Educación: la mejor arma contra la violencia en Cali

Foto: Alcaldía de Cali
El número de homicidios en Cali se ha incrementado ligeramente en el periodo 2010-1024, pasando de 1824 en 20120 a 1939 en 2013, y para invertir esta tendencia el ayuntamiento de Cali ha adoptado una serie de medidas que parecen haber tenido un efecto positivo, ya que el número de homicidios durante los primeros seis meses del 2014 ha sido de 730.

Entre las medidas adoptadas se incluye el reforzamiento de las  operaciones contra los delincuentes, mediante el aumento en el número de policías al tiempo que se han instalado docenas de cámaras de vigilancia en espacios públicos.  Quizás igualmente importante ha sido la ampliación del plan desarme, que suspende la gran mayoría de los permisos de portar armas y que es supervisado por el Ejército Nacional.

Foto: Alcaldía de Cali
Además de golpes policiales y de un mayor control policial, la Alcaldía ha lanzado una serie de iniciativas educativas destinadas a los habitantes más jóvenes de las comunas. Uno de estos programas, Desármese, Medítele a este Cuento, consiste en pedir a los niños que entreguen sus juguetes bélicos a cambio de los cuales se les entrega un cuaderno de cuentos. Con todos los juguetes bélicos recogidos se creará una escultura con forma de paloma, que simboliza la paz. El organismo municipal Asesoría por la Paz coordina este proyecto, que se aplicará en todos los centros educativos de Cali. Su objetivo es generar conciencia entre los estudiantes de la gravedad del problema de la violencia, así como hacerles ver que juegan un papel muy importante en evitar su prolongación.

Las causas de la violencia son complejas, así como lo es la erradicación. Pero la educación es un complemento indispensable a las acciones policiales tradicionales.

Les invito a leer el artículo completo publicado en URB.IM, uno de los portales de urbanismo del mundo.

Un paseo en tren por España


Establecer diferencias entre los turistas y los verdaderos viajeros es una idea literaria que ha pasado a formar parte del acervo cultural común. Pareciera que los viajeros se encuadran un plano superior, que solo ellos, y nunca los turistas, pueden integrarse en los lugares por los que transitan, entender  las sutilezas de cada región, disfrutar con pleno conocimiento de las combinaciones de olores, colores y sabores de la gastronomía local. Pues bien, cada vez que me subo al tren dejo de ser turista y me convierto en experto viajero. Ya desde el andén escudriño los vagones en búsqueda de los números que identifican la serie del tren, el modelo concreto, incluso su año de fabricación, algo que sin duda al 99% de los, ejem, turistas,  ni se le pasaría por la imaginación. Por si aún no lo han adivinado, soy un verdadero fanático del tren, y siempre que puedo viajo por este medio.


En España estoy de suerte; a diferencia de lo que sucedió en la mayor parte de América Latina, el estado no solo no dejó morir a los ferrocarriles, sino que apostó fuerte por ellos. Demasiado fuerte, probablemente, pues la reconversión de líneas convencionales está costandouna cantidad ingente de dinero, y en tiempos de crisis son muchos los que se preguntan si ha sido esa la mejor forma de emplear el dinero. Yo procuro no pensar en estas cosas mientras me subo en el Talgo de Alta Velocidad que me llevará de Vigo a Madrid en poco mas de seis horas.


Este tren, que por la singular forma de su máquina es conocido como “el pato” tiene la particularidad de que puede circular tanto por las vías antiguas como por las de alta velocidad, y también en las electrificadas y las que no lo están. Esto es importante pues las obras del AVE de Madrid a Galicia están retrasadas, y solo se han completado unos 200 kilómetros.


El tren se puso en marcha al sonido de un educado silbato, y pronto cogió velocidad. Los primeros 120 kilómetros discurre junto al río Miño, frontera con Portugal, entre paisajes agrestes y melancólicos. Tras rebasar Orense, nos adentramos en los Montes de Galicia, que separan esta región de Castilla. El “pato” avanza a unos 100km/h y por la ventanilla se pueden ver los imponentes túneles que se están construyendo para la línea de alta velocidad. Me dirijo a la cafetería y pido un delicioso bocadillo de jamón y un café con leche.


En Castilla el tren acelera hasta los 120km/h. El paisaje se va haciendo mas plano, y el verde se convierte en amarillo, de los cereales ya agostados, o de los girasoles que van alcanzado su grado de madurez. El tiempo vuela, pero yo comienzo a impacientarme anticipando la llegada a Medina del Campo, un nudo ferroviario tradicional, y punto en el que se entronca con la línea de alta velocidad. El cambio es imperceptible para quienes no se fijen: el tren disminuye la velocidad al mínimo, entra en una especie de cobertizo, y a la salida ya está en el ancho de vía europeo (mas estrecho que el español) y con el trazado mas moderno. La aceleración es inmediata, y en pocos minutos el tren ya circula a 240km/h: si hubiera trenes así en Colombia ¡se podría llegar del centro de Medellín al centro de Bogotá en poco más de una hora! Poco antes de llegar a Madrid, una última delicia: se atraviesa el túnel del Guadarrama, de 35km de longitud, el más largo del país. La velocidad a penas disminuye: 235km/h.


