Jardín Botánico de Bogotá: renacimiento en un oasis de paz

Ejemplares de victoria regia amazónicas. Foto: Jorge Bela
Bogotá vive en medio de una difícilmente comprensible contradicción : está ubicada entre espacios naturales absolutamente espectaculares (páramos, bosques de niebla, ríos y lagos prístinos), pero padece una agobiante falta de espacios públicos y de parques. Se está intentando poner remedio a este problema abriendo los Cerros Orientales a la ciudadanía y convirtiendo calles y autopistas en ciclovías los días festivos. Sin embargo, pocos lugares dentro de la capital de Colombia ofrecen tanta tranquilidad, tantos remansos de paz, como el Jardín Botánico José Celestino Mutis.

Frailejones en el jardín botánico. Foto: Jorge Bela
Fundado, como tantos otros jardines de su tipo, por un coleccionista amante de la botánica, Enrique Pérez Arbeláez, durante la segunda mitad del siglo XX cayó en el abandono y en una gestión que no se ajustaba a los criterios científicos que deben regir los botánicos. Su función no es solo la de cobijar con su  sombra a los paseantes, sino servir como un intenso foco de divulgación y también como centro de investigación. Desde hace un par de años se están corrigiendo los errores del pasado reciente y el Jardín Botánico está recuperando su perdido esplendor.

Patricia nos transmite su entusiasmo por la botánica. Foto: Jorge Bela
En la entrada nos esperaba una amable señorita, cuyo nombre aún no conocíamos, que nos explicó las opciones de la visita: esperar unos minutos a que partiera un grupo con guía, o comenzar el recorrido por nuestra cuenta, con algunos materiales de apoyo que ella nos entregaría. La espera era corta y no lo dudamos. Un pequeño grupo se unió a nosotros y pronto comenzó el recorrido. Patricia, que así se llama la persona que nos recibió, resultó ser también nuestra guía. Su entusiasmo por la botánica en general y por el Jardín en particular se notó desde el primer momento, y acabó por contagiarnos a todos.

Palmera de cera, la planta nacional de Colombia. Foto: Jorge Bela
Estuvimos visitando algunos de los ecosistemas representados en el Jardín. Patricia nos daba explicaciones, nos invitaba a recoger hojas del suelo y romperlas para reconocer sus aromas, nos mostraba las distintas estrategias de supervivencia vegetal, incluso sacaba objetos vegetales variados de sus aparentemente infinitos bolsillos para aclararnos algunos aspectos concretos. El recorrido de una hora se nos hizo corto, y fue mucho lo que aprendimos durante ese tiempo. Los invernaderos ya tuvimos que recorrerlos por nuestra cuenta.

Ejemplar de flor autóctona. Foto: Jorge Bela
No es fácil mostrar en un solo jardín toda la diversidad botánica de Colombia. Los frailejones que sí crecen dentro del perímetro municipal de Bogotá, en las zonas altas de los páramos, sobreviven con gran dificultad, gracias a enormes sombrillas, a la altura del Botánico. Sin una nave refrigerada, es difícil lograr que alcancen una altura considerable. Más sencillo resulta replicar los climas calurosos de los bosques tropicales, pues basta edificar un invernadero y el fuerte sol ecuatorial, aunque brille solo unas horas al día, se encarga de mantener la elevada temperatura necesaria.

Masdevallia ígnea, otra espectacular flor de Colombia. Foto: Jorge Bela
Pero el Jardín no es solo ciencia y divulgación, es un espléndido espacio público al servicio de los bogotanos. Vimos madres paseando sus hijos, incluso unos recién casados que se estaban tomando miles de fotos en los rincones más
Románticos del recinto.

