jueves, 29 de mayo de 2014

Viernes de Resurección en la Estación de la Sabana


 Post invitado escrito por Asier Santillan Luzuriaga

El viernes pasado  viví la resurrección de una máquina de tren U10-B vizcaína en Bogotá. Las U10-B se construían en la Babcock-Wilcox hace 40 años y eran máquinas diésel para maniobras. Esta, llevaba 20 años sin funcionar y tras un año de trabajo, entre la emoción de viejos ferroviarios que hacen todo lo posible por preservar el legado material ferroviario en Colombia, arrancó... tenía que ser precisamente un viernes.


Siendo nieto de ferroviario y trabajador de la industria del metal en el País Vasco, ver arrancar una U10-B fue para mí como volver a mi infancia. Era la máquina de Jorge, el amigo de mi abuelo Emilio por lo que el olor a grasa de taller, los rieles, fraguas, fosos, tornos y demás herramientas y cachivaches que se esconden en la Estación de La Sabana, no dejan de recordarme a extraños, pero a la vez, familiares entornos de juego y vida. Porque, si bien la Babcock-Wilcox es una multinacional norteamericana surgida en 1867 en Providence, Rhode Island,  esta máquina en cuestión se creó en los años 70 en Sestao, en la margen izquierda de Bilbao, con acero vasco como el que fundía mi abuelo Eloy, y corrió por toda Colombia hasta 1991, año en que se liquidaron los Ferrocarriles Nacionales de Colombia.


En aquellos años, el país contaba con más de 2600 km de vías férreas en operación y 600 km fuera de servicio. Mientras que hoy, prácticamente, solo tiene el Tren Turístico de la sabana de Bogotá, la línea para transporte de carga desde las instalaciones de Acerías Paz de Río (Boyacá) y las líneas mineras de La Guajira. Siendo el tren un ente desconocido para la mayoría de los colombianos.


Precisamente, el Tren turístico tiene sus instalaciones en la antigua Estación de la Sabana, escondidas, como ausentes del resto de la ciudad y el país. En un edificio neoclásico sito en la calle 13 # 20 e inaugurado en 1917, que hoy en día es también la sede de una Comisaría de Policía y las instalaciones de la Escuela Taller de Bogotá, la cual está recuperando poco a poco este lugar desconocido y sorprendente de la capital. Albergando, entre otros, una increíble colección de máquinas de vapor y diésel que nada tienen que envidiar la grandeza de su construcción.


Arrancadas con uñas y dientes del olvido, estas máquinas llegaron a Bogotá desde toda la sabana arrastradas encima de rieles, en muchas ocasiones inexistentes, por la perseverancia y el empeño de quienes, justamente, hoy consiguen revivirlas ante la atenta mirada de unos pocos condiscípulos que algún día quizás vean metros o tranvías moverse por Bogotá.

Toca acabar agradeciendo a Natalia Guarnizo de la Fundación Quinta Porra y a Alberto Escovar, director de la Escuela Taller por su hospitalidad y por una tarde casi mágica de teatro, circo y trenes.

3 comentarios:

  1. Otra linda historia...

    Hay tantas cosas buenas que se han dejado perder en mi Colombia del alma...

    ¡Gracias!

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    1. Cierto! pero también como algunas cosas se pueden salvar gracias a la tenacidad de algunas personas sobresalientes!

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  2. Genial esta crónica de tu invitado especial. Por cierto el desarrollo de la infraestructura de este país se ha atrasado décadas por dejar perder las vías férreas, la Estación de la Sabana es uno de esos sitios que muestran el fracaso de un proyecto de nación y territorio más integrado En mi infancia alcancé a ir hasta Santa Marta en tren..de eso quedan rieles y máquinas abandonadas..! Marcela Salazar P.

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