Los turistas llegan a Madrid relajados y habiendo disfrutado de un viaje cómodo y agradable. Los viajeros nos lo hemos pasado indeciblemente bien, disfrutando de una extraordinaria maravilla tecnológica. España está atravesando un momento muy complicado, en gran parte porque el gasto público se desbocó la década pasada, pero cuando uno viaja en el AVE solo puede sentir la felicidad del momento.





Colombia prohibida: lugares a los que no se debe / no se puede ir (5)

La entrada anterior se puede leer aquí.
Sierra de Chiribiquete. Foto: CC
7. Sierra de Chiribiquete

Es uno de los lugares de Colombia que más me gustaría conocer, pero por motivos de seguridad el acceso solo está permitido con fines científicos y de investigación. La zona en la que se ubica, en los límites entre el Guaviare y Caquetá, ha sido escenario de muchos de los episodios mas conocidos de los recientes conflictos que han azotado el país: la captura de Ingrid Betancourt, la ubicación de Tranquilandia-- el mayor laboratorio de procesamiento de cocaína del Cartel de Medellín -- la zona de distensión del fallido intento de paz de principios de siglo….Todo eso es pasado ahora, pero da idea de la compleja situación histórica de uno de los lugares mas hermosos de Colombia.
Cascada en Chiribiquete. Foto: Richard MacColl (lacasaamarilla.com)
Chibiriquete fue un centro de gran importancia en el proceso de población de América del Sur. Así lo atestiguan los miles de grabados encontrados en sus paredes  rocosas y que fueron hechos por la etnia Karijona. La alternancia entre  bosques e inmensas formaciones rocosas, algunas de las cuales llegan hasta los 800 msnm, crean paisajes espectaculares. El acceso es sumamente complicado, como atestigua esta crónica del periodista inglés afincado en Colombia Richard MacColl.

Una vez mas, llegar a un lugar tan singular y tan aislado de los destinos mas habituales supone una inmensa tentación. Pero esta tentación debe ser resistida. Las conversaciones de paz a corto plazo  han generado nuevas inestabilidades políticas en la zona. A largo plazo, si llegan a buen puerto serán la mejor garantía de que estos paraísos se puedan abrir a los visitantes. Entonces la mayor preocupación será la conservación de un ecosistema sumamente frágil, y de la herencia cultural Karijona.

8. El trampolín de la muerte

Se trata de la carretera más peligrosa de Colombia, afirmación que de ninguna manera puede tomarse a la ligera. Los 78 kilómetros de terror y pánico que separan Mocoa y San Francisco, Pasto, se han cobrado la vida de miles de personas. Tan solo en 2011 sucumbieron 500 infortunados transeuntes…Fue construida en 1930 durante la guerra entre Colombia y Perú, tiene solo 3 metros de anchura y no está pavimentada: ningún vehículo pesado debería circular por aquí, sin embargo está llena de camiones y de vehículos de transporte colectivo. El accidente está servido.
Trampolín de la muerte. Foto: Santiago Sarmiento
Aunque su peligrosidad roza en lo absurdo, el trampolín de la muerte es una metáfora para la situación de muchas carreteras en Colombia. La orografía del país, y que alberga tantos lugares maravillosos, supone una complicadísima barrera que hay que sortear con infraestructuras costosas y muy complejas. Los conflictos armados que se iniciaron hace 50 años han hecho imposible construirlas, y muchas vías antiguas no solo son peligrosas, sino que se están cayendo en pedazos. Y no hablo solo de las carreteras secundarias, sino de vías tan importantes como la que une Bogotá con Honda, en el Magdalena, y que conecta las dos ciudades económicamente mas importantes del país: la capital y Medellín.
Trampolín de la Muerte. Foto: Damon Mushrush
Los años de prosperidad y la mejora en materia de orden público han permitido avanzar algo en la construcción de vías mas seguras, pero aún  queda muchísimo trabajo por hacer. A esto hay que añadir la proverbial imprudencia de muchos conductores colombianos, para quienes las normas de tráfico no pasan de ser simples sugerencias. En Colombia no existe una red de ferrocarriles, por lo que la mayor parte de las mercancías viajan por carretera. Por todo ello muchas personas prefieren viajar en avión, incluso para distancias que en otros países se considerarían demasiado cortas (por ejemplo, Villavicencio a Bogotá, poco mas de 100km pero que pueden suponer incontables horas de viaje en coche).

A mi me encanta viajar por tierra, y uso los buses, muy cómodos en muchas rutas, siempre que puedo. Eso sí, evito manejar en la medida de lo posible, dejando la tarea a conductores profesionales que conocen bien la carretera y las costumbres locales.