Flor nacional de Colombia. Foto: Jorge Bela

El Jardín Botánico de Bogotá está renaciendo. Vale la pena con creces hacerle una visita a ver como va mejorando en su imparable recuperación


2014 un año lleno de esperanza, pero también de incertidumbre en Colombia


Atardecer en Bogotá. Foto: Jorge Bela

En mi artículo de URB.IM de esta semana Hay muchas cosas positivas que esperar para el año 2014 en Colombia. Se prevé que se mantenga el crecimiento económico, al tiempo que las conversaciones de paz pueden acabar con un conflicto armado que ha durado ya varias décadas. Estas circunstancias presentan un escenario sin precedente para aliviar los problemas de pobreza y desigualdad que sufre el país. Bogotá y Cali, las dos ciudades que seguimos en URB.IM , tienen iniciativas en marcha que pueden ofrecer soluciones concretas a estos dos problemas. Sin embargo, la incertidumbre es también elevada, tanto a nivel local como nacional. Las elecciones presidenciales, la inestabilidad del gobierno municipal en Bogotá, y la propia incertidumbre de las conversaciones de la Habana impiden que podamos hacer un pronóstico totalmente favorable.

Les invito a leer el artículo completo en URB.IM

Venciendo los miedos en Támesis

Torrentismo en Támesis, Antioquia. Foto: Jorge Bela
A veces visitamos lugares en busca de reconocer los paisajes o los edificios que ya conocíamos por películas o por fotografías. Como cazadores en un safari visual, nos limitamos a reconocer, a sentir el goce de estar en el lugar anhelado, de sacar una fotografía que nos permita compartir el momento con propios y extraños. En otras ocasiones llegamos a lugares desconocidos en los que nos encontramos inesperadamente a gusto. Puede ser la gente, la atmósfera, algún monumento hasta entonces desconocido pero que nos llama la atención, con intensidad redoblada por el efecto de la sorpresa.  Otras veces, los viajes nos abren las puertas a una experiencia totalmente nueva, que no solo disfrutamos en el momento, sino que tienen el poder de transformarnos, de generar una memoria que podrá ser invocada no como mero recuerdo sino como referencia, no solo agradable, sino también útil e inspiradora, incluso años después de haberla vivido. El viaje que realicé a Támesis el pasado mes de diciembre se encuentra dentro de esta última categoría.

Rodrigo Echeverry nos muestra la técnica del rappel. Foto: Jorge Bela
Rodrigo Echeverry, fundador de Ecocartama, nos vino a recoger a Medellín. De allí partimos inmediatamente en una camioneta hacia Támesis, Antioquia, su pueblo natal. “Allí no esperéis encontrar concentraciones de turistas,” nos anunció. En efecto, Támesis es un pequeño pueblo, ubicado en la cordillera Occidental de Colombia. Descansa en una amplia meseta, directamente sobre el río Cauca pero con un clima suave, casi perfecto, gracias a su altura relativa y a las brisas que cada tarde bajan de las montañas. Y es que por encima de Támesis se alzan unas inmensas rocas, que son la antesala del bosque de niebla y de las posteriores cumbres, las últimas que separan Antioquia de los departamentos del pacífico.

Mágnifica cascada en Támesis, Antioquia. Foto: Jorge Bela


“No buscamos un turismo de masas,” aclara Rodrigo, “sino un turismo que sabe muy bien lo que quiere, que admira la naturaleza y el paisaje, y que es escrupulosamente respetuoso con el medio ambiente y con el entorno cultural." En breve escribiré con más detalle sobre Támesis, uno de los pueblos mas agradables de Colombia, pero por ahora baste decir que nos encontramos inmediatamente cómodos en la terraza de su plaza. La arquitectura está bien conservada, sobre todo en los volúmenes, y se están corrigiendo algunos errores y excesos arquitectónicos llevados a cabo en épocas hoy felizmente superadas.


