bela
En mi post de ayer repasé tres aspectos que es importante tener en cuenta antes de viajar a Colombia. Aquí está la segunda entrega:

4. Viajes internos

El hecho es muy simple: Colombia está atravesada de sur a norte por tres gigantescas cordilleras, que arrancan en la frontera con Ecuador y llegan hasta el mismísimo mar Caribe. Quizá lo más hermoso de este país sean precisamente sus contrastes: picos permanentemente nevados se alzan directamente sobre playas caribeñas desde las que pueden ser observados entre baño y baño. Pero esta invitación constante a la aventura y a la exploración viene con un coste: es muy complicado moverse por tierra, y viajes que sobre el papel pueden parecer cortos, se  prolongan durante horas.

La orografía ha impuesto unas carreteras endiabladas, y aunque en estos momentos están en marcha grandes proyectos de modernización de las infraestructuras, son insuficientes y anticuadas. Por todo ello muchos visitantes prefieren ir de un sitio a otro en avión. Ese no es mi caso: siempre que puedo viajo en autobús, e intento disfrutar del trayecto como parte integral del viaje. Algunos buses son sumamente cómodos, con asientos reclinables, tomas de corriente, wifi…otros no lo son tanto. Para quienes tengan tiempo y quieran conocer mejor Colombia, el bus es muy buena opción. Eso si, no se olviden de leer mi post sobre ciertas recomendaciones al respecto.

Tren en Bocas de Ceniza, Barranquilla. Foto: Jorge Bela
Lo que no puedo recomendar es el alquiler de un auto. La conducción es muy complicada, a veces directamente peligrosa, y siempre agotadora. Al no haber transporte ferroviario de mercancías, todo el comercio se hace por carretera, y tractomulas de dos vagones circulan por vías angostas y en mal estado. Pueden surgir problemas imprevistos, como desprendimientos en la vía, que obligan a tomar desvíos complicados. Si se quiere viajar en un auto privado, lo mejor es contratar un carro o furgoneta con conductor local. Los precios aún son razonables, y nos puede salvar de muchos quebraderos de cabeza.

Desafortunadamente, el servicio regular de tren de pasajeros ya no existe, al igual que sucede en la mayor parte de América latina. El último servicio disponible es un tren turístico que va de Bogotá a Zipaquirá y Nemocón, y que solo funciona los domingos y festivos.

Río Magdalena, navegable, desde el avión. Foto: Jorge Bela


5. Alojamientos

El sector turístico en Colombia está en fase de despegue. La voz se ha corrido y el crecimiento de visitantes extranjeros ha sido exponencial en los últimos años. Sin embargo, la infraestructura hotelera, mucho mas lenta en su lógico desarrollo, sigue siendo la propia de un país con mucho menor atractivo turístico. En lugares como Cartagena existen hoteles fabulosos que rivalizarían con el Ritz del París, y que comparten el mercado con todo tipo de ofertas para todos los bolsillos. Fuera de estos lugares puntuales, la oferta es muchísimo más limitada. Conviene por tanto esperar alojamientos básicos, muchos con encanto y con buenos precios, pero sin lujos ni sofisticación. Para sorpresa de muchos visitantes, algunos de estos establecimientos básicos tienen precios elevados, sobre todo en la cercanía de grandes ciudades, especialmente Bogotá, o durante los famosos puentes festivos, durante los cuales la demanda interior se dispara.

Una vez más, conviene informarse bien antes de reservar una habitación, y ajustar las expectativas a lo que uno se va a encontrar realmente. Obviamente, la situación es muy fluida, y dentro de muy pocos años habrá cambiado completamente: ya son muchos los grandes inversores internacionales que están considerando Colombia en sus planes de expansión en el sector turístico.