Colombia prohibida: lugares a los que no se debe / no se puede ir (4)

La entrada anterior se puede leer aquí.
Sierra Nevada de Santa Marta. Foto: 2mag7- just visiting :) 
5. Los picos Simón Bolívar y Cristóbal Colón, y el Nevado del Huila

Quienes lean mi blog saben que lo que mas me gusta del mundo son las montañas, y esto precisamente es para mi una de las mayores fuentes de felicidad en Colombia, país atravesado por tres inmensas cordilleras. Sin embargo, el acceso a los dos picos mas altos del país, el Simón Bolívar y su gemelo el Cristóbal Colón (ambos unos 5800msnm), es prácticamente imposible (en breve escribiré con mas detalle sobre como se puede conseguir), al igual que el de uno de sus nevados mas hermosos: el del Huila.
Nevados en la Sierra Nevada de Santa Marta desde Dibuya. Goto: Jorge Bela
La razón en ambos casos es similar: una combinación de factores que incluyen siempre problemas de seguridad generados por los grupos armados. En el caso del Huila se han visto complicados por la erupción del volcán, aunque ahora ya hay montañistas colombianos que están reintentando abrir alguna vía, pues hace ya mas de una década que el acceso está totalmente cerrado. Esta es una tarea exclusivamente para profesionales que conozcan bien la zona y sepan perfectamente lo que hacen.
Sierra Nevada de Santa Marta desde el aire. Foto: dominio público.
Los picos Bolívar y Colón se encuentran en la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los lugares mas hermosos del planeta. Este inmenso macizo se alza directamente sobre el nivel del mar, y es considerado como la mayor pared vertical que surge directamente del océano, al norte de Colombia. Los picos nevados están a penas a 40 km de la tropical costa caribeña. El acceso es complicado y técnico, y fue logrado por primera vez en 1939 por el colombiano Erwin Krauss. Se da la circunstancia de que es el primer nacional que alcanzó el pico mas alto de un país sudamericano. Además de los problemas de seguridad ya mencionado, estos picos son zonas sumamente sagradas para las poblaciones que habitan la sierra, entre ellos los arahuacos y los koguis, y se hace indispensable obtener su permiso antes de adentrase en la zona.
Ciudad Perdida, un destino al que si se puede ir y nadie se debería perder. Foto: Jorge Bela
Para aquellos que deseen conocer la Sierra Nevada y entrar en contacto con los koguis, recomiendo hace la caminata a la Ciudad Perdida, que se puede contratar a través de varias agencias de viajes locales (el acceso sin guía no está permitido). Es absolutamente maravillosa, y la Ciudad Perdida es uno de los lugares mas espectaculares del país.
Nevado del Huila. Foto: Martín Roca
El Nevado del Huila, por su parte, es el volcán mas alto de Colombia, y el pico mas elevado de la Cordillera Central. Entró en erupción en el 2007 y se produjeron nuevos eventos durante el 2008, aunque desde entonces no he encontrado erupciones registradas. Los problemas de seguridad en la zona y las erupciones han parado en seco el acceso a su cima. El organismo PNN de Colombia lo considera activo y ha prohibido terminantemente el acceso. Si se puede acceder a la laguna de Páez, pero, de nuevo, mejor tener en cuenta los posibles problemas de seguridad en la zona.

6. Yahé- Ayahuasca

En esta entrada no me refiero a un lugar, sino a una experiencia que está ganando en popularidad entre algunos visitantes a Colombia. La ayahuasca (también conocida como yahé o yagu) se refiere a una infusión de varias plantas que producen un fortísimo efecto alucinatorio. Su consumo tiene su origen en el Amazonas, siempre en un contexto ritual. Ahora se ha extendido a otras zonas de la región.
Ayahuasca. Foto: Galvis Henao
Los efectos son sumamente fuertes, e incluyen no solo alucinaciones muy intensas, sino diarreas, vómitos y nauseas que se pueden prolongar durante muchas horas. El error consiste en acercarse a esta ceremonia no como lo que es, un rito ancestral de una cultura muy singular, sino como una experiencia turística más, como una forma de diversión. Sus riesgos son claros. A penas hace un par de semanas murió un joven turista inglés de 19 años tras consumir yahé en el Putumayo.  El término ayahuasca quiere decir “soga de muerto,” pues para los chamanes permite al alma abandonar el cuerpo sin que este pierda la vida, pudiendo regresar mediante esa soga alucinógena.

No he participado nunca en este ritual, pero tampoco puedo recomendar a los demás que lo hagan. Muy en especial se debe evitar si se ofrece en un contexto turístico o recreativo. No es ninguna de estas dos cosas, y los riesgos son considerables. Como siempre recomiendo, mejor es informarse muy muy bien, y aprovechar las incontables maravillas que Colombia ofrece en total seguridad sin asumir riesgos que son perfectamente evitables.

En mi próximo post terminaré mi serie de la Colombia prohibida


Colombia prohibida: destinos a donde no se puede -- o no se debe -- ir (3)

(La entrada anterior a este post se puede leer aqui)
Sierra Nevada de Santa Marta desde la Sierra del Perijá, Colombia. Foto: Jorge Bela
4. PNN Catatumbo Bari y la Sierra del Perijá

¿Por qué es extraordinariamente tentador visitar esta reserva natural ubicada en el Norte de Santander? Basta leer la descripción de la página oficial del parque para que se despierte de forma inmediata el interés: “Es un jardín silvestre donde abundan orquídeas, bromelias, bejucos y heliconias de flores exóticas y colores brillantes.” A lo que hay que añadir árboles de 60 metros, y un 78% del área total cubierta por bosques que varían según el piso térmico. La etnia Bari, conformada por 23 comunidades, habita el parque que ha adoptado su nombre.