Alina y Héctor en pleno rappel. Foto: Jorge Bela
Tras nuestra primera toma de contacto con el pueblo, Rodrigo nos detalló las experiencias que nos esperaban en los dos próximos días: en primer día practicaríamos el rappel en una de las inmensas rocas que se yerguen sobre el pueblo, y en el segundo aplicaríamos los conocimientos adquiridos en el descenso por una cascada de 90 metros. “No se trata de turismo de aventura,” enfatizó, “sino de una experiencia singular, en la que se busca enfrentar y vencer los miedos.

Rappel en Támesis. Foto: Jorge Bela

Ninguno de los participantes teníamos experiencia previa en el rappel ni en el torrentismo, y muchos padecemos de vértigo. Sin embargo, al final de la experiencia todos, excepto dos, lograron enfrentar sus temores a la altura. Entre los dos que no lo logramos, estaba un compañero que había sufrido una reciente caída del caballo, y yo, que opté por seguir el evento desde "tierra firme." En todo momento nos sentimos apoyados en nuestra decisión por Rodrigo, con la misma intensidad que los que sí se aventuraron notaron la seguridad que es la preocupación principal de Ecocartama.

El grupo, tras superar la prueba. Foto: Jorge Bela
Las fotos lo dicen todo: la aventura fue extraordinaria, segura e inolvidable. Incluso los que no la completamos tuvimos la ocasión de aprender las técnicas y experimentar, a una escala mucho menor, la sensación de vacío. Cuando en las prácticas estábamos colgados, Rodrigo nos animaba: “mirad hacia atrás.” Lo que se ve no es fácil describir. El mundo se vuelve curvo, y la infinita visión periferal nos da una perspectiva totalmente nueva. El gran Cauca parece fluir en dirección contraria, y sentimos el pulso acelerarse. Una experiencia que todos deberíamos sentir al menos una vez en la vida.

Estupenda vista de Támesis, parcialmente obstruída por Jorge Bela
Aquí está la crónica realizada por mis amigos de Viaja por Colombia. Mi agradecimiento a la Gobernación de Antioquia y al Bureau de Medellín por invitarme a la participación en este press trip.





Luces navideñas en Medellín


En pocos lugares del mundo se lleva la navidad más a gala que en Medellín.  El encendido de luces, que tiene gran tradición en toda Antioquia, ha encontrado la tormenta perfecta en la capital industrial del país: una colaboración entre las autoridades y las empresas privadas, sobre todo de energía y comunicaciones, que sumada a la legendaria laboriosidad paisa, han conseguido lo inimaginable. El epicentro de la celebración se extiende a lo largo del río Aburrá. Lo que habitualmente es una autopista se convierte durante los meses navideños en una gran avenida peatonal. Por un tiempo limitado los peatones recuperan un espacio usurpado por el tráfico rodado, y tienen acceso directo al frío en inquieto afluente del Cauca.


Pero casi nadie presta atención a las caliginosas aguas, pues todas las miradas se centran en el despliegue insólito de luces: sobre el río, junto a él, por todos lados aparecen bombillas – Leds, de bajo consumo, nos aclara el guía – agrupadas por temas y colores. Entre las luces, espacios visitables con alusiones a los motivos navideños: el portal, la visita de los reyes, etc. La Navidad es tiempo de alegría, y los miles de visitantes que cada día visitan las iluminaciones son buena prueba de ello. Aunque los niños disfrutan como locos, los adultos de todas las edades pasan también un buen rato, admirando tan espectacular e incesante espectáculo. La policía garantiza la seguridad, pero parace también formar parte de la alegría y el buen humor colectivo.



Los carros que circulan por las vías que aún tienen abiertas lo hacen despacio, desafiando cualquier afán, pues sus ocupantes tampoco quieren perderse nada. Sin embargo, de ser posible uno debe aventurarse a pié entre las luces, perderse algunas horas, incluso retornar en días distintos, pues no hay dos iguales. Las luces acaban compitiendo con los paseantes por ser las verdaderas estrellas del espectáculo. Como forastero, creo que al final es la gente de Medellín quien se lleva el premio: son los jóvenes que disfrutan en grupos o en parejas, los niños que se saben protagonistas temporales, los ancianos que vencen sus dolores y perezas para embarcarse en paseos mucho mas demorados de lo habitual. Por fin la ciudad es para sus ciudadanos, para su disfrute, para su felicidad. Todo lo demás pasa a segundo plano. Medellín vuelve a  ser el mejor vividero del mundo.



