jueves, 13 de diciembre de 2012

Ruta del Vallenato: ¡la música!

Estudiantes de la Escuela de El Turco, Valledupar.Ruta del Vallenato. Cesar.
Estudiantes de la Escuela de El Turco, Valledupar. Foto: Jorge Bela Kindelán

“Con mucho gusto y a mucho honor, Yo soy del centro de la Guajira” dice el verso central de mi vallenato favorito: “El cantor de Fonseca",  y refleja perfectamente el orgullo que los guajiros y cesarenses sienten tanto por su tierra como por su música. Y no se puede exagerar, como supimos nada más subirnos a nuestra “burjbuja” (nombre que reciben las camionetas por esas tierras) en el aeropuerto de Riohacha: Mingo, nuestro conductor, puso en marcha su MP3 y comenzó un festival que no terminó hasta que finalmente nos bajamos de la burbuja en el aeropuerto de Valledupar.  Mingo conocía todos los cantantes, acordeonistas y compositores dignos de mención, y no se andaba con chiquitas distinguiendo entre los buenos y los malos. Su favorito, el gran Diómedes Díaz, también conocido como El Cacique de la Junta. Tanto le gusta que una vez estuvo tres días seguidos sin salir de casa, casi sin dormir ni comer, hasta que logró escuchar todos los vallenatos jamás grabados por la estrella guajira.


Una excelente interpretación de El Cantor de Fonseca,¡en Fonseca!.Ruta del Vallenato. La Guajira.
Una excelente interpretación de El Cantor de Fonseca,¡en Fonseca!. Foto: Jorge Bela Kindelán
Son muchos los misterios que rodean al origen del vallenato, empezando por su nombre, cuyo verdadero significado nadie puede afirmar con certeza. También es enigmático su patriarca, una figura parcialmente real y parcialmente legendaria: Juan el Hombre, de quien se dice que logró derrotar al mismísimo demonio, tocando la más hermosa melodía jamás escuchada, y dando nacimiento a todo un género musical.  Sobre su origen también hay un cierto pique entre guajiros y cesarenses, pues Valledupar, en el vecino César, se ha hecho con la fama, mientras que ellos sostienen que nació en La Guajira, y que de allá vienen los mejores músicos y compositores. Lo cierto es que la zona de la Ruta del Vallenato antiguamente formaba parte de la misma unidad territorial, hasta que a mediados de los años 60 se crearon La Guajira y el Cesar, dividiendo administrativamente un territorio que tiene una cultura común. En todo caso, el vallenato se  ha convertido en todo un símbolo, no solo de la región, sino de toda Colombia, pues sus instrumentos reflejan los principales orígenes de los colombianos: la guacharaca el indígena, la caja el africano y el acordeón el europeo.



Las mujeres se incorporan al Vallenato. Urumita, La Guajira.
Las mujeres se incorporan al Vallenato. Urumita, La Guajira.
En nuestro viaje la presencia del vallenato fue constante. Mingo, en la burbuja, nos daba lecciones magistrales, con una erudición y una pasión insólitas. El primer día visitamos una escuela de vallenato en Riohacha, donde los alumnos nos dieron un primer contacto con la música en vivo. El segundo día nos adentramos en los dominios del gran Diómedes (a quien Mingo conoció personalmente en una ocasión): La Junta. Allí visitamos la casa con la Ventana Marroncita, que nos mostró su cuñado. También visitamos el lugar en el que nació y la casa que ha construido a su simpatiquísima tía Gachis, que verseó para nosotros. En el almuerzo en El Silencio, en Fonseca asistimos a una excelente representación de, como no podría ser de otra forma, El Cantor de Fonseca. En Urumita comprobamos que las mujeres se están incorporando poco a poco a este mundo que anteriormente estaba reservado a los varones. Imposible resistirse, a esas alturas ya estábamos completamente rendidos al inacabable torrente del vallenato.

Guacharaca, de origen indígena.Valledupar, Cesar
Guacharaca, de origen indígena. Foto: Jorge Bela Kindelán

Cuando llegamos a Velledupar, en nuestro último día, ya sabíamos que el precursor del vallenato son las canciones de vaquería que cantaban en su trabajo los jornaleros; que la flauta original se vio rápidamente sustituida por el acordeón una vez que éste hizo su aparición a través del puerto de Riohacha (el 80% de las ventas de Hohner, principal fabricante del instrumento, se realizan en Colombia), aunque en ocasiones también se utiliza la guitarra; que cada vez es más frecuente la presencia de un cantante, (antes tradicionalmente el acordeonista cumplía también esa función); que tiene cuatro sones: el paseo, el son, el merengue y la puya, por orden de velocidad (la puya es tan rápida que pone a prueba el virtuosismo de los mejores acordeonistas, y no se canta, se suele usar en los piques, o competiciones uno a uno); y así muchas cosas que nos abrieron los ojos ante un mundo realmente singular.
Joven acordeonista en Riohacha. Ruta del Vallenato. La Guajira
Joven acordeonista en Riohacha. Foto: Jorge Bela
En Valledupar visitamos la increíble escuela de El Turco, pero este post ya está quedando demasiado largo, y dejo la crónica para otro día.

El gran Mingo con el cuñado de Diómedes, frente a la Ventana Marroncita. La Junta.
En gran Mingo con el cuñado de Diómedes. Foto:Jorge Bela
Mi agradecimiento a FONTUR por invitarme a participar en el fam-trip en el que está basada esta entrada.

1 comentario:

  1. quiero conocer a patricia acosta, Jamas he visto una foto de ella y mucho menos por television.
    mi correo es comercial@festivalfpc.com

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