viernes, 13 de junio de 2014

Soñando con el futuro en Medellín


Terminal Olaya Herrera. Foto: Jorge Bela
La Edad de Oro – así, con mayúsculas- - en la que los humanos vivían felices y pacíficos, entre las encinas, alimentándose de bellotas y ajenos a la corrupción y los males de la civilización, probablemente nunca existió. Se trata de un sueño, una creación fruto de la eterna añoranza de tiempos mejores que es propia de nuestra especie. Pero esta añoranza no se proyecta siempre hacia el pasado: en ocasiones, lo hace hacia el futuro. Algo así sucedió a mediados del siglo pasado, cuando los prodigiosos avances tecnológicos, al alcance de un número cada vez mayor de personas, nos hacían pensar que todo era posible. El futuro estaba cargado de promesas, la arcadia de los clásicos nos aguardaba a la vuelta de la esquina, y no teníamos más que esperar un poco para alcanzarla.

Ningún otro ámbito ofrecía mas promesa entonces que la aviación aérea. Los reactores ofrecían no solo un medio de transporte que se tragaba océanos y continentes con comodidad y rapidez, sino que en sí mismo se constituían como un objeto deseable, una experiencia de la que se deseaba intensamente formar parte. Las terminales aéreas que se construyeron durante esos años reflejaban también este espíritu. La arquitectura moderna, que por su cuenta  también afirmaba ser la solución a muchos problemas de la humanidad, prestó gustosa el lenguaje necesario para expresar los sueños, las promesas de futuro que encarnaban los grandes aviones transoceánicos. Así surgieron terminales con nombres tan sugerentes como el famoso World Port de Pan Am, un edificio circular que enlazaba Nueva York con el resto del globo. Quizá el más influyente de estos edificios sea la terminal de TWA de Saarinen en Nueva York, inaugurado en 1962, y que con su representación de un águila tomando tierra, las curvas imposibles de su interior, y los túneles que conducen hacia los aviones ha despertado la imaginación de los viajeros desde entonces.

Terminal TWA. Foto: James Vaughan
En Colombia hay un magnífico ejemplo de este tipo de edificios. Se trata la  terminal del aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, obra de los arquitectos Apolinar Restrepo, Alfonso Vieira y Elías y Jaime Zapata. Fue construida en 1958, y sin duda habla el mismo lenguaje que la obra maestra de Saarinen, de la que es prácticamente coetánea. En esos tiempos estaba en plena efervescencia la arquitectura moderna brasileña, de gran influencia en toda la región. Es, en todo caso, una joya, que ha merecido repetidamente estar considerada entre los mejores ejemplos de arquitectura en Colombia.

Terminal Olaya Herrera, Medellín. Foto: Jorge Bela

Por supuesto, la Arcadia prometida por los aeropuertos vanguardistas nunca llegó. El Olaya Herrera ha dejado de ser el principal aeropuerto de Medellín, papel que ahora juega el ubicado en Rionegro, y en el que los pasajeros sufrimos las incontables incomodidades del transporte aéreo actual. Sin embargo la antigua terminal sigue en pié, en pleno centro de la ciudad, dando servicio a algunos vuelos regionales. Aunque no la utilicemos en nuestras llegadas o salidas, es una pequeña obra maestra que vale la pena visitar. No está en los circuitos turísticos convencionales, pero para los amantes de los sueños, y para todos los que añoran un futuro mejor, supone una parada obligada en el recorrido por la capital de Antioquia.

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