Lamentablemente, el parque está totalmente cerrado a las visitas de turistas. Su cercanía a la frontera venezolana, y su orografía sumamente escarpada, lo convierten en un escenario habitual de las escaramuzas de los grupos armados. El año pasado el ELN secuestro a dos alemanes que decidieron arriesgarse. Finalmente, tras 125 días, fueron liberados, pero solo después de intensas negociaciones y de una fuerte tensión internacional. No solo ellos con su cautiverio, sino todas las personas que tuvieron que involucrarse en su liberación, pagaron las consecuencias de su imprudencia
Sierra del Perijá desde Urumita. Foto: Jorge Bela
La adyacente Sierra del Perijá puede llegar a convertirse en una alternativa viable. Algunos municipios de la zona están intentando convertirse en centros turísticos. Tal es el caso de Urumita, que promueve una ruta de ascenso hasta el páramo, ya muy cerca de la frontera de Colombia con Venezuela (la sierra se extiende hasta el desierto de la Guajira, al norte del país). Sin embargo la incertidumbre que rodea a las conversaciones de paz entre el Gobierno colombiano y los grupos armados hacen totalmente desaconsejable la visita a estas hermosísimas tierras. Tan solo en circunstancias muy concretas, siempre con guías locales de confianza, y tras consultar a las autoridades y solicitar los permisos necesarios, se podría considerar la posibilidad de adentrarse por las zonas mas seguras del Perijá.
Sendero junto a la Quebrada de la Vieja, Bogotá. Foto: Jorge Bela
5. Los Cerros Orientales de Bogotá

Otra selección que seguramente causará sorpresa. Desde mi departamento tengo una muy buena vista hacia los cerros, y cada día, sin importar los años ya transcurridos desde que vivo en Bogotá, me siguen impresionando de igual forma. Junto a lo que queda de la sabana, constituyen el mayor tesoro de Bogotá. Y, a pesar de lo prominentes que son, de lo visibles casi desde cualquier lugar de la capital de Colombia, se mantienen ocultos al imaginario colectivo. Sin duda ninguna podrían ser el más espectacular parque urbano del mundo, si no fuera porque en sus faldas se extiende de un problema endémico en las grandes ciudades de América Latina: la delincuencia común.  Los bogotanos aprendieron, a fuerza de duras lecciones, a mantenerse al margen de los cerros, entre la desidia de las autoridades.
Arco iris sobre los Cerros Orientales. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, gracias a la acción tenaz de un grupo de ciudadanos, ahora englobados bajo las siglas de Amigos de la Montaña, se han ido abriendo vías, todavía demasiado pequeñas en unos cerros inmensos. La más conocida es la Quebrada de la Vieja, que asciende junto al río del mismo nombre hacia un lugar, con una vista espectacular de Bogotá,  donde hay una imagen de la Virgen y un crucifijo. El camino está abierto a diario desde las 6 de la mañana hasta las 10, momento en que el Acueducto de Bogotá, propietaria de los terrenos, cierra la puerta. Hay numerosos grupos que organizan caminatas por otros lugares igualmente espectaculares, muchas de ellas con protección policial. Los Amigos de la Montaña son el mejor punto de partida para obtener la información necesaria para comenzar a caminar los Cerros Orientales con seguridad.
Bogotá desde los Cerros. Foto: Jorge Bela
Andrés Plazas, líder de Amigos de la Montaña, lo tiene claro: hay que recuperar los Cerros para los ciudadanos, conseguir que venzan sus miedos y los disfruten como parte integral de la ciudad. Sin embargo, también tienen claro que esto se debe hacer con respeto al enorme valor ecológico de las montañas, por eso se oponen también a eventos masivos que pueden generar daños a la naturaleza. Poco a poco, este lugar mágico que se alza de norte a sur sobre Bogotá se está abriendo para el disfrute de los habitantes de la capital de Colombia.

Mañana publicaré una nueva entrada de esta serie.

La primera parte de esta serie se puede leer aquí.
La segunda parte de esta serie se puede leer aquí.


Colombia prohibida: destinos a donde no se puede -- o no se debe -- ir (2)

(La primera parte de este artículo se puede leer aqui)
Darien, desde Panamá. Foto: Ben Beijke
2. El Darién

El Darién es la zona selvática que se encuentra en la frontera con Panamá, y que se extiende por este país. Es una zona casi completamente virgen. Incluso la famosa autopista panamericana se interrumpe en este lugar, que solo puede ser rebasado por barco. Desde siempre ha sido una barrera natural que, por razones políticas y económicas, ni Colombia ni Panamá parecen tener intención de resolver. La vegetación exuberante,  la tradición cultural de las poblaciones indígenas,  y la ausencia casi completa de ruido y polución son los atractivos que, en otras circunstancias, harían del Darién un destino turístico esencial en Colombia.

