martes, 1 de octubre de 2013

Caqueza-Chipaque: un camino idílico

Camino Une-Chipaque. Foto: Jorge Bela

No nos engañemos: esto es Colombia, y en las zonas andinas es imposible hacer una caminata sin enfrentar, tarde o temprano, una buena cuesta. Pero una y otra vez vale la pena. Este es el caso de la caminata que realicé en compañía de mis amigos de Caminantes del Retorno el domingo pasado. Empezamos a caminar en el río Caqueza, un par de kilómetros antes de llegar a la población del mismo nombre. El hermoso camino de herradura nos llevaba en trayectoria ascendente de tierra templada hacia el bosque de niebla. El corazón es un músculo y como tal necesita un tiempo de calentamiento, por eso las caminatas que empiezan cuesta arriba son las más difíciles. Conviene estar atento, hablar lo menos posible y escuchar los alborotados latidos. Los caminantes jadeaban, pero el ritmo era tranquilo, con apreciadas paradas para esperar a los rezagados.

Camino cerca de Une. Foto: Jorge Bela
Como no podía ser de otra forma, el llegar al bosque de niebla empezó a llover. Nadie se quejó. En Colombia he aprendido que caminar bajo el agua también es gratificante (aunque hay que ir preparado para ello). El chaparrón fue breve y al retirarse las nubes vimos como el agua había saturado los colores de los sietecueros que crecen a la sombra de los riscos, sobre nuestras cabezas. Abajo quedaban los inmensos valles que van a acabar en los llanos. Más lejos los páramos: a la izquierda el de Chingaza y a la derecha el de Sumapaz. Todo un espectáculo.

Casa de campo en el camino. Foto: Jorge Bela

Por el camino rural se veían familias que se desplazaban de sus viviendas a los pueblos cercanos, a disfrutar del domingo, ver a sus amigos o atender los servicios religiosos. Tras el almuerzo llegamos a Une, donde descansamos en la plaza. Es casi un milagro como pueblos tan cercanos a Bogotá han conservado su sabor tradicional, su atmósfera apacible, indiferentes a las prisas, trancones y agobios de la capital. No hay nada que me fascine más que contemplar el transcurrir cotidiano de los pueblos de Colombia en una tarde de domingo.

Flor en el camino. Foto: Jorge Bela
Pero tocaba seguir andando, y nos las hacíamos muy felices hasta que el camino inició un descenso brusco. Veíamos al fondo Chipaque, nuestro destino final, aún en el alto, y el descenso no anunciaba nada bueno. En efecto, el camino nos llevó a un puente sobre el Caqueza, que atravesamos por segunda vez en el día, tras el que nos aguardaba una brutal subida. Ya estábamos cansados, y fue un esfuerzo grande. El sol brillaba con fuerza. Yo me entretuve fotografiando las flores que crecen por el camino.

Flor en el camino. Foto: Jorge Bela
Finalmente llegamos a Caqueza, un pueblo mayor que Une. Allí en la plaza los mas afortunados se tomaron una cerveza bien fresquita. Yo, que ando a dieta, me tuve que conformar con agua. En menos de una hora ya estaba de nuevo en mi casa, con la satisfacción de haber recorrido una camino precioso, idílico, casi de cuento de hadas. Muchas gracias a Laura y Carlos por el excelente trabajo que están haciendo dando a conocer lugares tan hermosos.





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