jueves, 21 de junio de 2012

Por mi barrio: una ciudad de árboles


En Bogotá hay un considerable déficit de árboles: según leo en el periódico de hoy, habría que plantar 1.400.000 para alcanzar el estándar internacional de un árbol por cada tres habitantes. Sin embargo, nadie lo diría paseando por mi barrio: aquí hay árboles por todas partes, tanto en los jardines de las viviendas como en los espacios públicos, como el Parque del Virrey. Mi vecino, sin ir más lejos, tiene un hermoso yarumo junto a su puerta.

Yarumo en Bogotá. Foto: Jorge Bela
Yarumo en Bogotá. Foto: Jorge Bela
Tan solo en las calles 92 y 94 hay cerca de 800 árboles, sobre todo urapanes y robles, algunos verdaderamente inmensos. Otro de mis vecinos tiene un árbol tan grande que ha sentido la necesidad de poner un pararrayos en su copa (algo que solo había visto en las sequoias de la Granja). Hay multitud de árboles cuya especie no soy capaz de identificar, pero he encontrado la referencia de una guía de árboles de Bogotá. En cuanto pueda comprarla publicaré una actualización a este post con una lista más completa de los árboles de mi barrio.

Robles y urapanes en la calle 92. Foto: Jorge Bela
Robles y urapanes en la calle 92. Foto: Jorge Bela
Los Cerros Orientales están repoblados con eucaliptus, y cuando las condiciones son propicias su olor llega hasta mi casa.
Cerros orientales: eucaliptos al amanecer. Foto: Jorge Bela
Cerros orientales: eucaliptos al amanecer. Foto: Jorge Bela
El mantenimiento de árboles tan grandes en una ciudad es muy complicado. Los urapanes estuvieron a punto de desaparecer en los años 90 debido a una plaga. Aún hoy es frecuente ver árboles que están recibiendo un tratamiento para prevenir el ataque de los insectos. El ayuntamiento se está tomando el asunto en serio, y todos los árboles están inventariados y marcados con una etiqueta. 
Calle 94. Foto: Jorge Bela
Calle 94. Foto: Jorge Bela
Las amenazas son, sin embargo, considerables. Para empezar, las viviendas unifamiliares están desapareciendo para dar paso a torres de pisos. Los nuevos vecinos no están muy contentos con que los árboles les tapen la luz y las vistas. También hay quien alega que los viejos árboles son un peligro, y deben ser sustituidos por especies más pequeñas. Ojalá no se salgan con la suya, y este barrio siga siendo un ejemplo de lo que podrían ser los barrios más inhóspitos de Bogotá, tan solo si se llenaran sus aceras de árboles…

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