Sin embargo, no es en absoluto recomendable adentrarse en estas tierras. Pareciera que todos los conflictos colombianos han querido tener presencia en el Darién. Guerrilleros, paramilitares, traficantes y bandas criminales han ejercido sus macabras actividades en distintas fases, y aún sigue siendo un lugar sumamente peligroso. Tom Hart Dyke, un británico amante de las orquídeas, tentó la suerte, y fue secuestrado, salvando la vida de forma milagrosa, como contó en una fascinante entrevista radiofónica en Colombia Calling (también plasmó su historia en el libro The Cloud Garden. Muchos otros, algunos muy recientemente, no han tenido tanta suerte y siguen secuestrados o han perdido la vida.
Canoa remonta el Atrato cerca de Vigía del Fuerte. Foto: Jorge Bela
Existen destinos en la vecindad que pueden dar una idea de lo que es el Darién, pero conmucha mayor seguridad. Por ejemplo, Capurganá, en el golfo de Urabá, es un destino turístico consolidado. Para los más aventureros, se puede remontar el río Atrato, el más caudaloso de Colombia, en barcazas que hacen el viaje regular cada día. Dos destinos posibles son Quibdó, la capital del Chocó,  o Vigía del Fuerte, en Antioquia, que cuenta con algunas plazas hoteleras. Esta no es una zona totalmente libre de problemas, y es absolutamente esencial informarse bien antes de realizar cualquier viaje por el Atrato, contar con los servicios de un guía local, incluso contactar a las autoridades municipales. Sin embargo, con las debidas precauciones, es una zona maravillosa y totalmente desconocida de Colombia que ya se puede visitar.

3. Malpelo

Muchos lectores se sorprenderán de que incluya a esta isla, al parecer paradisiaca, del Pacífico entre los destinos inaccesibles de Colombia. Las razones por las que aparece en este artículo son completamente distintas en este caso que en el anterior, pero aún así excluyen de hecho a la inmensa mayoría de los posibles visitantes. Malpelo es un islote ubicado a unos 500 kilómetros de la costa pacífica de Colombia. Aunque el mar que lo circunda tiene una profundidad de 4.000 metros, una formación volcánica supera esa altura y forma el imponente islote, de 350msnm. El viaje en barco demora entre 30 y 40 horas desde Buenaventura, el puerto utilizado más habitualmente para esta travesía.
Tibuerones martillo en Malpelo. Foto: Colombia Travel
Para acceder a Malpelo hay que contar con una autorización previa, que solo se concede a embarcaciones grupales, y pagar una sustancial tasa diaria (165.000 COP para los extranjeros y 88.000COP para los colombianos, por persona). Además, para bucear se debe contar con un instructor certificado, certificación con al menos 25 inmersiones, y los grupos se reducen estrictamente a máximo de seis buzos. En la isla no está permitido el senderismo, ni hay instalaciones hoteleras, por lo que el barco debe contar con camarotes y sistemas ecológicos para la gestión de residuos sanitarios.
Atardecer en Malpelo. Foto: Waskyo
Si se suma el coste del viaje a Buenaventura, el alquiler del barco, y su tripulación, y la contratación del guía certificado, el acceso a Malpelo resulta prohibitivo en estos momentos para una gran mayoría de la población. ¿Y cuál es el interés de esta isla y que empuja a algunos afortunados a acometer el viaje? Su increíble variedad de fauna, que incluye aves migratorias en la superficie, e inmensas bancadas de cientos de tiburones martillo que nadan plácidamente bajo su superficie. Su aislamiento remoto y las condiciones estrictas de acceso, por razones de mantenimiento del frágil ecosistema, convierten a Malpelo en uno de los lugares más fascinantes de Colombia, pero prácticamente inaccesible.

La tercera entrada de esta serie se puede leer aqui.

Colombia prohibida: destinos a donde no se puede -- o no se debe -- ir (1)

La Laguna de la Plaza. Foto: Jorge Bela
Colombia tiene muchísimos lugares extraordinarios que visitar. La mayoría de ellos son prácticamente desconocidos fuera de sus fronteras, y, si me apuran, muchos lo son también entre los propios colombianos. Esta circunstancia, probablemente efímera, permite conocer casi en soledad destinos que en otros países estarían abarrotados de turistas. La soledad es precisamente uno de los mayores lujos de viajar por Colombia, y lo que convierte al país probablemente en el más atractivo de américa latina para turistas que no busquen confort, grandes hoteles, o un servicio sofisticado. Para ellos ya hay resorts y lugares maravillosos en otros países, que podrán disfrutar en la feliz compañía de muchos otros viajeros.
Valle de los Cojines. Foto: Jorge Bela
La soledad y el desconocimiento son fruto, principalmente, de dos factores: la accidentada geografía del país -- Colombia está atravesada por nada menos que tres cordilleras descomunales -- y los sucesivos conflictos armados que han desaconsejado el turismo por amplios sectores del país. Los conflictos aún siguen vivos, esperemos que por poco tiempo, pero castigan a una extensión geográfica mucho menor. Esto ha permitido abrir destinos increíbles, como Caño Cristales, cerrados hasta hace relativamente poco tiempo. También avanza, aunque a paso muy lento, la construcción de nuevas infraestructuras que faciliten el transporte, acortando los tiempos de desplazamiento y abaratando los en muchas ocasiones exagerados precios.
Cojín en el PNN El Cocuy. Foto: Jorge Bela
Aún así, hay muchos lugares aún inaccesibles para los turistas. En algunos la barrera siguen los problemas de seguridad, derivados de los conflictos armados o de la delincuencia común. En otros casos hay restricciones administrativas, impuestas por motivos de conservación del patrimonio ecológico o histórico. En otros, resulta muy difícil o excesivamente costoso llegar, pues los operadores de transporte no los ofrecen o los cobran a precios prohibitivos.
Boquerón "El Castillo". Foto: Jorge Bela
Sin embargo, varios de estos destinos son tan hermosos que ejercen una especial fascinación hacia algunos visitantes, que deciden desafiar las leyes del país y las de la lógica, y adentrarse en ellos. No son pocos los que han pagado un precio demasiado elevado por hacerlo. Obviamente, mi recomendación es meridianamente clara: es una pésima idea adentrarse en lugares inseguros (mas adelante me referiré a algunos casos concretos). Tampoco es, desde luego,  buena idea desobedecer las leyes locales. En Colombia hay muchísimos lugares increíbles que se pueden visitar legalmente y con seguridad.
Último punto al que se puede llegar. Ya no se puede "seguir más." 
1. La Vuelta a la Sierra de El Cocuy