Este año además se está proyectando un show tridimensional sobre la fachada de la Catedral Metropolitana. Hace referencia a la historia del Valle de Aburrá, y vale la pena verlo. Su único inconveniente es que se hace muy corto, uno quiere seguir viendo más y mas. El año que viene se hará imprescindible retornar.


Y qué mejor manera que desear a los lectores unas felices fiestas que con imágenes de Medellín en diciembre! De corazón les deseo a todos los lectores del blog unas felices fiestas y un próspero año 2014.


Mi agradecimiento a la Gobernación de Antioquia y al Bureau de Medellín por invitarme a participar en este Press Trip 








Detección como forma de prevención: fomentando las pruebas en Bogotá

Foto: AIDSVaccine

Se estima que en el mundo por cada persona diagnosticada con HIV hay al menos otra contagiada pero que desconoce su estatus. En Colombia esto es sin duda una realidad.  La falta de diagnóstico es un problema con un alcance muy grande: la detección precoz puede mejorar el tratamiento y el pronóstico, y es un instrumento de gran importancia para frenar el contagio. Para la ONG Liga Colombiana de Lucha Contra el SIDA, la falta de infraestructura, laboratorios y asesores, así como la falta de confianza en el sistema de atención a la salud, y, muy especialmente, el temor a la no confidencialidad de los resultados, constituyen los dos factores decisivos a la hora de frenar el acceso a las pruebas de diagnóstico. A estos factores hay que sumar la falta de información sobre la enfermedad, y en especial el desconocimiento de que los síntomas pueden tardar años en manifestarse.

Para conocer mejor la situación en Bogotá, la ciudad de Colombia con una mayor incidencia, les recomiendo que lean mi artículo en URB.IM (http://urb.im/ca131202bts), uno de los portales de urbanismo más influyentes del mundo.

Guatapé: del infortunio a la fama


Una de las cosas que más me llamó la atención por el recorrido del Oriente de Antioquia es que los pueblos que la integran han roto rivalidades ancestrales y colaboran entre todos para mantener su intensa vitalidad y dar a conocer su interés turístico. Estando tan cerca de la gran urbe Medellín, pueden contar con las visitas de fin de semana desde la capital del departamento, pero aspiran a más, y por eso están dando forma a rutas específicas que tengan atractivo no solo en Colombia sino más allá de las fronteras. Quizá en ningún otro lugar el esfuerzo haya sido mayor que en Guatapé, conocida como el ave fénix de la región. Pasó de sufrir la grave amenaza que supuso la inundación de la mayor parte de su término municipal, consecuencia de la construcción de un gigantesco embalse hidroeléctrico en los años 70, a ser el epicentro del turismo acuático en Antioquia. Lanchas der todo tipo, desde pequeñas hasta gigantescas discotecas flotantes, surcan las frías y tranquilas aguas del embalse, para deleite de los visitantes que contemplan con asombro no solo el hermoso paisaje, sino las elegantísimas residencias que se están construyendo en algunos segmentos de sus orillas.


Pero Guatapé no se conformó con el agua, sino que el nuevo pueblo fue hermosamente decorado, recuperando los tradicionales zócalos en las casas, empedrando los pavimentos y adoptando hermosos colores para decorar las fachadas. Es una delicia recorrer las calles de Guatapé, como todas las del Oriente, llenas de vida, en búsqueda de un restaurante, o un comercio, mientras de descifran las historias que van contando los zócalos multicolores.


