martes, 4 de septiembre de 2012

Párenle bolas a Bocas de Ceniza, el lugar donde desemboca el Magdalena

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Samuel Palacio, en el Tajamar. Al fondo, Barranquilla. Foto: Jorge Bela
El viernes estuve en Barranquilla. Con solo ocho horas por delante, tuve que escoger muy cuidadosamente qué visitar, pero una cosa tenía clara: quería ver la desembocadura del gran río Magdalena, la principal arteria de Colombia (aunque no sea el río más largo, ni el más caudaloso del país, si se puede decir que es el más importante, por su relevancia histórica, y porque en su cuenca vive el 80% de la población). Desde el centro, un taxi cobra 15.000 pesos hasta Bocas de Ceniza, nombre que recibe la desembocadura del río, pero mejor negociar con el taxista una tarifa por horas, que nos permita explorar sin agobios un lugar tan singular.


Río Magdalena serpenteando sin prisa alguna. Foto: Jorge Bela
A finales del siglo XIX se construyó el muelle en Puerto Colombia, que pasó a convertirse en la principal terminal marítima de Barranquilla. Sin embargo, desde comienzos del siglo pasado, las autoridades barranquilleras impulsaron una monumental obra de ingeniería: la construcción de dos tajamares en Bocas de Ceniza. Los tajamares al canalizar el río conseguirían que la fuerza de la corriente limpiara de forma natural los sedimentos, y permitirían la construcción de un puerto marítimo y fluvial en Barranquilla. La primera guerra mundial y la crisis del 29 interrumpieron el proyecto, que finalmente se inauguró en 1.936. Los tajamares cumplieron en parte su cometido, permitiendo que Barranquilla recuperara su importancia como puerto marítimo y fluvial, pero el río todavía debe ser dragado periódicamente.
Últimos metros del Tajamar que separa el Magdalena del Mar Caribe
Una vez que el taxi abandona el centro de la ciudad, atravesamos una zona industrial. Las fábricas jalonan el margen oriental del Magdalena, y constituyen un lugar obvio de expansión urbana una vez que cumplan su cometido económico. El taxista me mostró un lote en el que se van a construir cuatro torres un un centro de convenciones. "Aquí había una fábrica de vidrio." me dijo, "pero no pudo sobrevivir a los elevados impuestos y se marcharon a otro lugar."

Nos desviamos de la autopista y entramos en el pueblo de Bocas de Ceniza: ahora son los restaurantes de pescado los que bordean la carretera. Finalmente llegamos a una pequeña estación donde esperan los trenecitos que llevan hasta el final del tajamar. Estoy yo solo, y me indican que los trenes solo salen cuando hay grupos de al menos cuatro personas. La espera es incierta, pero me ofrecen una solución alternativa: Samuel, el sobrino del propietario de los trenes, me puede llevar en moto, o incluso me prestan una moto para que me vaya yo solo, y todo por el mismo precio. No me atreví a aventurarme por mi cuenta, y me decidí a ir con Samuel.
El Río Magdalena, con el puerto en su costado occidental, y Barranquilla al fondo. Foto: Jorge Bela
El calor en Barranquilla puede ser brutal, pero en el tajamar corre una fuerte brisa. Avanzamos sin casco, como en los buenos tiempos, y con un gran traqueteo, pues en muchos tramos no queda otro remedio que ir sobre las traviesas del tren. El lugar es espectacular: a la izquierda el mar caribe, con olas considerables, y a la derecha el inmenso río encauzado, de color marrón y arrastrando vegetación con una velocidad que da idea de la fuerza de las corrientes. Samuel me dice que es demasiado peligroso para bañarse. Entonces, le pregunto, ¿tu nunca te has bañado? a lo que me responde rápidamente que ellos se bañan todo el rato, que somos los turistas los que no debemos intentarlo. No lo pongo en duda.

Seguimos avanzando (son 8 kilómetros), y Samuel me explica que los trenes se hicieron para dar servicio al tajamar durante su construcción y posteriormente para su mantenimiento. Ahora cumplen una importante función turística. Cuando ya regresábamos, nos cruzamos con uno de los trenecitos que se dirigía a la punta. Los fines de semana, añade, viene a la zona muchísima gente de Baranquilla y de todos los lugares de la costa. El Caribe colombiano está a salvo de los huracanes, pero me dijo que sintieron con fuerza los efectos del lejano Katrina, y que las olas saltaban con facilidad sobre las rocas. 

Bocas de Ceniza es un lugar espectacular. Nadie que visite Barranquilla debería perdérselo. Párenle bolas (préstenle atención, en expresión colombiana), realmente vale la pena. Yo espero poder regresar algún día.






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5 comentarios:

  1. ¡Impresionante!

    Con la narración del viaje ya me había hecho una idea en la cabeza, pero el video da ese toque final completamente necesario para sentir unas ganas inmensas de conocer el lugar.

    Espero poderlo hacer algún día.

    Gracias Jorge, por mostrar otro rincón tan especial de mi Colombia del alma.

    Un saludo ;)

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  2. Excelente aporta para quienes tenemos deseos de visitar ese espectacular lugar de nuestra amada Colombia.
    Sin duda alguna, y con un buen "empujón" de tu parte, lo visitare pronto.
    Gracias por tu relato.

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    1. Muchas gracias por el comentario, Camilo. El lugar no te decepcionará.

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    2. buena obra en el puerto de barranquilla parece un dique ?

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  3. Bueno, hoy domingo 20 de abril de 2014 voy para allá. Veremos qué tal me va. Saludos!

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