Tucán en el Hotel Santa Clara de Cartagena. Foto: Jorge Bela
6. Salud

Finalmente, es muy difícil visitar Colombia sin dejarse tentar por alguna de sus maravillas naturales. Ya sean los nevados perpetuos, las junglas que ocultan tesoros como la Ciudad Perdida, o el mismísimo río amazonas con sus delfines rosados, imposible no hacer una incursión fuera de los núcleos urbanos. Una vez más, es importante tener en cuenta que la naturaleza nunca está libre de riesgos, pero estos se pueden prácticamente eliminar tomando las debidas precauciones. El mal de altura en las cumbres, las vacunaciones para las zonas tropicales, o la protección contra el sol o los mosquitos deben estar presentes antes de tomar el avión. Aunque el agua es potable y deliciosa en Bogotá, es mejor usar agua embotellada en el resto del país, y llevar pastillas potabilizadoras si se va a viajar por la jungla.

Espero que estas consideraciones resulten útiles. Colombia es un país maravilloso, en un momento dulce, especialmente para los turistas a quienes les guste combinar cultura y naturaleza en sus viajes. ¡Aquí les espero!





Seis consideraciones a tener en cuenta antes de viajar a Colombia (Parte 1)



Unos amigos madrileños me han pedido consejo sobre su inminente viaje a Colombia. A raíz de las conversaciones que he tenido con ellos surgió la idea de escribir este post. Se trata de consideraciones generales que espero sean de interés para todo aquel que esté considerando visitar este hermoso país.


1. Oportunidad

Colombia está en un momento singular de su historia: la prosperidad económica y la expectativa de la finalización del larguísimo conflicto ha puesto bajo el foco internacional los ingentes atractivos turísticos que habían permanecido mayoritariamente ocultos hasta fechas muy recientes. Aunque el número de visitantes extranjeros está creciendo de forma exponencial, el volumen total sigue siendo aún relativamente pequeño. Salvo en lugares como Cartagena de Indias, con una larga tradición turística, y algunos otros puntos igualmente concurridos, aún es posible disfrutar de auténticas maravillas naturales casi en completa soledad. Esto va a cambiar, sin duda, a medio plazo, por lo que conviene aprovechar esta oportunidad sin demora.





2. Seguridad

El conflicto armado ha quedado circunscrito a ciertas regiones geográficas, pero en ocasiones éstas son las sumamente hermosas e interesantes para los visitantes.  A medida que aumenta la seguridad en el país, mayor es el interés que estas zonas, antes completamente inaccesibles, ofrecen a los turistas. La mejor prevención es la información: antes de adentrarnos en zonas que pueden presentar problemas de seguridad, lo mejor es informarse muy cuidadosamente sobre la situación en ese momento. En caso de la menor duda, la única opción razonable es evitar la zona y visitar cualquier otra: no olvidemos que la mayor parte del país ya no presenta problemas de este tipo. Los incidentes de turistas con grupos armados han sido muy escasos en los últimos años.

Por otro lado conviene no olvidar las precauciones habituales para evitar los delitos comunes. De nuevo, la mejor defensa es la buena información, y sobre todo no “dar papaya,” expresión colombiana equivalente a la española: “no dar pié.” En este caso se traduce en no hacer exhibiciones de objetos de alto valor, no adentrarse por barrios inseguros, desconocidos o solitarios, evitar en lo posible tomar taxis en la calle, etc…




3. Prudencia

La imponente geografía colombiana es una de las razones que convierten a este país en uno de los más hermosos del mundo. Recorriendo distancias relativamente pequeñas se puede pasar de un glaciar con nieves perpetuas a una jungla de temperaturas tropicales. Esta orografía, junto con la ubicación ecuatorial, exige adoptar ciertas precauciones, sobre todo cuando nos alejamos de los núcleos urbanos. Lluvias torrenciales, crecidas súbitas de los ríos, desprendimientos rocosos, el mal de altura, por poner tan solo algunos ejemplos, pueden jugar una mala pasada a turistas desprevenidos. Conviene ser especialmente cuidadoso en la alta montaña, donde es fácil perderse o sufrir un percance,  por lo que resulta obligatorio ir acompañado, y en ciertas rutas contratar a guías expertos. También en las zonas calientes hay insectos y serpientes sumamente venenosos.