La lista tiene que ir necesariamente encabezada por el lugar que yo mas siento no poder visitar: el costado oriental del PNN de El Cocuy y Güican. Ya he contado en varias ocasiones como la caminata circular conocida como la Vuelta a la Sierra es la mas hermosa que he hecho en mi vida. Sus imponentes boquerones, las incontables lagunas y una variedad inimaginable de paisajes convierten a esta dura caminata de 5 días y 4 noches en una experiencia inolvidable. Y, por supuesto, el Valle de los Cojines, uno de los lugares mas hermosos del planeta, nos aguarda al tercer día.
Zona oriental de ls sierra, ahora prohibida a los visitantes. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, la autoridad a cargo de los PNN ha prohibido el acceso a toda esta zona. La prohibición se basa en dos razones: un exceso puntual de visitantes estaba poniendo en peligro el frágil ecosistema de alta montaña, y en la caminata se atraviesan terrenos de los U’wa, que reclamaban fueran protegidos por su carácter sagrado. Yo he escrito anteriormente que la medida me parece exagerada, y confío que en un plazo no muy lejano se pueda acomodar las inquietudes ecológicas y de los U’wa, y se pueda reabrir esta majestuosa zona de Colombia. Entre tanto, hay sobrados lugares en el PNN de El Cocuy y el Güican donde se puede disfrutar legalmente de los nevados colombianos.

(La continuación se puede leer aquí)

Los hipopótamos de Pablo Escobar como metáfora

Hipopótamos. Foto: Arno Meintjes
La historia es de sobra conocida. En sus épocas de prosperidad, Pablo Escobar montó un zoo en su hacienda Nápoles, a medio camino entre Medellín y Bogotá. Lo pobló con todo tipo de animales, incluyendo hipopótamos. Hay quien dice que los excrementos de los animales eran utilizados para disimular el olor de las exportaciones ilícitas, pues despistaban a los perros adiestrados. Escobar fue muerto por la policía cuando intentaba escapar, y su imperio mafioso fue totalmente desmantelado. La gran mayoría de los animales de su zoo murieron, y la hacienda fue expropiada y convertida en un parque de recreo abierto al público.

Los hipopótamos despiertan simpatía. Foto: Luz Rovira

Colombia es hoy un país muy diferente. Aunque aún se arrastran problemas muy graves, el país está envuelto en una ola de prosperidad y de optimismo sin precedentes. Las tasas de violencia han caído de forma significativa, y hay fundadas esperanzas de que el conflicto armado se termine. Hay una clase media creciente, que pudiera ser un indicador adelantado de que al fin se va a atajar la fuerte desigualdad social. Las circunstancias han cambiado de forma radical en 20 años, y el futuro está lleno de promesa, aunque solo el tiempo dirá si las esperanzas se concretan en realidades. Yo soy optimista.
Pelea entre hipos. Foto: Zoológico de Barcelona
Sin embargo, los lastres del pasado son difíciles de soltar. Se manifiestan, a veces de forma inesperada, en los lugares mas insólitos de la vida cotidiana en Colombia. Los hipopótamos que escaparon del zoo de Escobar son la metáfora perfecta de este problema. En las calurosas y plácidas orillas del gran Magdalena, los hipopótamos encontraron un lugar perfecto para establecerse. Al pasar casi todo el día sumergidos bajo el agua, no suelen ser vistos por los lugareños. Sin embargo, por la noche salen a tierra firme a alimentarse, y pueden llegar a recorrer largas distancias. Algunos expertos piensan que pueden desplazarse toda la longitud del mayor río colombiano en un tiempo sorprendentemente corto. Aunque la mayor parte de los ejemplares se han visto en las cercanías de la hacienda de la que escaparon, se han visto ya algunos a distancia considerable. Lo cierto es que nadie está seguro de cuantos hipopótamos se encuentran en libertad en estos momentos.