El Peñol, una roca gigantesca situada a pocos kilómetros del centro urbano, es otro ejemplo de cómo convertir una herencia pesada en una fuente de fama y felicidad. Históricamente se consideraba a este pedrusco como un problema para sus propietarios: era inaccesible daba sombra a los terrenos sobre los que resultaba imposible cultivar nada de provecho. Con la llegada del turismo, sus propietarios decidieron construir unas escaleras, con más de 700 peldaños, que permiten llegar hasta la cumbre. Desde allá se contempla “la vista más hermosa del mundo,” nos dicen. Imposible resistirse, pese a que las escaleras, en su ascenso casi vertical, producen terror entre los perezosos y los que padecemos vértigo. Sin uno saber como, se consigue llegar a la cumbre, y en efecto la vista es desde allí hermosa, aunque su título de suprema belleza sin duda sería debatida por otras en incontables municipios de Colombia.


Guatapé es sin duda un ave fénix, un lugar que ha sabido encontrar la fama precisamente en su
infortunio. Un lugar que sin duda vale la pena conocer en el recorrido por el orgulloso y hermoso oriente antioqueño.

Carmen del Viboral: historia de dos hornos

Decorando a mano la porcelana. Foto: Jorge Bela
El Carmen del Viboral hunde su tradición artesana muy hondo en sus raíces históricas. La anomalía es lo que sucedió tras la entrada masiva de importaciones baratas frente a las que el trabajo manual y laborioso que se había realizado desde siempre en el Oriente de Antioquia no pudo inicialmente competir. Pero fue un periodo limitado, pues el tiempo ha dado de nuevo la razón al trabajo pausado y cuidadoso frente a la masificación implacable, y en el Carmen se han vuelto a encender los hornos, y se vuelve a producir la mejor cerámica que se pueda encontrar en cualquier lugar del mundo, no solo de Colombia.

Museo de Cerámica. Foto: Jorge Bela
No hace falta buscar mucho para encontrar manifestaciones de la tradición ceramista: algunas de las calles carmelitanas están decoradas con los diseños más reconocidos de la región. En una de ellas, propiamente llamada Calle de la Cerámica, se buscó inspiración en los diseños de Gaudí, adaptándolos a las tradiciones locales: no hay ninguna otra calle como ésta en Colombia. Sin embargo, una visita bien planificada debe comenzar en el Museo de la Cerámica, ubicado en la Casa de la Cultura. A lo largo del recorrido se conoce el proceso de elaboración de la céramica, y una valiosa selección de diseños históricos y contemporáneos. La visita es corta pero sumamente interesante, y un excelente plan para llevar niños.
Torno tradicional. El Carmen del Viboral. Foto: Jorge Bela

Posteriormente visitamos un horno tradicional, en el que a base de madera y mucha paciencia, se cuece lentamente el barro. Los tornos giran a toda velocidad, mientras los artesanos dan forma una a una a las materas y todo tipo de recipientes. En este horno pareciera que no hubieran pasado los siglos. El excelente clima de Marinilla mantiene una temperatura fresca y agradable, pese a la recarga constante de leña que exige el vetusto fogón. El barro, para no dañarse con las llamas u oscurecerse con el humo debe resguardarse en moldes protectores. El resultado final es sorprendentemente preciso y uniforme: pese al trabajo estrictamente manual, pareciera que todo había salido de una enorme máquina.

Por este horno tradicional no pasan los siglos. Foto: Jorge Bela
La fábrica de cerámicas Renacer, que visitamos a continuación, cuenta con todos los métodos tecnológicos avanzados: el horno de gas está controlado por computador, y las instalaciones son asépticas y modernas. Pero el alma de sus cerámicas sigue siendo artesana: cada pieza, una vez cocida, recibe su baño se esmalte de forma manual y cuidadosa. Y, por supuesto, los diseños son pintados uno a uno, sin prisa, por artistas que consiguen que cada pieza sea a la vez única e inconfundiblemente parte de la misma serie. Curiosa también la historia de esta fábrica, que fue fundada por Nelson Zuluaga, trabajador de una antigua y muy tradicional empresa, que cerró en 1997. Nelson decidió fundar una nueva fábrica, y de ahí surgió Renacer.