Colombia se aproxima a los 50 millones de habitantes, pero la población está concentrada en la región andina y en los núcleos urbanos. Fuera de ellos hay vastas regiones casi totalmente despobladas. De nuevo, el mejor consejo es informarse muy detalladamente de las rutas que se van a seguir, y llevar los medios adecuados para superar cualquier pérdida o incidente (mapas, GPS, botiquín de primeros auxilios).





Panela: de la tierra a la taza

Bloques de panela, ya casi listas. Foto: Jorge Bela
Confieso que no tenía muy claro como se elabora la panela. Sabía que se sacaba de la caña de azúcar, pero poco más. La semana pasada estuve en Chitavindá, una finca en Villeta dedicada desde tiempo inmemorial al cultivo de la caña, y que en los últimos años se ha abierto al turismo, para permitir pasar un día agradable junto a una piscina, pero sobre todo para que adultos y niños urbanícolas puedan observar todo el proceso de elaboración de la panela. Para quien no conozca el término, la panela son unos bloques de azúcar sin refinar, generalmente rectangulares. En Colombia se utiliza muchísimo, sobre todo en la elaboración de bebidas calientes, a veces con limón.

Una de las tres formas de plantar la caña. Foto: Jorge Bela
En Chitavindá nos mostraron las tres técnicas de plantación de la caña (se escoge una u otra dependiendo de si la estación es seca y lluviosa) así como los métodos exclusivamente manuales de cuidados y recolección. También nos mostraron los árboles de jagua, siempre presentes en los cañaverales pués su madera se utiliza para hacer los moldes, y sus frutos antiguamente para elaborar tinta, y los de balso y guásimo, cuyos frutos se utilizan en la elaboración final de la panela. Tras un agradable y caluroso paseo por la plantación nos montamos en un Jeep Willys nos llevaron a un trapiche, lugar en el que se extrae el jugo de la caña y se elabora la panela.

Molino de caña de azúcar. Foto: Jorge Bela
Tan solo en Villeta hay 463 trapiches, lo que da idea de que se trata de una industria artesanal, casi familiar. Salvo porque el molino estaba impulsado por un motor, el que visitamos funcionaba exactamente igual que podía haber funcionado hace mil años. Primero se extrae el líquido de la caña, y los restos se ponen a secar. El liquido se traslada a unas vasijas donde se mezcla con jugos de los frutos de balso y guasito, cuyos mucílagos absorven como por arte de magia las impurezas, como restos de tierra y de fibras. Con los estos de caña de moliendas anteriores, ya secos, se alimenta un horno que va calentando el jugo, a temperaturas cada vez superiores a medida que se traslada a cubetas consecutivas. Poco a poco va adquiriendo su característico color tostado, y mayor espesor. Finalmente se traslada a una cubeta sin calefactor, para que enfríe y espese. De ahí se vierte sobre los moldes de jagua, y de ahí ya directamente se empaqueta.

Calentando en jugo de la caña. Foto: Jorge Bela

El trabajo es incesante, desde el molino, la persona que alimenta el horno, los que agitan el líquido, y finalmente los que lo expanden sobre los moldes: nadie se toma ni un solo minuto de descanso. Por un lado entra la caña, por otro salen las cajas ya con los bloques de panela empacados. Es un espectáculo que vale la pena ver. Los productores se han asociado y se están organizando para coordinar la producción, las visitas turísticas y la adopción de buenas prácticas de elaboración orgánica (sin químicos y sin pesticidas): los consumidores podrán estar seguros de que están comprando un producto artesanal, pero de la máxima calidad.
La panela, en sus moldes. Foto: Jorge Bela
La visita al Chitavindá se organizó como parte del Blogtrip Villeta, patrocinado por los hoteles Villeta Resort y Villeta Boutique.