Foto: Paul Maritz
Los hipopótamos parecen tranquilos. Su volumen y la lentitud de sus apacibles movimientos despiertan el cariño de quienes los observan. Sin embargo, son muy territoriales, y pueden pasar de la calma al ataque en muy poco tiempo. Una vez enfurecidos, son sumamente peligrosos: corren muy rápido, y con sus enormes dientes pueden matar a un adulto en pocos segundos. No tienen enemigos naturales, por lo que sin no se controlan acabarán convirtiéndose en una especie invasiva, y un peligro para todos los habitantes del Magdalena.

La solución de este problema es sumamente complicada. Para empezar, los hipopótamos cuentan con la simpatía de buena parte de la población, que desconoce el peligro que su proliferación representa. Además, existe una densa maraña de líos legales sobre la propiedad de estos animales, y sobre la entidad en la que recae la responsabilidad de su control. Finalmente, como suele ser habitual, no están inmediatamente disponibles los fondos necesarios para realizar el censo o comprar los equipos necesarios para la esterilización, solución que parece ser la que se adoptará finalmente.


En la Colombia de la prosperidad y la esperanza hay muchos lastres del pasado, que de forma imprevisible surgen ocasionalmente de la oscuridad mostrando sus amenazadoras fauces. Por eso me parece que los hipopótamos del Magdalena son la metáfora perfecta de los riesgos que se ciernen sobre este gran país.

Chingaza, el páramo quizá demasiado cercano a Bogotá

Espeletia uribei en Chingaza. Foto: Jorge Bela
Ya he comentado en varias ocasiones como es posible encontrar muy muy cerca de Bogotá auténticos paraísos naturales, como Sumapaz, San Juanito, Chipaque, y otros muchos. Pero quizá el más asombroso sea Chingaza. Se trata de un Parque Nacional Natural inmenso, que se extiende por numerosos departamentos, incluyendo el Meta y Boyacá, además de Cundinamarca. Tiene una importancia económica crucial para la capital de Colombia, pues de allí viene una gran parte del agua que consumimos en la ciudad, y que es, por cierto, deliciosa.
Charla en Piedras Gordas, Chingaza. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, pese a su vasta extensión y a la majestuosidad de sus paisajes, se trata de un sistema ecológico altamente vulnerable. En sus páramos crecen frailejones autóctonos, como el espeletia killipii, que debido a su altura de varios metros pueden confundirse con palmeras. También albergan a especies en peligro de extinción, sobre todo los tigrillos y el oso de anteojos. Pero la cercanía a la gran mega urbe supone una amenaza constante y real: el páramo es uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. En el cercano Sumapaz ya se han observado algunas plagas que están causando daños atroces a los frailejones. El cambio climático está también afectando negativamente a los páramos. Es imprescindible tomar conciencia y apoyar todas las medidas que se propongan en defensa de los páramos de Cundinamarca.
Grupo de caminantes en Chingaza. Foto: Jorge Bela
Este sábado tuve la suerte de regresar a Chingaza. Mi amigo Guillermo reunió a un grupo de conocidos que decidimos darnos un paseo corto por la zona. A todos nos pareció buena idea calmar los nervios antes del partido que enfrentó Colombia a Uruguay con una buena caminata. Tuvimos, eso sí que madrugar bastante, y que estar pendientes del reloj para llegar puntuales al partido. El ingreso al parque está restringido, y las restricciones son variables, por lo cual es aconsejable llamar con antelación a Parques Nacionales de Colombia y asegurarse de que la caminata prevista, incluso el ingreso, es posible ese día.
Camino en Chingaza. Foto: Jorge Bela
A la entrada del Parque nos mostraron un breve video sobre la riqueza ecológica de Chingaza, y luego nos permitieron el acceso, pero a zonas restringidas, pues al resto solo se puede acceder con guía. Caminamos en total unas tres horas, disfrutando de los frailejones, de las miles de flores que en todo el año jalonan los caminos, de las lagunas que se abren paso entre la niebla frente a nuestros ojos. A la hora de comenzar a caminar se cerró la niebla y comenzó a llover. Desde la distancia puede parecer incómodo, pero uno cuando está caminando por un lugar tan hermoso, lo de menos es la lluvia. Hasta hay un término: me “emparamé,” para describir hasta que punto se puede empapar la ropa en estas circunstancias. Eso sí, conviene ir bien equipado, y sobre todo llevar ropa de recambio para no coger un resfriado al regreso. Afortunadamente, llegamos a tiempo para el partido, y la selección de Colombia hizo historia pasando a cuartos de final en el campeonato del mundo
Musgos en Chingaza. Foto: Jorge Bela
En el camino que une La Calera con la entrada del parque conocida como Piedras Gordas existen unas imponentes ruinas. Se trata de la antigua cementera Samper, que fue adquirida por CEMEX en 1996. Los hornos se apagaron en 1999, en parte porque la maquinaria estaba anticuada, en parte porque la creación del PNN de Chingaza obligó al cierre de la mina conocida como Palacio, de donde se extraía gran parte del cemento utilizado. Tan grandes eran las instalaciones que a su sombra creció una pequeña aldea, con su iglesia y su escuela, hoy totalmente abandonada.
Ruinas de la cementera Samper, La Calera. Foto: Jorge Bela
Los descomunales hornos cementeros abandonados son la metáfora perfecta de las amenazas que se ciernen sobre el frágil páramo. Al parecer, Cemex quiere urbanizar la zona, aunque existen problemas legales. Aún así, invitan a una reflexión, tanto al entrar como al salir del Parque. ¿Cuál es la herencia que queremos dejar a las siguientes generaciones de colombianos? ¿qué tiene mas valor para nosotros: los increíbles páramos, o un inacabable paisaje urbanizado junto a Bogotá? Para mi la respuesta está muy clara. ¿Para Ustedes?

