jueves, 28 de noviembre de 2013

Carmen del Viboral: historia de dos hornos

Decorando a mano la porcelana. Foto: Jorge Bela
El Carmen del Viboral hunde su tradición artesana muy hondo en sus raíces históricas. La anomalía es lo que sucedió tras la entrada masiva de importaciones baratas frente a las que el trabajo manual y laborioso que se había realizado desde siempre en el Oriente de Antioquia no pudo inicialmente competir. Pero fue un periodo limitado, pues el tiempo ha dado de nuevo la razón al trabajo pausado y cuidadoso frente a la masificación implacable, y en el Carmen se han vuelto a encender los hornos, y se vuelve a producir la mejor cerámica que se pueda encontrar en cualquier lugar del mundo, no solo de Colombia.

Museo de Cerámica. Foto: Jorge Bela
No hace falta buscar mucho para encontrar manifestaciones de la tradición ceramista: algunas de las calles carmelitanas están decoradas con los diseños más reconocidos de la región. En una de ellas, propiamente llamada Calle de la Cerámica, se buscó inspiración en los diseños de Gaudí, adaptándolos a las tradiciones locales: no hay ninguna otra calle como ésta en Colombia. Sin embargo, una visita bien planificada debe comenzar en el Museo de la Cerámica, ubicado en la Casa de la Cultura. A lo largo del recorrido se conoce el proceso de elaboración de la céramica, y una valiosa selección de diseños históricos y contemporáneos. La visita es corta pero sumamente interesante, y un excelente plan para llevar niños.
Torno tradicional. El Carmen del Viboral. Foto: Jorge Bela

Posteriormente visitamos un horno tradicional, en el que a base de madera y mucha paciencia, se cuece lentamente el barro. Los tornos giran a toda velocidad, mientras los artesanos dan forma una a una a las materas y todo tipo de recipientes. En este horno pareciera que no hubieran pasado los siglos. El excelente clima de Marinilla mantiene una temperatura fresca y agradable, pese a la recarga constante de leña que exige el vetusto fogón. El barro, para no dañarse con las llamas u oscurecerse con el humo debe resguardarse en moldes protectores. El resultado final es sorprendentemente preciso y uniforme: pese al trabajo estrictamente manual, pareciera que todo había salido de una enorme máquina.

Por este horno tradicional no pasan los siglos. Foto: Jorge Bela
La fábrica de cerámicas Renacer, que visitamos a continuación, cuenta con todos los métodos tecnológicos avanzados: el horno de gas está controlado por computador, y las instalaciones son asépticas y modernas. Pero el alma de sus cerámicas sigue siendo artesana: cada pieza, una vez cocida, recibe su baño se esmalte de forma manual y cuidadosa. Y, por supuesto, los diseños son pintados uno a uno, sin prisa, por artistas que consiguen que cada pieza sea a la vez única e inconfundiblemente parte de la misma serie. Curiosa también la historia de esta fábrica, que fue fundada por Nelson Zuluaga, trabajador de una antigua y muy tradicional empresa, que cerró en 1997. Nelson decidió fundar una nueva fábrica, y de ahí surgió Renacer.

Cada pieza es bañada en esmalte manualmente y con cuidado. Foto: Jorge Bela
La ruta del Oriente de Anqioquia encierra muchas sorpresas, muchos lugares interesantes de visitar. El Carmen del Viboral es otro ejemplo en el que se pueden ver completamente vivas las tradiciones que hacen que esta región de Colombia pueda sentirse legítimamente orgullosa.





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