viernes, 12 de diciembre de 2014

¿20 torres de vivienda en pleno Central Park? Solo en Bogotá....


Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
¿Se imaginan que una empresa privada estuviera metiendo maquinaría para construir 20 torres en pleno Central Park? Pues eso es exactamente lo que está sucediendo en Bogotá ahora mismo. Una inmobiliaria pretende iniciar estos días la construcción de una mega urbanización, con un total de 20 torres de viviendas de súper lujo (16 torres según otras fuentes) en plenos Cerros Orientales, el mayor tesoro ecológico de Bogotá. El proyecto tiene el nombre de Cerro Verde, demostrando un sentido del humor realmente macabro por parte de sus impulsores.

¿Y como es posible semejante barbarie? Al igual que hemos visto tantas veces, tras un bizantino laberinto legal han aparecido unas supuestas licencias, otorgadas hace décadas. Probablemente haga falta un batallón de expertos legales para dilucidar el valor de las licencias después del tiempo transcurrido, la legislación aprobada desde entonces, y los distintos pronunciamientos judiciales al respecto. En todo caso, eso no es lo importante. Lo importante que la construcción de 20 torres de viviendas en medio de nuestro Central Park no puede seguir adelante. Supondría un daño irreparable a la capital de Colombia, y un bochorno internacional para una ciudad que justo en estos momentos está alcanzando notoriedad y buena reputación a nivel mundial.
Arco iris sobre los Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Jorge Bela
Lamentablemente, ni la Alcaldía, ni la Presidencia de la República parecen dispuestos a mover un dedo por defender uno de los patrimonios mas valiosos de Bogotá. Ha tenido que ser un colectivo de amantes de los cerros, los Amigos de la Montaña, quien diera la voz de alarma, y quienes están llevando la bandera de la lucha. Para vergüenza de las autoridades, han sido dos vecinas del lugar las únicas que se han molestado en pedir a los operarios de la maquinaría pesada, que ya se adentraba en el bosque, las licencias correspondientes. No las tenían. Estas vecinas consiguieron, con su insistencia, que las máquinas detuvieran su avance. Me quito el sombrero ante estos ciudadanos particulares, y a la lección de civilidad y amor por Bogotá que han dado a los todopoderosos gobernantes.

Desde aquí no pido que se incumpla la legalidad. Si al final del tortuoso proceso jurídico se demuestra que la licencia es válida, tendrán que ser compensados de alguna manera, quizá con licencias en otros puntos de la ciudad en los que sus lujosas torres no causen un daño irreparable a la capital de Colombia. Lo que es impensable es que se lleve a cabo la construcción de esas moles en los Cerros Orientales.

Ojalá las autoridades dejen la comodidad de sus respectivos palacios y se involucren en este proceso, cuando menos ayudando en la búsqueda de una solución legal, legítima y respetuosa con los Cerros. Pero si no lo hacen, espero que estemos ante un nuevo caso de David frente a Goliat. Que el pequeño grupo de ciudadanos organizado en torno a Amigos de la Montaña, y de los vecinos de la zona logren detener este acto de barbarie ecológica y urbana. Demostremos que realmente amamos a Bogotá y a Colombia, y apoyémosles de la mejor manera que podamos en su lucha. Si no lo hacemos, veremos como se alzan sobre Central Park 20 horribles torres. ¿Es eso lo que queremos?

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