Aldea abandonada. Foto: Jorge Bela

Stonewall, Cernuda y las trompetas de Jericó

Murallas de Ávila. Foto: Never House
En los años 20 del siglo pasado Luis Cernuda escribió un hermoso poema que incluía los siguientes versos “Si el hombre pudiera decir lo que ama,/ …como muros que se derrumban/… dejando sólo la verdad de su amor” (el poema completo va al final). En esos tiempos el poema constituía un acto de valentía, pues no solo era una admisión abierta de su homosexualidad, entonces prohibida y perseguida legal y socialmente, sino que además expresaba de forma clara una aceptación sin la mas mínima censura del amor entre personas del mismo sexo.
Luis Cernuda.
Desde entonces son muchos los muros que se han derrumbado. Las leyes persecutorias han desaparecido de todos los países occidentales (todos las tenían en el momento en el que Cernuda murió), con la lamentable excepción de Rusia. En un número creciente de países se ha dado cobertura legal a las uniones igualitarias, en forma de matrimonio en varios casos. Muchas congregaciones judías e  iglesias cristianas, incluyendo protestantes como la luterana y recientemente la presbiteriana, y la anglicana (prima hermana de la católica), aceptan pastores, y en algunos casos bendicen uniones. Hasta la Iglesia católica, que avanza con paso glacial en estos temas, ha convocado un sínodo de obispos para examinar la cuestión en las próximas semanas.

Todo esto ha sucedido en un contexto en el que la población, sobretodo los más jóvenes, tiene mayoritariamente una aceptación total y perfectamente natural de lo que se ha venido a llamar la comunidad LGBT. El mundo occidental ha cambiado a una velocidad de vértigo en esta materia, pasándose de la persecución y el desprecio social a la plena integración y al pleno respeto de los derechos humanos. Obviamente, aún existen demasiados países en los que se persigue a los homosexuales, incluso con la muerte. Es una lacra más con la que la humanidad tiene que convivir, que tiene que combatir. Pero de lo que no hay duda alguna es de que si Cernuda viera como ha cambiado la situación en su España natal, tendría serios problemas para creerlo. Es probable, sin embargo, que con su aguda e insobornable mirada también encontrara pertinaces bolsas de discriminación, todo hay que decirlo.
Pub Stonewall en 1968. Foto: Diana Davis
El inicio del rápido derrumbe de todos estos muros de intolerancia se suele atribuir a las revueltas de Stonewall. “Muro de piedra” era precisamente el nombre de un pub en Nueva York, blanco frecuente de la persecución y hostigamiento de la policía local hacia el colectivo LGBT. Sin embargo, en la noche del 28 de junio de 1968 -- justo hace hoy 45 años, y sábado también– los clientes, ya hartos del acoso, decidieron enfrentarse a los uniformados. Los desórdenes tuvieron varias fases llenas de incidentes y duraron hasta el miércoles siguiente. Fue el principio del fin: grupos activistas, que ya habían empezado a organizarse semiclandestinamente desde los años 50, cobraron fuerza a raíz de los disturbios, y se formaron grupos nuevos que ya actuaban abiertamente. Hoy todo ha cambiado: en el estado de Nueva York está prohibida la discriminación contra el colectivo LGBT, y desde 2011es legal el matrimonio igualitario.

Clientes de Stonewall se enfrentan a la policía. Foto: Diana Davis
¿Y como ha podido avanzarse tanto en tan poco tiempo? Igual que las murallas de Jericó, los muros de la discriminación se han derrumbado solo con voces. Y no solo las de activistas dentro de la comunidad, sino también las de incontables personas fuera de la misma, incluso en las iglesias. El temor y el rechazo milenario se han evaporado casi por completo. Es muy difícil explicarlo con rigor, intelectuales hay de sobra dedicados a este asunto, pero es indiscutible que se ha conseguido sin violencia, sin uso de fuerza alguna que no sea la razón y el ejemplo. A diferencia de lo que eventualmente sucedió en la obliterada ciudad bíblica, aquí no ha habido masacres de último momento, tan solo la integración de un sector de la población que antes estaba segregado, perseguido.
Stonewall en 2011, celebrando la aprobación del matrimonio igualitario en NY. Foto: Dave Sanders /New York Times
En el 45 aniversario de Stonewall me he acordado de Cernuda. Hoy ya no hay obstáculo para hacer realidad la hipótesis de su poesía: proclamar sin miedo “la verdad de su amor verdadero.” Los muros, al fin, se han derrumbado.


Y aquí va el poema…

Si el hombre pudiera decir lo que ama…de Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.




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