martes, 1 de julio de 2014

Chingaza, el páramo quizá demasiado cercano a Bogotá

Espeletia uribei en Chingaza. Foto: Jorge Bela
Ya he comentado en varias ocasiones como es posible encontrar muy muy cerca de Bogotá auténticos paraísos naturales, como Sumapaz, San Juanito, Chipaque, y otros muchos. Pero quizá el más asombroso sea Chingaza. Se trata de un Parque Nacional Natural inmenso, que se extiende por numerosos departamentos, incluyendo el Meta y Boyacá, además de Cundinamarca. Tiene una importancia económica crucial para la capital de Colombia, pues de allí viene una gran parte del agua que consumimos en la ciudad, y que es, por cierto, deliciosa.
Charla en Piedras Gordas, Chingaza. Foto: Jorge Bela
Sin embargo, pese a su vasta extensión y a la majestuosidad de sus paisajes, se trata de un sistema ecológico altamente vulnerable. En sus páramos crecen frailejones autóctonos, como el espeletia killipii, que debido a su altura de varios metros pueden confundirse con palmeras. También albergan a especies en peligro de extinción, sobre todo los tigrillos y el oso de anteojos. Pero la cercanía a la gran mega urbe supone una amenaza constante y real: el páramo es uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. En el cercano Sumapaz ya se han observado algunas plagas que están causando daños atroces a los frailejones. El cambio climático está también afectando negativamente a los páramos. Es imprescindible tomar conciencia y apoyar todas las medidas que se propongan en defensa de los páramos de Cundinamarca.
Grupo de caminantes en Chingaza. Foto: Jorge Bela
Este sábado tuve la suerte de regresar a Chingaza. Mi amigo Guillermo reunió a un grupo de conocidos que decidimos darnos un paseo corto por la zona. A todos nos pareció buena idea calmar los nervios antes del partido que enfrentó Colombia a Uruguay con una buena caminata. Tuvimos, eso sí que madrugar bastante, y que estar pendientes del reloj para llegar puntuales al partido. El ingreso al parque está restringido, y las restricciones son variables, por lo cual es aconsejable llamar con antelación a Parques Nacionales de Colombia y asegurarse de que la caminata prevista, incluso el ingreso, es posible ese día.
Camino en Chingaza. Foto: Jorge Bela
A la entrada del Parque nos mostraron un breve video sobre la riqueza ecológica de Chingaza, y luego nos permitieron el acceso, pero a zonas restringidas, pues al resto solo se puede acceder con guía. Caminamos en total unas tres horas, disfrutando de los frailejones, de las miles de flores que en todo el año jalonan los caminos, de las lagunas que se abren paso entre la niebla frente a nuestros ojos. A la hora de comenzar a caminar se cerró la niebla y comenzó a llover. Desde la distancia puede parecer incómodo, pero uno cuando está caminando por un lugar tan hermoso, lo de menos es la lluvia. Hasta hay un término: me “emparamé,” para describir hasta que punto se puede empapar la ropa en estas circunstancias. Eso sí, conviene ir bien equipado, y sobre todo llevar ropa de recambio para no coger un resfriado al regreso. Afortunadamente, llegamos a tiempo para el partido, y la selección de Colombia hizo historia pasando a cuartos de final en el campeonato del mundo
Musgos en Chingaza. Foto: Jorge Bela
En el camino que une La Calera con la entrada del parque conocida como Piedras Gordas existen unas imponentes ruinas. Se trata de la antigua cementera Samper, que fue adquirida por CEMEX en 1996. Los hornos se apagaron en 1999, en parte porque la maquinaria estaba anticuada, en parte porque la creación del PNN de Chingaza obligó al cierre de la mina conocida como Palacio, de donde se extraía gran parte del cemento utilizado. Tan grandes eran las instalaciones que a su sombra creció una pequeña aldea, con su iglesia y su escuela, hoy totalmente abandonada.
Ruinas de la cementera Samper, La Calera. Foto: Jorge Bela
Los descomunales hornos cementeros abandonados son la metáfora perfecta de las amenazas que se ciernen sobre el frágil páramo. Al parecer, Cemex quiere urbanizar la zona, aunque existen problemas legales. Aún así, invitan a una reflexión, tanto al entrar como al salir del Parque. ¿Cuál es la herencia que queremos dejar a las siguientes generaciones de colombianos? ¿qué tiene mas valor para nosotros: los increíbles páramos, o un inacabable paisaje urbanizado junto a Bogotá? Para mi la respuesta está muy clara. ¿Para Ustedes?

Aldea abandonada. Foto: Jorge Bela

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