Cada pieza es bañada en esmalte manualmente y con cuidado. Foto: Jorge Bela
La ruta del Oriente de Anqioquia encierra muchas sorpresas, muchos lugares interesantes de visitar. El Carmen del Viboral es otro ejemplo en el que se pueden ver completamente vivas las tradiciones que hacen que esta región de Colombia pueda sentirse legítimamente orgullosa.





Marinilla: turismo religioso en la Ruta del Oriente

Cristos en el taller del Maestro Soto Giraldo. Foto: Jorge Bela
El turismo religioso es, junto con las artesanías y las fiestas populares, uno de los componentes centrales de la ruta del Oriente de Antioquia. Y en este aspecto Marinilla destaca especialmente. No solo tiene una hermosa iglesia colonial construida en 1.752, la Capilla de Jesús el Nazareno, sino que ha sabido impulsar otras manifestaciones artísticas que la hacen interesante. Ya vimos en el post anterior que Marinilla tiene alma musical, y por eso no puede faltar un importante festival de música religiosa en el marco de Semana Santa. Se celebra desde 1978, y tiene lugar precisamente en la Capilla de Jesús el Nazareno, un marco singular con una acústica inmejorable. Su fama es ya internacional, superando las fronteras de Colombia.

El Maestro Soto Giraldo. Foto: Jorge Bela

Pero Marinilla ha sabido dar el apoyo necesario a sus artesanos para que desempeñen sui cuidada labor. Entre ellos destaca el maestro belenista Alberto  Soto Giraldo. Pocas tradiciones navideñas son tan populares como los belenes, y en esto el maestro Soto tiene poca competencia en el mundo. Ya no da abasto para toda la demanda que tienen sus piezas, algunas descomunales, y en su taller trabajan con cuidado y paciencia varios artesanos, incluyendo su esposa. Utiliza materiales tanto tradicionales, como la madera y el yeso, como  otros más avanzados, como algunos derivados del propileno. Todo, eso sí, está hecho a mano. Sus mayores belenes están destinados a espacios públicos, y tienen gran tamaño y complejidad de instalación. También venden piezas sueltas para los belenes de las casas de toda Colombia.

Museo de Cruces y Cristos de Marinilla. Foto: Jorge Bela

También vale la pena visitar la curiosa colección ce Cristos y Cruces, la mayor del mundo. Tiene 2.760 piezas, y está en proceso de homologación en los records Guiness. La colección fue donada por el incansable coleccionista Roberto Hoyos Castaño, y es cuidadosamente mantenida por la municipalidad. La visita es guiada, y resulta ameno escuchar las particularidades de cada Cristo y Cruz. La diferencia entre ambos, nos explicaron, es que en el primer caso aparece tan solo Jesús, y no la cruz en madera en la que fue crucificado. Desde piezas con un reloj, has las cruces de San Benito, usadas en los exorcismos, podemos ver incontables variaciones del devoto motivo religioso.

El turismo religioso es sin duda otra razón para acercarse a la orgullosa Esparta de Colombia.



Marinilla: música y artesanía en la Esparta colombiana

Brian “El Fiera" y Emmanuel "Pulgracito" en pleno "pique." Foto: Jorge Bela 

A los marinillos les gusta recordar que su ciudad es la Esparta de Colombia, atribución que se debe a la fiereza de sus ciudadanos. A ellos recurrían los próceres de la patria cada vez que necesitaban soldados sin miedo ante una batalla decisiva. Basta visitar su museo de historia, sobre el que escribiré en breve, para darse cuenta del papel clave que esta pequeña localidad, a 40 kilómetros de Medellín, ha tenido en la historia militar del país. Pero en este post no voy a hablar de aguerridos soldados, sino de otro aspecto en el que ha destacado Marinilla: la música. En el oriente antioqueño lo cortés no quita lo valiente.