Caminata a Las Moyas, con terrorífica visita a las cuevas del mismo nombre

Las famosas moyas de los Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Desde que llegué a Bogotá estaba soñando con llegar hasta las cumbres más altas de los Cerros Orientales. En los atardeceres veo en la lejanía unas antenas cuyas lucecitas brillan casi imperceptibles. Finalmente tuve la ocasión de hacerlo, en una caminata organizada, entre otros, por Guillermo Silva. La cita era a las 7, relativamente tarde para este tipo de convocatorias, y aún esperamos a que llegara la policía que nos iba a dar protección durante el trayecto. Valió la pena, y la satisfacción era grande cuando por fin el grupo, de más de 40 personas, se puso en marcha y comenzó la ascensión cerca del Club Metropolitan.
El grupo comienza la ascensión. Foto: Jorge Bela
A medida que avanzaba la ascensión, el grupo se fue estirando como una gran serpiente: a la cabeza iban los más rápidos, verdaderos atletas de la montaña para quienes el desnivel era un aliciente para acelerar el paso. En la cola los sufridores, con cara congestionada, la respiración a tope y gesto suplicante. Pero no había misericordia: la caminata proseguía casi sin descanso rumbo a las cumbres. Pronto desaparecieron los árboles, y la espectacular vista de la ciudad se hizo aparente. Un poco más arriba pudimos ver los primero frailejones, con sus rara vez vistas flores amarillas en pleno apogeo. Es un verdadero milagro que en el término municipal de una megaurbe puedan crecer plantas tan frágiles. Es obligación de todos los bogotanos defender por todos los medios este tesoro ecológico que son los Cerros Orientales.

Frailejones en la capital de Colombia. Foto: Jorge Bela
Bogotá desde sus cerros. Foto: Jorge Bela

Llegando a la cima. Foto: Jorge Bela

Finalmente alcanzamos la cumbre y el grupo se tomó un descanso. Animados por el buen tiempo, brotaron las conversaciones y los caminantes comenzaron a conocerse mejor. Un lagarto collarejo posó largamente para los fotógrafos: aún seguía completamente inmóvil sobre un frailejón cuando nos marchamos. La caminata siguió plácidamente durante un buen rato, llaneando entre las espectaculares moyas, que despertaron todo tipo de especulaciones sobre su origen geológico. Finalmente descendimos hacia San Luis, entre rumores—falsos—de que nos habíamos perdido. De San Luis a la Finca las Moyas, lugar en el que se encuentra la cueva, hay a penas un corto paseo.

Lagarto collarejo, posando. Foto: Jorge Bela
Ya en la Finca descansamos un rato, tomamos tinto y compramos deliciosas empanadillas. El ambiente relajado y distendido, que pronto descubriríamos  para nada anticipaba lo que nos esperaba. Finalmente nuestro guía nos llevó hasta la boca de la gruta. El comienzo era un descenso de unos 4 metros por una precaria y resbaladiza escalera. El guía repetía a grito pelado donde debíamos poner cada pié para llegar sin contratiempo a suelo firme. El suelo luego no resultó ser tan firme, pues en río cubría la zona mas plana de la cueva, lo que nos obligaba a encaramarnos en las rocas, saltando de una a otra. Tal y como nos había anticipado el guía, no pasamos nada de frío, sino que mas bien sudábamos por el esfuerzo. La cueva es hermosa, y amplia: el esfuerzo valió la pena. Los niños fueron quienes mejor lo pasaron, aunque todos nos sentimos un poco niños durante el kilómetro largo que recorrimos bajo tierra. Una brisa nos indicó que ya estábamos llegando a la salida, y a los pocos vimos de nuevo la luz. Las docenas de linternas frontales se fueron apagando una a una.
Yamila abre camino en la gruta. Foto: Jorge Bela
En resumen, una gran excursión, con grandes vistas, buen ejercicio, fauna, flora y motivos geológicos interesantes, y sobre todo buena compañía. Sin duda, lo mejor que ofrece Bogotá es su gente y los Cerros Orientales. Volveremos a explorarlos muy pronto.

A la salida de la cueva, todos tenemos las manos negras. 
Para los amantes de los datos, recorrimos unos 9 kilómetros, sin contar la gruta, y alcanzamos una altura máxima de 3.289 metros. Todos los datos y el track se pueden encontrar aqui.




Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...