Fábrica artesanal de guitarras Arbeláez. Foto: Jorge Bela
“Marinilla, ciudad con alma musical” es el lema con el que se está intentando dar a conocer este aspecto, para muchos oculto, de la Esparta americana. Para empezar, son nada menos que tres los festivales de música que alberga. En Semana Santa, y desde 1978, el Festival de Música Religiosa. En noviembre se celebra el festival de música andina, cuyo nombre oficial hace honor a John Castaño Cuartas. Finalmente, en enero se celebran las fiestas populares, una tradición inveterada de gran repercusión y fama en toda la región. (Aunque no sean expresamente musicales, cabe destacar que en octubre se celebra un festival de teatro infantil y en agosto uno de teatro adulto.

la sexta generación de la familia Arbeláez. Foto: Jorge Bela
Pero volviendo al terreno de la música, en Marinilla se encuentra el taller de guitarra de la familia Arbeláez, que abrió sus puertas en 1860 y ya está en manos de la quinta generación de la familia. Tuve la suerte de visitarlo, y finalmente pude conocer el proceso mediante el cual se obtiene la singular forma de las guitarras. No pienso revelar el secreto aquí: si quieren conocerlo tendrán que visitar Marinilla. Baste decir que hacer una guitarra, según procedimientos estrictamente artesanales, demora mínimo un mes, aunque puede ser un proceso mucho mas largo dependiendo de lo requerimientos de los clientes. La variedad de maderas y acabados parece infinita, pero es la calidad del sonido la que atrae al lugar a músicos como Juanes, que acuden con gafas y pelucas para no ser reconocidos.


La trova es uno de las artes musicales de Antioquia. En Marinilla están insertando nueva savia formando a los jóvenes trovadores desde niños. Nosotros tuvimos la oportunidad de comprobarlo con un extraordinario pique entre Brian “El Fiera" y Emmanuel "Pulgracito." Alma de música, sin duda.




¿Un café delicioso preparado con agua helada?: Sí, en el laboratorio del café

Cafetera para preparar café con agua helada. Foto: Jorge Bela
El café colombiano es necesariamente caro. Sus características singulares, y los procesos mayormente artesanales de recolección, selección, y tostión hacen que sea imposible competir con el precio, quedando solo espacio para competir por calidad. Y es precisamente la altísima calidad lo que ha sostenido la aceptación internacional del café de Colombia. Sin embargo, la mayor parte de la mejor producción se ha dedicado a la exportación, y el consumo interno se ha cimentado en producto no tan bueno, incluso importado.

Todo esto está cambiando en gran parte gracias a pequeños emprendedores que compran directamente el café a productores locales, a los que visitan personalmente, y con los que establecen un diálogo constante para conseguir que el café sea consistente cosecha tras cosecha y que tenga particularidades fácilmente identificables. Tal es el caso del Laboratorio del Café, ubicado en las instalaciones de la repostería Mikaela, en pleno Medellín.

Preparando el café antes de descascarillarlo. Foto: Jorge Bela
En el laboratorio han identificado una docena de productores ubicados en el eje cafetero, a los que compran prácticamente toda su producción. Cada café tiene su identidad propia, y llega con garantía absoluta de que en el proceso de recolección, lavado, secado y selección no se ha cometido error algún: ni un solo grano se recoge verde, ni uno ha sido dañado por insectos u hongos. Los lotes pequeños están perfectamente clasificados, con cuidadosas anotaciones. Para descascarillar el café utilizan una pequeña máquina, y luego lo tuestan a la perfección. La tostión es uno de los puntos más delicados del proceso: un exceso y toda la personalidad del café desaparece (es la técnica usada con los granos de peor calidad para disimular sus deficiencias). En el Laboratorio utilizan una máquina sumamente sofisticada, con un computador que registra en cada momento la temperatura y el grado de humedad del horno. Pero nada puede sustituir el criterio experto del tostador, que escudriña por una ventana los granos, y cada poco tiempo extrae una pequeña cantidad para comprobar como se va transformando el aroma (la fragancia es el término técnicamente correcto).

Tostando en el Laboratorio del Café. Foto: Jorge Bela

“Es importante que no transcurran demasiados meses desde la tostión,” nos aclara David Molina, gerente del Laboratorio, “y el café debe ser consumido idealmente no mas de una semana después de haber sido molido.” Para demostrarlo nos dieron a oler una bolsa de café comercial, molido hace tiempo, frente a una bolsa de su café, recién molido. La diferencia es espectacular. Pensando que había truco, hice la prueba en mi casa con un paquete que me traje de Medellín y otro del supermercado, recién abierto, y el resultado fue idéntico.

Barista en pleno trabajo en el Laboratorio del Café. Foto: Jorge Bela

Finalmente nos mostraron las numerosas máquinas que tienen para preparar el café, y con las que experimentan. Nos dieron a probar uno hecho con agua helada, que atraviesa el café gota a gota a lo largo de toda una noche. El sabor era intrigante, completamente diferente al café preparado de cualquiera de las formas tradicionales. No siempre es posible tener un buen café y menos recién molido y tostado, pero sin duda vale la pena. A todos los que estén en Colombia, los invito a procurarlo.

Postre de Mikaela con el que nos obsequiaron. Foto: Jorge Bela

Por la ruta del Oriente de Antioquia

El grupo al final del viaje. Foto: Jorge Bela
La semana pasada estuve invitado junto con otros tres periodistas a participar en un press trip (viaje organizado para dar a conocer destinos turísticos) por Medellín y algunos pueblos cercanos, parte de la la Ruta del Oriente Antioqueño. Aunque ya conocía algo de la capital de Antioquia, no conocía nada de sus alrededores, y no quedé decepcionado. Conocimos los secretos de los silleteros y como se preparan para el festival de las flores, subimos los mas de 700 escalones de la roca de Guatapé, observamos como se puede preparar un sorprendente café con agua helada (y mucha paciencia), aprendimos como se hacen las guitarras, las porcelanas decoradas a mano, y las materas, escuchamos a jovencísimos trovadores; y conocimos varios pueblos llenos de vida y de prosperidad, indiferentes a la atracción gravitatoria que ejerce la gran capital cercana. Como tan a menudo sucede en Colombia, por todos lados nos recibieron con una espectacular sonrisa.
El grupo estaba conformado por Paulina Parra, del Medellín Convention Bureau, Juan Pablo, y los periodistas Fabio, del Huila, Paul, australiano, y Assam, británico. En este tipo de viajes nunca faltan las anécdotas: desde tener que empujar entre todos la buseta que se había quedado atascada en el barro, hasta la ayuda que prestó sin dudar un momento Paul, el periodista australiano, a un anciano cuyo ternero había decidió escaparse. Muy bien la organización del viaje, a cargo del Medellín Convention Buró, y  la guianza a cargo de  Turismo en Medellín. A pesar de que la agenda fue agotadora, pasamos muy buenos momentos.

Paul ayuda a un campesino a recobrar su ternero.
Aprovecho la ocasión para agradecer a la Alcaldía de Medellín y a la Gobernación de Antioquia por invitarnos a participar en el press trip. A lo largo de la semana iré contando lo que vimos y aprendimos durante el mismo.

Assam y Paul revisan notas.


Masonic House of the Temple: a Wonder Hidden in Plain Sight

Masonic House of the Temple. Photo: Jorge Bela There is plenty of invocation to classical architecture in Washington. Even modern buil...